lunes, 23 de mayo de 2011

No se puede vivir del Shoujo (3ra parte)

17 de Agosto, Guzana y Chokobo se quedaron descansando en la exageradamente amplia habitación que Friki les reservó en el exageradamente caro hotel al que fueron a parar. La semana que pasaron fue un non-stop de paseos turísticos, visitas al Louvre (con todo y Friki, haciendo pasar vergüenza ajena, tratando de encontrar el código Konami en la sonrisa de la Mona Lisa) y paseos bohemios por las calles de ese París que ahora era tan suyo como el amor que se volvían a sentir.

Cansados como estaban, recostados el uno junto al otro en su gigantesca cama redonda, Guzana atinó a arrastrarse un poco para tocar el rostro de Chokobo. El correspondió la caricia, entrelazando sus dedos a los de ella y besando la delicada mano de la “radar de emociones”. Ella acercó sus labios para besar a su novio, él no la rechazó. La libido creció entre ellos y los besos fueron cada vez más intensos; caricias, manos deslizándose a través de las espaldas, dedos que deseaban explorar nuevos horizontes y…

“Toc” “Toc”.

El portador del Macho latino quiso ignorar la llamada, pero fue la chica del mechón sólido la que se puso nerviosa.

- Contesta – Le pidió a su enamorado
- No, ya se irán – Respondió él, aún abrazado a ella
- ¿Y si es algo importante, así?
- Vamos, ¿qué puede ser?
- Marianne, “broer”, ¿o ya lo olvidaste? – Guzana se separó un poco de su chico
- “Broer”… - Dijo el avatar del shounen, fastidiado

Chokobo se paró, bastante más frío que hace sólo unos instantes; odiaba que su chica lo llamase así, aunque no sabía porqué. Guzana había captado eso hace mucho y lo usaba como arma secreta para enfriar hasta el momento más hot.

El portador del macho latino miró por el “ojo de pescado” de la puerta, pero sólo vio un papel rojizo, tapándole la visión. Curioso, abrió la puerta y lo primero que vio fue a Friki, extendiéndole un par de tickets y diciendo, muy animado “¡HOY HABRA TEATRO!”.

Muy dentro suyo, un sexualmente frustrado Chokobo le mentó la madre al pobre ex clon.


Friki llevó, muy contento, a la parejita hacia el teatro, hablando todo el camino de lo increíble que era el sitio al que irían, su valor histórico y la vista privilegiada del balcón que les reservó. Lo que no dijo fue que prácticamente le robó las entradas a la persona que originalmente las había reservado, pagándole demás al de las entradas e ignorando las quejas del hombre que, con justa razón, reclamaba, más que su dinero, su sitio. Pero al otaku, en ese momento, no le importó; quería que sus amigos pasaran una velada inolvidable y ese fin justificaba cualquier medio a usar.

Así fue que el hombre estafado no pudo tener la cita romántica que tanto le había prometido a su enamorada; una chica que, influida por Marianne, había llegado a la conclusión de que si su novio le fallaba una vez más, no le quedaría más que decirle adiós.

Y eso fue exactamente lo que pasó.

Chokobo y Guzana se quedaron impresionados con la belleza del teatro. Tan solo la fachada evocaba bohemia y romance, algo perfecto para ellos dos. Friki, que ya estaba a punto de irse, decidió acompañar un rato al portador del Macho Latino, mientras este esperaba a que su enamorada saliese del baño. Los dos amigos conversaron de la tienda, de Guzana, de los planes luego del regreso a Lima-3, de Guzana, de lo hermoso que era el teatro, de Guzana, del clima, de Guzana, de Guzana, de Guzana y por todos los cielos, ya pasaron 15 minutos, el público estaba entrando a ver el espectáculo y ni rastro de la muchacha ¿Qué tanto se podría demorar en el baño? ¿No le habrá pasado algo? Chokobo ya estaba en plan paranoico y tenía toda la intención de buscarla, pero Friki lo tranquilizó, restándole importancia al asunto y diciéndole al normalworldiano que no se moleste, que vaya al balcón mientras él la buscaba, así que Chokobo, a regañadientes, se calmó.

Friki esperó a que su amigo se perdiese de vista, asegurándose de que entre a ver el espectáculo y se fue corriendo al baño de mujeres, sabiendo perfectamente lo que encontraría ahí.

La chica del sólido mechón estaba en un rincón, llorando en silencio y con trazas de energía negro-morada a su alrededor. El ex clon se acercó a abrazarla, preguntándole qué pasó. Guzana lo miró a los ojos y entre lágrimas le susurró: “Lo siento, no pude evitarlo… Estoy triste, así, alucina y eso se siente tan… tan… tan rico”. Friki no pareció sorprendido demás, porque desde hacía poco tiempo, él le guardaba un secreto…

Guzana es adicta a la tristeza.

Este capítulo:

No hay comentarios:

Publicar un comentario