jueves, 24 de marzo de 2011

Triste canción shoujo (Primera parte)

Incluso en el cúbico mundo de la dimensión otaku, hay momentos en los que no todo es alegría; son esos los instantes en los que nosotros, los del GR.A.N.O, lamentamos no poder intervenir en la vida de aquellos sobre quienes narramos, como es el caso de Guzana y Chokobo.

Está por demás describir que ambos se encuentran viajando, uno al lado del otro, en el bus, mirando hacia el suelo, en silencio. Es inútil saber que ella intenta no temblar, mientras él se traga las lágrimas. De nada sirve acotar que, a pesar de todo, tienen miedo de llegar a su paradero y decirse “Adios”.

Porque ambos decidieron romper.

Triste canción shoujo

En el plano metafórico del Boxworld, la vida de las personas es una calle recta por la que pasa el único bus de la línea de transporte “Destino”, al que millones de personas esperan, pero que no todos pueden alcanzar. Este transporte es conducido por el Sr. Casualidad Gonzáles, acompañado por el siempre servicial cobrador, Tragedia Manchuria; fuerzas de la naturaleza dedicadas a su trabajo, tiempo completo.

Cualquiera que avance por la calle, en dirección contraria a la del bus, vería el pasado de la gente y, en un momento dado, se daría cuenta que ya no es el cuatro de octubre, ni son las dos de la tarde; sino que el espacio-tiempo afirma que hoy es el ocho de agosto, a las siete de la noche y que Chokobo y Guzana celebran su primer año juntos, con una cena sobrevaluada en un restaurante caro de Lima-3.

La caminata por la ciudad, la confidencia de la noche. Besos y abrazos que llevan a pensamientos no tan inocentes, pero no por ello menos puros. La privacidad del cuarto de un hotel de lujo, las caricias impropias, la intimidad que comparten y la calma que sigue a la pasión. Guzana, aferrada a su novio, escucha cómo Chokobo planea (lo que de aquí a unos años) van a hacer en su boda, con ella y él cosplayados de zombies, mientras Friki canta “Thriller” como parte de la “Marcha nupcial”; Midori, la perrita que encontraron el año pasado, traerá los anillos y la Hito-audiencia va a celebrar lanzando cerebros de gelatina (en vez del tradicional arroz) a los novios. A la chica del mechón sólido, esta idea no le gusta, pero prefiere no hacerse líos y disfrutar de su novio, en total silencio, acurrucándose a él.

El bus del destino repite su ruta, como para recoger a aquellos que no pudo llevar la vez anterior; es así como lo tenemos de nuevo en este espacio temporal, subiendo pasajeros para llevarlos a su paradero y bajando a aquellos a los que ya sirvió. Entre estos últimos, una mujer de ojos verdes, piel canela y cuerpo un poco más ancho de lo normal (algo que, en mi humilde opinión, no le resta nada a su belleza natural) desciende, grácil y delicada, a la acera. Ella es la única que se despide de Manchuria, el cobrador, sonriéndole tranquila y dándole un guiño cómplice, a la vez que seductor. Esta mujer se llama Marianne y es la forma humana del Shoujo.

Amanece el nueve de agosto, el portador del macho latino se levanta más temprano de lo usual, sólo para ver a su chica durmiendo, pero para su sorpresa, Guzana también ha pensado lo mismo y ambos abren los ojos a la vez.

Sonríen, toman desayuno, se visten, se van. Caminan de regreso a sus vidas, la velada romántica ya terminó. De pronto, Guzana, en medio de la calle, comienza a lagrimear. Chokobo intenta fingir que no se ha dado cuenta de eso y se pone tan nervioso, que la radar de emociones lo detecta de inmediato, es entonces que se seca las lágrimas y hace como que no pasó nada, da un salto para abrazar a su chico y sonríe tiernamente.

Chokobo, olvidando de inmediato lo que pasó, tiene una sobredosis de Moe al ver cómo su chica ríe y no puede evitar llenarla de besos.

- Ya, José, ja, ja, ja – Guzana trata de despegarse de su meloso chico – Bueno, vamos rápido que debo cobrar mis neopuntos de hoy – La chica se ha vuelto adicta al Neopets – ¿me prestas tu compu?
- Si, no hay pro… Aich… No puedo, verdad que se me maleó la placa ayer… – Chokobo se nota algo inquieto – Pero podemos pedirle la máquina a Friki…

Guzana vuelve a sonreír, aunque esta vez tiene un ligero gesto forzado que su novio no nota. La radar de emociones acaba de detectar algo. Cree que su novio miente, pero son sólo sospechas tontas, así que no tendría por qué importarle tanto, al menos de eso se trata de convencer.

Ambos esperan en el paradero de carros (Chokobo gastó casi todo su dinero en la cena y el hotel), somnolientos, pero felices, cuando una voz familiar saluda a Guzana.

- Awww, que lindos se ven juntos – Dice la mujer, cerca de ellos y, sin necesidad de presentarse, ambos saben quién es
- Hola Marianne – Responde Guzana – Hace tiempo que no te veía
- Lo sé – Responde Shoujo – Por eso vine a visitarte, Avatarcito… Y no sólo eso, he venido a jugar


Friki está parado, mirando unas radiografías en el despacho de Okami, con el rostro desencajado. El Dr. Moetaku también las examina, con gesto adusto y la calma del científico que ha visto miles de cosas en su vida.

- Debo hacer un par de llamadas – Dice finalmente el doctor
- No – Responde Friki, seco – Esto es nada
- O puede ser todo – Moetaku usa una voz ronca, la misma que utiliza cuando quiere sonar imponente
- Deja que yo hable – El otaku ex clon de Hito suena serio, pero cansado – Creo que puedo manejar mejor el asunto
- Está bien – Okami asiente – Eres mejor para estas cosas que yo

Friki está a punto de decir algo, pero, justo en ese instante, suena el intercomunicador del laboratorio, la secretaria avisa a Okami que Friki tiene una llamada. El otaku contesta. Es Chokobo.

- Ala, varón ¿Qué pasa? – Pregunta Friki
- Ahm… No estás muy ocupado… ¿O sí…? – Dice el normalworldiano
- Ha pasado algo malo, ¿no? – Adivina el otaku
- ¿Qué demonios…? – Chokobo se sorprende – ¿Cómo lo sabes…? Aún no te he dicho nada…
- Es que cada vez que estás preocupado, hablas con puntos suspensivos
- ¡Oye…! ¡Eso no es cierto…! … ¡Demonios…!
- Ya, ya ¿Qué pasó?
- Ahm… Es que… Es que vino la maestra de Guzana… Y, pucha, dice que nos va a poner una prueba…
- ¿Sh-Shoujo los quiere probar? – Friki está definitivamente asustado - ¡Tío, tienen que mandarla al diablo! ¡No acepten!
- Hay un pequeño detalle…
- Aceptaron, ¿no?
- Si…
- ¡Demonios! ¡Chokobo, ya habíamos hablado de esto!
- Tío, ya fue… Además, nos dijo que podíamos pedirle ayuda a alguien y te elegimos a ti… Total, tú eres quien mejor la manya…
- ¿Dónde están? Voy para allá en seguida
- Estamos en el paradero cerca del Chiisai ki… ¿Ah?... Espera, mi Chokobita está hablando con ella… Dice que Shoujo te manda un encargo… Que te diga “74”, que tu vas a entender…

Friki se aleja del intercomunicador, temblando.

Okami lo mira, preguntándole si está bien, pero Friki no responde. De pronto, el otaku aprieta los puños y mira al cielo, tan lleno de frustración que ni todos los “bips”, barras negras y demás censura logran tapar el desgarrador “¡PUTAMADRE!” que el ex clon de Hito grita. Friki está decidido, sale corriendo sin perder tiempo de más; en su cabeza sólo hay un objetivo: Salvar a Guzana y Chokobo de las garras de Marianne…

Su ex.

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