martes, 1 de marzo de 2011

Bonus Track: 30 años de corrupción legal en el Perú-3 (3ra parte)

This is it
Hacemos una pausa para comer. El amable corrupto no escatima en alimentos para aumentar su ya voluminosa y distinguida barriga. Se saca el terno para estar más cómodo y por primera vez me percato que lo que lleva debajo de su fina camisa gamarrera no es otra cosa que el famoso “polo de la victoria”; un polo blanco con el símbolo de Nuevo Sol en la espalda (S/.); el mismo que usó en las manifestaciones pro-corruptos; con el que ganó el juicio de reconocimiento a la corrupción y con el que logró que el congreso apruebe la “Corruptus Legis”. Al parecer, el Sr. Chafloque se da cuenta de lo que he visto y sonríe.

JC: Siempre lo uso en estas fechas; me mantiene con los pies en la tierra; me hace recordar que lo que ahora tenemos no lo logré solo. Este polo no me representa sólo a mí, sino a los todos los corruptos que murieron por su plata y por que su patria fuera un sitio mejor

EODH: Debe ser un recuerdo agridulce, todo lo referente a “La marcha de los 40 sueldos”
JC: Nunca he dejado de sentirme orgulloso de ese momento; pero también es cierto que las vidas que ahí se perdieron… (Pausa) Esas muertes pudieron evitarse
EODH: Los libros de historia nunca serán tan importantes como la memoria de los que estuvieron ahí. ¿Qué es lo que vivió ese 15 de octubre?
JC: Es un recuerdo doloroso y un emblema de aquello que no debe repetirse jamás. Esa tarde habíamos organizado una marcha pacífica hasta el congreso
EODH: Para ese momento, tanto a usted como a su hermano, los habían destituido por completo del cargo de congresistas
JC: Pero eso no nos impidió seguir cumpliendo con la voluntad del pueblo. Sinceramente, no esperábamos convocar tantas personas; cuando iniciamos nuestra campaña en Facebook, miles afirmaron que irían, pero, sabiendo cómo son estos eventos, rogamos que al menos 100 personas nos acompañasen; en ese momento, si alguien nos hubiese dicho que más de diez mil corruptos, entre nigromantes, magos oscuros, warcrafteros y políticos de las diversas provincias iban a venir, lo hubiésemos tomado por loco; pero eso fue lo que pasó. La convocatoria fue tan grande que nuestros detractores entraron en pánico
EODH: Y ahí empezó la tragedia
JC: “La gran masacre del 15 de octubre”, como la llaman los libros de historia. Lo que sucede es que cuando más de diez mil personas se agregan a tu evento y dicen que irán, es lógico pensar que al menos algunas de ellas no vienen por amor a los ideales y cuando se tienen enemigos tan poderosos como las cabezas de estado, cabezas incapaces de admitir su propia corrupción y que envidian a aquellos que la gritan a los cuatro vientos, es evidente creer que, como mínimo, uno de los convocados este en realidad de parte del bando contrario
EODH: Como Hebaristo Machacuay III
JC: Hace mucho que no escuchaba ese nombre, pero me sorprende saber que aún me crispa los nervios. Los implicados de ese pequeño grupo opositor de la Agencia de Inteligencia de Boxworld en Lima-3 fueron muy certeros con el golpe que nos dieron. No fue necesario mandarnos un ejercito; ni siquiera un montón de locos armados; sólo fue necesario un hombre y todos los demás lo hicieron el resto
Where Heroes lies
El corruptólogo me hace una señal para pausar la entrevista. Han pasado treinta años, pero es evidente que el recuerdo de esa tarde sigue estampado en su mente.

Hebaristo Machacuay III era un trabajador de clase media, casado y con hijos; su negocio de carpintería había visto mejores épocas y la salud de su esposa tuvo momentos más agradables. Sus dos menores hijos estaban a punto de dejar el colegio para ayudar en la economía casera, vendiendo caramelos en los buses de la ciudad. Fue en este contexto que le ofrecieron al carpintero una oferta que no podría rechazar.

Aquel 15 de octubre, Hebaristo se coló entre el mar de gente que había acudido a la marcha de los 40 sueldos, se acercó a una distancia prudente del estrado improvisado en el que Eusebio Chafloque estaba dando su discurso y, sin que nadie se percatase, presionó un botón que tenía guardado en el bolsillo y explotó.

Una leyenda que las películas se han esforzando en perpetuar afirma que lo último que dijo Machacuay fue “Perdón”, pero eso es algo imposible de confirmar, ya que todos aquellos que estuvieron a diez metros de distancia de él (incluyendo al mayor de los Chafloque) fueron aniquilados de golpe.
Días después, la prensa reveló que Hebaristo Machacuay III era un enfermo terminal de cáncer y que una jugosa indemnización de seguro llegó a su familia, “post mortem”.
Lo cierto es que ese acto regó el pánico entre los presentes, causando caos y más muertes, ya que tanto magos oscuros como nigromantes, presas del miedo, comenzaron a usar sus poderes, acusando gente inocente de ser cómplices en el atentado y matándolos en el acto.
JC: Pero no lograron tumbarnos
El corruptólogo susurra casi para sí, antes de salir de su dolor. Recobra el valor para hablar y muy seguro de si mismo, cuenta su parte en la historia
JC: Yo vi morir a mi hermano. Estaba dando mi discurso en un estrado a sólo 30 metros del de Eusebio cuando ocurrió la tragedia. Quedé en shock durante varios minutos, sintiendo que todo a mi alrededor era surreal, antes de darme cuenta que el resto de nuestros seguidores enloquecían del miedo. Supe que si ellos causaban más destrozos, el pueblo nos desacreditaría y todo por lo que habíamos luchado hasta entonces sería en vano; supe que si no hacía algo, la muerte de Eusebio no tendría significado. Fue en ese momento que, tragándome toda la tristeza y pánico que tenía, alcancé a coger el micrófono y gritar “¡Cálmense, Carajo!”, luego solté un par de frases, parafraseando a Chocano, para infundirles valor: “Podrán dejar de coimearlo, podrán denunciarlo, podrán inculparlo, podrán BOMBARDEARLO… Y no podrán matarlo… Porque el corrupto puede morir, la corrupción ¡SIEMPRE EXISTIRA!" De ahí no recuerdo bien que pasó, pero de pronto, un nutrido grupo me estaba llevando en hombros hasta el congreso, mientras coreaban “¡Y NO PODRÁN MATARLO! ¡Y NO PODRÁN MATARLO!”

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