Casi dos meses han pasado desde que Friki (olvidando toda su devoción a la tacañería pura y dura) llevó, casi a la improvisada, a los dos tortolitos del Boxworld, en un viaje para recordarles su gran amor. Es así como vemos a Chokobo y Guzana bajando del avión, agarraditos de la mano y completamente felices. Friki y Midori bajan detrás de ellos (el otaku pago extra para que dieran un asiento a la mascota), más tranquilos y sabiendo que todo lo que se gastó en cenas, hoteles, reservaciones teatrales y demás ha dado el fruto esperado.
Pero de nada sirve huir del destino en avión, cuando la casualidad y la tragedia han decidido subir a uno en su autobús. Así que la parejita no da dos pasos lejos de la puerta de salida, cuando Midori empieza a gruñir. Todos se detienen para ver qué le pasa, sólo para descubrir que, cuando alzan la mirada, la voluptuosa figura de Shoujo está frente a ellos, con esa sonrisa tan suya que sólo significa problemas y una mano levantada, cuyos finos dedos forma una “V”.
- ¿Qué pasa, Maguián? ¿Tienes que hacer del dos? – Dice Friki y la parejita ríe
- A veces eres tan vulgar, Frikito – Responde la forma humana del Shoujo, con una mirada que podría rajar (y de hecho lo hace) el piso del aeropuerto – Segunda pregunta, mes amis
- No nos interesa tu jueguito – Responden los dos de inmediato, mientras se alejan
- Vaya, parece que mi Frikito les enseñó nuevos trucos, ja, ja, ja – Shoujo luce cada vez más maliciosa, sonriendo con sorna – Pero vamos, es fácil ¿Se mienten el uno al otro?
La parejita se detiene en seco y grita “NO”.
El silencio que sigue a ese grito parece eterno, como si el mundo se hubiese paralizado para todos los presentes en la escena y es que es demasiado evidente para cualquiera: Ambos están mintiendo.
Shoujo por un momento luce triste, pero de inmediato afila los ojos nuevamente y acerca sus labios al oído de Friki para susurrar: “Gracias por la ayuda, amorcito, realmente me la dejaste fácil esta vez”. Luego de eso, muerde delicadamente la oreja del otaku y se va.
Es el 30 de Septiembre, en sólo 4 días, Chokobo y Guzana rompen.
No se puede vivir del shoujo
Friki está parado en el aeropuerto, mirando cómo Guzana y Chokobo se alejan, cada uno por su lado y se queda solo, con la sensación de que todo lo que hizo para unir a sus amigos no fue más que un castillo de arena que ahora se deshace en sus dedos.
Es entonces que la agitada figura de Hito aparece, corriendo desde no se sabe dónde y le dice a su ex clon – ¡Frikiiiiiiii! ¿Dónde te habías metido? ¡Shoujo te quiere engañar!
Como cortesía de la gente del GRANO, un par de cosas a saber antes de continuar el relato (datos que el extra no ha dudado en contar a su ex clon, copropietario de la tiendita otaku); una emergencia forzó a Mark y Okami a desaparecer del mapa, así que ya no cuentan con ningún contacto en la agencia de inteligencia (es por eso que nadie pudo encontrar a Friki para avisarle todo lo que la gente averiguó). Aún así, la gente no perdió tiempo y, entendiendo la emergencia, durante los 51 días que Guzana, Chokobo y friki desaparecieron, la mancha ha estado buscando y rastreando toda la información posible sobre el ritual que Shoujo y sobre lo que pasó entre el ex comandante Alec y su “Midori” y sobre las otras 69 parejas que, según el informe de la agencia, Marianne arruinó.
Aquí sería bueno decir que, al escuchar todo esto, Friki se pone tan pálido que casi parece un boceto en papel bond; primero por saber que la agencia no podrá protegerlo, luego por enterarse que fue su ex quien influyó en Alec y por último, porque si bien Marianne arruinó 70 parejas hasta el momento del informe, Friki (que de pronto entiende todo) se da cuenta de que en el viaje romántico que les regaló a sus amigos, Shoujo logró quebrar otras 3.
Y el otaku sabe que todo eso lo logró gracias a él.
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