Namin y Mokun ofrecen un espectáculo enternecedor a aquellas fujoshi con suficiente dinero como para pagar la suite real del palacio de Planet Ayumu. La reina está sentada en su trono, disfrutando de la vista también; tan distraída está, que no se da cuenta que uno de sus neko-hitos se acerca y le extiende un celular que lleva en bandeja de acero inolvidable, hasta el momento en que este le dice (aclarándose la garganta para llamar su atención) “Tiene un mensaje, mi señora”. Ayumu, que odia ser interrumpida cuando ve yaoi, está a punto de mandar al diablo a su felino súbdito, pero la curiosidad natural puede más y, casi a regañadientes, coge el móvil para revisar el texto. La expresión de la Reina cambia, tornándose incómoda. Pone el aparato en su sitio, le da unas señas a Toto para que baje y luego se marcha del lugar.
El dios de los gustos ambiguos se sienta en el trono, sabiendo que deberá encargarse del reino hasta que Adriana regrese; lo que no sabe es porqué. Ayumu acaba de recibir un extraño mensaje: “Shoujo hizo su jugada, Friki mandó la señal”.
Hace un tiempo, previendo eventuales problemas, Friki tuvo una conversación privada con Okami (el mejor estratega del Boxworld, luego de él) y Kaypaku (contraespía de segundo nivel y jefe del cuarto nivel de la Agencia de Inteligencia del Boxworld), en la que les contó su situación. Hace años, el otaku y Shoujo mantuvieron una relación que duró poco más de dos meses, luego de la cual, Friki tuvo que romper con ella. Marianne, siendo la representación de todas las emociones del mundo (y por tanto, una criatura extremadamente volátil y melodramática), se lo tomo MUY mal y juró vengarse del clon de Hito, obligándole a amarla mediante un ritual que exige el sacrificio de setenta y cuatro parejas del Boxworld (una por cada día que Friki y Marianne estuvieron juntos), para luego ser ella quien le rompa el corazón.
El otaku, que juró su odio eterno a la mentora de Guzana, ha tratado de alejarse de Shoujo por cerca de quince años, pero ella, siendo la energía que es, siempre logra encontrarlo.
Okami y Kaypaku se dieron cuenta de inmediato que NADIE más debería saber sobre el ritual, en especial Guzana y Chokobo, porque Shoujo podría usar los miedos causados por esa información para manipularlos y hacerles romper (obteniendo así otra más de las parejas que necesita para su macabro ritual). Lo que si acordaron fue decirles a todos lo peligrosa que resulta Marianne y que, llegado el momento, tendrían que organizar un plan de contingencia contra lo que sea que esté planeando ya que, evidentemente, no por casualidad convirtió a la novia del Shounen en el Avatar del Shoujo.
Pero ahora que Friki cruza la pista para llegar al paradero del Metro de Pershing con Juan de Aliaga, toda esa preparación no sirve de nada; Shoujo sabe cómo desequilibrar al otaku y le ha golpeado en su punto flaco. El ex clon ya casi no razona y en su cabeza sólo puede pensar que ella conoce algo, que sabe cómo separarlos, que Guzana y Chokobo son la última pareja que su ex quiere destrozar.
- José, Guzana, Maguián – Saluda Friki, al llegar al sitio, mirando con furia a su ex
- Es Marianne, Frikito, en francés y en cursiva, como te enseñé – Shoujo responde con un mascadísimo acento – Marianne du Saint Marie
- Ya, ya, “Maguián”
- Eso es Negrita, no cursiva
- Demonios, hablar en cursiva es difícil… ¡No! Digo… ¡No deberías estar aquí! La orden de restricción dice que no puedes estar en el mismo plano existencial que yo – Friki se exaspera y muestra un documento – ¡Es más! Tengo la carta judicial Firmada por el mismísimo Juez Thanatos Delacroix, con la que tu…
- Soborné al juez
- Cómo te odio
- Sólo se odia lo querido, Frikito
- ¿Sigues con eso? Ya pasaron más de veinte años
- Quince. Y ayer fue nuestro aniversario ¡Cuándo no, tú, olvidando fechas!
- ¡¡¡Pero si ya no estamos!!!
- Aniversario es aniversario, darling, eso ya deberías saberlo… ¡Abuuuu! Y yo que había venido para visitarte y todo… Encima me quedé sin pasaje, ¿sabes? Bueno, más bien… Ahm… Eto… ¡Nee, Nee! Oye, Friki…
- ¿Qué pasa? – El otaku se arrepiente de inmediato de haber preguntado eso
- ¿Me prestas trescientos shin-soru para mi carro? – Shoujo acaricia con su dedo el hombro de Friki
- ¡NO! ¡Ni fregando! ¡No vuelvo a darte plata!
- Friki, ya pues, nyan, nyan – Ahora, Marianne acurruca su cabeza en el hombro de su ex
- Esos trucos mentales ya no funcionan conmigo – Dice el otaku, temeroso, tratando, sin éxito, de sonar como maestro Jedi
- Purr, Purr – Shoujo mira de tal manera a Friki que, en alguna dimensión, a través del espacio-tiempo, el gato con botas de Shrek siente que su mirada no es tan lastimera como debiera ser
- ¡Ya, demonios! Toma quinientos pa’ que no friegues, ¡pero lárgate!
Chokobo mira esto y, ofendido, rompe su silencio.
- Débil mental – Dice el normalworldiano con desaprobación
- ¡Aww! Quiero helado – Expresa la antojadiza Guzana
- ¡Todo el que quieras! – Grita José (Chokobo), bordeando la histeria, al tiempo que saca de la nada un camión de helados y lo pone frente a su chica
Es ahora Friki quien mira con reprobación a su socio, pero este parece no entender el porqué.
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