El otaku sacude la cabeza, parece la magia de su ex debió afectarle de más, porque justo ahora le parece ver una mota de pelos saltando de un lado a otro de la calle, en dirección a él. No no está imaginando, realmente hay una bola peluda que rebota por las paredes, ganando así más velocidad, hasta que, con precisión letal, se estrella contra Shoujo varias veces antes de rebotar por los aires para estirarse y cobrar otra forma: la de Midori, la perrita que hace un año encontraron Guzana y Chokobo.
Midori, presintiendo que algo malo pasaba con sus amos, vino corriendo desde la casa de Chokobo, sólo para encontrarse con una Shoujo que ha hecho que sus dos papás adoptivos se pongan a pelear. La cachorra, peleonera como sólo ella puede serlo, se lanzó al ataque, usando sus mejores técnicas, con la esperanza de romper cualquier tipo de hechizo que les esté poniendo Marianne.
Shoujo, sorprendida, observa a esta cachorra que le sostiene una mirada llena de odio y, como sabiendo lo que el animal piensa, asiente y prepara un conjuro para contraatacar. La mascota esquiva el primer rayo que Marianne le lanza y luego carga un hechizo, lo que hace que sus ojos tomen el típico brillo verde que las magas del boxworld tienen cuando invocan su magia interior.
Marianne bloquea la verde-blancuzca energía que sale de la boca de la cachorra con un escudo de luz lleno de runas extrañas y vuela por los aires, tratando de escapar. Midori no se lo permite; se lanza con furia hacia Shoujo y mordisquea sus ropas, jalándola hacia atrás. La ex de Friki responde y mueve sus dedos para conjurar. La cachorra es más lista que eso y, adivinando las intenciones de su rival, la sacude, en pos de quitarle la concentración.
Y mientras Midori y Shoujo se masacran, Los avatares del shoujo y del shounen siguen gritándose entre ellos cosas que se estaban callando desde hace tiempo, en una discusión que ya dejó de ser por “el mundo” o “ellos” y que se ha transformado en un “Por qué no puedes ser lo que deseo yo”.
- Y ni siquiera me valoras como persona – Dice Guzana – Siempre piensas que no me puedo defender
- ¡Sabes que no es verdad! Lo que quiero es protegerte – Dice chokobo
- ¿Tratándome como si fuera una niña?
- Es que eres mi niña
- SOY UNA MUJER
Friki está desorientado, sin saber que hacer; él, uno de los mejores estrategas de todo Boxworld, se encuentra incapaz de pensar correctamente y sabe que Shoujo lo tiene donde ella quiere, asustado y confundido por lo que Marianne representa para él… ¿O no? No, no es eso, es una sensación distinta, mucho más profunda y dolorosa. Nunca en toda su vida había sentido tanto miedo; ni cuando Ayumu convirtió a todos en Neko-Hitos, ni cuando Lumine Noir casi lo mató. Se queda viendo cómo se gritan Guzana y Chokobo; los mira, despertando cientos de malos recuerdos con Shoujo y descubre lo que más teme no es la idea de volver con su ex. Lo que más teme es que sus amigos terminen de la misma manera en que él y “Maguian” terminaron, que se repita la historia, que sientan el mismo dolor que sintió alguna vez.
Entonces, decidido a evitar el aciago sino, se jura a si mismo que hará todo lo que esté en sus manos para que siempre se amen y es por eso que, sacando fuerzas de donde no tiene, se levanta, en pos de ayudar a Chokobo y Guzana.
Pero lo que Friki no sabe, es que, en el plano metafísico, ambos ya subieron al bus del destino y que justo ahora, el Sr. Tragedia Manchuria se les acerca para cobrarles el pasaje, mientras Casualidad Gonzáles pisa el acelerador.
Un rayo, que no se sabe si viene de Midori o de Shoujo, cae cerca de ellos, golpeándoles con su explosión y ambos se miran, sorprendidos, dejando inmediatamente de gritar.
Un malentendido.
La confusión.
Cada avatar pensando que fue el otro quien ha disparado.
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