Hoy tuve un sueño…
Una energía extraña recorre el despacho; no es lo mismo estudiar los hechos que escuchar las palabras del Dr. Chafloque; palabras que (algo más censuradas) quedaron inmortalizadas en los libros de historia.
EODH: ¿No temió por su vida?
JC: Por supuesto, pero por suerte nada ocurrió. Verá, aquel grupo (apoyado por nuestros rivales) subestimó la voluntad de los corruptos. Como sabe, antes se nos prejuzgaba como cobardes, ratas de alcantarilla y cucarachas, así que asumieron que destruyendo a la “cabeza ideológica”, el cuerpo vagaría hasta su autodestrucción. No entendieron que la corrupción no es un capricho de algunos para salir impunes, sino una opción ética válida y un estilo de vida con una filosofía muy profunda. Es por eso que, luego del atentado, no planearon algo más
EODH: Entonces llegaron al Congreso sin contratiempos
JC: Si, más allá del miedo a otro atentado, no hubo dificultad para entrar. De hecho, nos recibieron con las puertas abiertas. Quizás nadie se atrevía a decirlo en el hemiciclo, pero realmente deseaban que ocurra lo que estábamos haciendo. Llegamos a la cámara congresal, donde, por primera vez en público, nos aplaudieron y, frente al Presidente del congreso, el nigromante, biólogo, juez e historiador del Futanari, Dr. Thanatos Delacroix, expusimos por completo nuestro ideario
Don Jeremías se para, como para dar un discurso y de pronto vuelve a ser revolucionario de 28 años que, a pesar de ver morir a su hermano, lucho para que viviera su ideal. Se queda mirando a un imaginario público y, como transportado en el tiempo, soy testigo directo del mayor acontecimiento de la historia republicana de los últimos años.
JC: Podía sentir todas las miradas en mí y realmente eran pesadas; el silencio en el hemiciclo era tan denso que podía cortarse con katana y supe que todos esperaban escuchar lo que tenía que decir y, muerto de miedo, empecé: “No soy yo quien está frente a ustedes hoy, sino el espíritu de mi hermano, que habla a través de la voluntad del pueblo; un pueblo que pide justicia y sinceridad, que reclama eficiencia y transparencia, que ansía la corrupción legal”
Don Chafloque hace una pausa, aclarándose la garganta, casi de la misma manera que en esa época hizo. Luego continúa.
JC: “Y que quede claro de una vez por todas que la corrupción no es otra cosa que cambiar el estado de una cosa por otra, transformándolo para que sea favorable al corruptólogo que lo usa. Es aquí donde manifestamos que al corromper, lo que en realidad hacemos es sobrevivir, ya que ningún corrupto puede existir en un medio sin corrupción. Véase por ejemplo, a los políticos, que necesitan la corrupción para sustentar sus estilos de vida; o el caso de los hermanos nigromantes, que deben corromper los cadáveres que utilizan para trabajar y así ganarse el pan diario; más aún, entiéndase la situación de los Warcrafteros de la Legión no muerta, que luchan por evitar invasiones de virtuales pueblos vecinos que, sin permiso alguno, amenazan ocupar sus territorios; la solución que esta respetable cultura halló fue la de corromper sus tierras, para que sean favorables a ellos y hostiles contra los que no respetan su derecho a la propiedad privada. Es por estos hombres, mujeres y cadáveres que los corruptólogos hablamos y es por esto que hoy me presento ante ustedes, congresistas todos, que representan al pueblo y que en la corrupción mis hermanos son”
Es casi inevitable aplaudir al corruptólogo cuando dice su discurso; se puede sentir la misma emoción con la que hace treinta años habló y escuchándolo en vivo es que se entiende porqué el Dr. Delacroix se paró, emocionado y con lágrimas en los ojos gritó “Mi vida por Nerthul”, al tiempo que se colocaba la capucha de acolito del mal.
JC: A los pocos días nos restituyeron como congresistas, a mi hermano y a mí. El nombramiento póstumo de Eusebio fue bastante duro para mí, considerando que un nigromante juntó sus pedazos y lo levantó como zombie para el evento; lo duro no fue verlo ahí parado, sino que casi me devora los sesos en el hemiciclo. Ese Eusebio, aún después de muerto quería llevarme consigo…
Then and Now
Ya casi terminando la entrevista, el Dr. Chafloque se alista para ir al Museo de la Corrupción en el Centro de Lima-3. Este año, conmemorando el 30 aniversario del día del corrupto, se le ha invitado para que repita su discurso congresal en el anfiteatro del museo, mientras unos actores dramatizan la escena. Si el discurso lo dice la mitad de bien de cómo hoy lo escuché, la obra será todo un éxito.
EODH: Algunos opositores a la política de corrupción legal, que practicamos en este país, aseguran que no sería necesario permitir a los corruptos si es que se llevasen las cosas con mayor transparencia
JC: Afirmación ridícula. La corrupción existe porque el poder existe. Uno no puede quitar al corrupto y pensar que la corrupción dejará de desaparecerá. En donde sale uno, entrarán veinte; decir lo contrario sería mentirle al pueblo. Lo que nosotros tenemos es un estado que por primera vez en su historia no tiene que engañar a los suyos… Al menos en cuestiones económicas. Todos saben en que se gasta el dinero y hasta dónde se puede estirar la tajada que se ha de sacar. Quitar más dinero sería dañar a todos los peruanos-3, corruptos incluidos y eso es algo que no podemos darnos el lujo de dejar pasar
Jeremías Chafloque mira su reloj y apura un último whisky antes de darme la mano amablemente, indicando que la entrevista terminó
EODH: ¿Algunas palabras finales?
JC: Citaré las palabras del último discurso de mi difunto hermano, que dijo minutos antes de morir y que resumen nuestra forma de pensar: “Soy un corrupto que tiene un ideal; tengo un sueño de paz y daría mi vida por ello. Eso lo juro por Dios, por la plata y sobre todo POR MI PATRIA”
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