lunes, 11 de abril de 2011

Triste canción shoujo (Cuarta parte)

Friki no escucha las llamadas a su móvil, no sólo porque la picazón en los órganos (que la diabólica Marianne acaba de causarle, sólo porque se le dio la gana) le distraiga, sino que, de por sí, no lleva consigo el celular. Hace unos días, un conocido diario local puso, por error, su número telefónico en lugar del de un famoso chamán (El Gran Naraku, le dicen), así que medio Lima-3 lo estuvo llamando para pedirle amarres, que le devuelvan al ser amado y demás sortilegios de ese tipo. El otaku, a pesar de pudrirse en plata (es asesor externo del Servicio de inteligencia de Boxworld, además de contador en el Normalworld; aparte, tiene la única tienda de artículos Friki en dos mundos y es Chino Farmer en sus ratos libres), es endemoniadamente tacaño y prefiere tener apagado su antediluviano celular (de esos que pesan 3 kilos y parecen un bloque de tetris) y esperar a que la gente se canse de llamar, antes de tener que comprar otro.

De eso se dan cuenta todos los que, reunidos en la grisácea cantina de Pueblo Libre, intentan llamar inútilmente al otaku.

Al menos eso les da una buena excusa para salir corriendo del lugar. Así que, sin dudarlo, emprenden la fuga, en pos del incomunicado Friki.

El tipo del vaso quebrado le da un mordisco a su copa, cortándose la boca, como pasa todos los días; un borracho se pone a su costado y le pide otra copa al cantinero, que quiere olvidar ese dolor; uno más grita que está muy triste y tiene una pena, sufriendo la cruel condena de no besar, de no tener a su amada entre sus brazos y otro ebrio más se les acerca para contar sus penas, cuando de pronto llega él.

Si el cielo de Boxworld tuviese rostro, en este momento estaría atónito, ya que una música suena al paso del misterioso sujeto que entra al bar; una música que el firmamento del mundo otaku no ha escogido, sino que se desprende del desencajado tipo; una melodía cantada en un español tan mascado, que más que letra, lo que tiene es un atentado verbal, con palabras que son casi como damnificados de un terremoto lírico y que, aún así, no dejan de ser desgarradoramente hermosas.

Sólo basta decir que los sobrevivientes a esa preciosa catástrofe musical se juntan para decir “Lloré y lloré y juré que no iba a perderte…” para darse cuenta que es Bon Jovi, cantando en español.

El tipo con soundtrack incorporado se sienta en una de las mesas, con la mirada más apesadumbrada y turbada del mundo y la mesera, sintiendo pena por él, se le acerca y le dice, sin pensarlo, que la olvide, que ella nunca lo amó, mejor sería olvidarla y así será mejor. El de la copa rota también se le acerca y le da una palmada en el hombro, compadeciendo su dolor; el de los cinco ases, el de las moscas, incluso el que quería beber y beber hasta morir, todos se juntan para mirarlo, sabiendo que nadie ha sufrido tanto como él.

Y es que todos estos tipos se reúnen siempre en la misma cantina para sentirse bien, sabiendo que hasta aquí acude la única persona que ha sufrido más que ellos en el amor: Oswin, el trágico.

Friki está pasando el peor momento de su vida, retorciéndose en el suelo, totalmente inutilizado, con una picazón generalizada en el bazo, riñón e intestino delgado; todo gracias a la magia despechada de Shoujo. La ex no ha tenido reparos en explicarle a los dos, con lujo de detalle, su intrincado plan y cómo es que ha esperado cerca de quince años para poder finalizarlo, ante la mirada atónita de Guzana y Chokobo.

- Bueeeeeeeeeeeno, mon petit Chokobo, ma petitte chatte, es el momento de la verdad – Dice Shoujo
- Danos todo lo que tengas – Responde el normalworldiano, elevando su Fri-KI y transformándose en el macho latino, listo para atacar
- Todas las brujas del mundo usan la misma poción… - Recita Guzana, preparando su conjuro
- Les haré tres pruebas y eso será todo, mes amis – Marianne sorprende a todos con sus palabras – Si las superan, me olvidaré de Friki y jamás volveré a molestarlos, pero si no pasan alguna, ya pueden imaginar lo que pasará
- Échalas – Contesta la pareja a la vez, con decisión
- Voy a destruir el mundo en cinco minutos, a menos que rompan – Shoujo sonríe malévolamente – Así que tendrán que decidir: El Boxworld o ustedes

Ambos se miran y sonríen, sabiendo lo que deben contestar y hablan a la vez.

- El mundo – Dice Chokobo .............. - Nosotros – Grita Guzana

Shoujo comienza a reír.

Friki observa, impotente, cómo su ex manipula a sus amigos y sabe perfectamente lo que seguirá.

- ¿El mundo? – Dice Guzana, mirando a su enamorado - ¿Acaso no te importa nuestra relación?
- Pero no habría relación si no hay mundo – Responde Chokobo
- ¡Pero si estás diciendo que vamos a sacrificar nuestra relación! – La radar de emociones levanta un poco la voz
- Pero siempre hay maneras de volver a estar juntos, pasaríamos algunas pruebas y luego… - El portador del macho latino trata de sonar calmado, pero empieza a morir de nervios
- ¿Acaso crees que es un juego? – Guzana se exaspera más – ¿Que cortamos y luego volvemos y así? ¿Arriesgarías nuestra relación sólo por que crees que nada saldrá mal?
- ¡Pero si nada va a salir mal! Además, ¿Qué relación existiría, si todo Boxworld es destruido?
- ¡NUESTRA RELACION que es real y existe ahora!
- No puedo creer lo que dices, el bien de unos por el mal del resto
- ¡Aich! Sabes que no dije eso, a veces te pones en un plan tan infantil
- ¿Infantil yo?

Por un segundo, Friki mira la escena y no ve a Guzana y Chokobo discutiendo, sino que se observa a si mismo, diciendo casi las mismas palabras frente a una Marianne cada vez más loca.

- Trae recuerdos, ¿no? – Dice Shoujo, apareciendo al costado de Friki – ¿Recuerdas cuando teníamos momentos así de románticos?

Friki no puede responder, pero su mirada aterrada revela claramente que si.

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