En un mundo tan extravagante como el boxworld, no es raro encontrar gente peculiar, pero el caso de Jorge es, por mucho, digno de estudio. Un análisis demostró que sus milicóndrias friki sobrepasan la escala promedio por cerca de un millón, por lo que es catalogado como una anomalía cuasi radioactiva, clasificado por los libros de ciencia de la dimensión otaku bajo el nombre de Friki-San.
Jorge no duerme desde hace tres días, se ha pegado una maratónica de Warcraft, intercalada con una sesión de alabanza al hentai cada seis horas (rezando a sus doujinshi mirando en dirección a Akihabara); para culminar leyendo la santa Biblia del comic moderno (o sea, The Watchmen)mientras llora nuevamente cuando Roscharch dice “And I’ll whisper NO”.
De pronto, el calendario de Saint Seiya le recuerda a Jorge que es lunes y debe ir a trabajar al NormalWorld (un mundo tan genérico que hasta Hito-San sería considerado “peculiar” en él); mira su reloj de Full Metal Alchemist, gritando “ghuy'cha' ” en perfecto(y muy lisuriento) Klingon al darse cuenta de lo tarde que es.
Y mientras en el Boxworld Friki-san lucha para acomodarse el traje-inhibidor-de-milicondrias-otaku/Portal-al-normalworld que los científicos le dieron para controlar un poco su poder (luego de varios otros experimentos fallidos); En el Normalworld, un muchacho con raras capacidades está soñando con el mar.
José no es como los demás, eso lo sabe bien; le interesan demasiadas cosas y todo en el mundo le parece fascinante; su mente viaja por lugares fantásticos, creados por su propia imaginación, a los cuales nadie más podría acceder; a pesar de sus ya 20 años, aún mantiene su alma de niño y desea secretamente conseguir un barco pirata para irse a navegar. Ese modo de vida (tan común en la dimensión otaku), hace pensar a la gente del aburrido Normalworld que a “Chokobo” (que es como José prefiere ser llamado) le falta mucho por madurar.
El día comienza para Chokobo a las 10.30 “de la madrugada”; luchando por pasar en medio del océano de latas de fanta, botellas de Tampico rojo y frascos de Sobe-Vida que se desbordan de su cuarto. Apura un par de panes que dejaron en la cocina y luego se prepara para ir a la universidad.
El microbús avanza lento por las calles de una gris Lima, mientras, en la radio, un hombre capaz de hacer que los cerros bajen, canta rogándole al viento que vuelva a ser como ayer. Chokobo mira hacia la ventana, distraído, pensando que la pista es un negro mar y el bus su barco pirata con el que conquista islas lejanas; sueña encontrar cofres de tesoro llenos de sabores de Fanta que el hombre no ha probado jamás; se ve como el gran capitán que derrota a sus enemigos en duelos de Dance Dance Revolution y Pump It Up en modo Nightmare. Pero el cobrador del carro lo saca de ese mundo de deseos, cuando le pide por enésima vez pagar su boleto.
Friki-San se pela de frío en el paradero, tuvo que llamar a su trabajo, avisando que no podría llegar en punto porque su madre se volvió a morir. Observa la calle, esperando a la P-1 para que lo lleve al estudio contable, pero se da cuenta de que algo en el ambiente anda mal. Casi en cámara lenta, su cabeza gira, siguiendo con la mirada a un ómnibus que pone en alto volumen una de Chacalón. Como si fuera una máquina detecta que en ese carro existe un ser con un poder friki casi tan fuerte como el suyo. – El frikismo es fuerte en él – Dice, mirando fijamente al dueño de esa energía otaku (que discute un poco con el cobrador) y reconociendo en Chokobo a su igual.
Un rápido reconocimiento de Stats le revela a Friki todo lo que necesita saber. El muchacho que acaba de pasar en el bus es realmente poderoso y sabe que con la guía adecuada, su potencial se puede explotar. No se molesta en perseguirlo, está seguro que, si realmente es tan otaku como piensa, sabe dónde lo hallará. Una sonrisa de satisfacción se dibuja en el rostro de Jorge, mientras la P-1 aparece en la esquina de la cuadra y el levanta el brazo para que se detenga y lo lleve a trabajar.
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FRIKI-SAN!
Nombre: Friki-san
Objetivo: Hacer al mundo un poco más friki, ser más friki que los demás
Obstáculo interno: Lo contradictorio de sus aspiraciones lo lleva a sabotearse a veces
Naturaleza: El mundo puede ser más friki, pero nunca tanto como yo!
Conducta: Chonguero y excentrico
Friki-San es casi tan competitivo como Kaipaku, aunque sólo se limite a lo friki; si bien por un lado desea que todos sean un poco más otaku, por el otro envidia a quellos que saben más q él y trata de derrotarlos informándose más o haciendo q se informen menos. Al ser el mayor de todos, suele sentirse viejo (aunque secretamente disfrute presumiendo su edad, ya q nadie le gana en eso). Atentando contra toda lógica, suele pasarse horas en Internet sin mirar porno, sólo leyendo frikadas en wikipedia y diversos foros. Es uno de los dueños de la tienda otaku del Boxworld.
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