lunes, 20 de febrero de 2012

El hombre que no podía dejar de teleportarse (Parte 1)


Una vieja leyenda de origen desconocido, cuenta que hace mucho, el dios de las emociones extremas, Emo, sintió la necesidad de no existir en el Boxworld, así que, usando su magia de teleportación, abrió un enorme portal hacia un mundo totalmente opuesto, en un universo alterno y se fue por ahí. Poco después, un grupo de magas Shoujo descubrió la brecha dimensional y, luego de averiguar su naturaleza, se animaron a entrar.

Ese fue el primer contacto con el Normalworld.

Verdades sean dichas, el cómo estos dos mundos, separados por la realidad de sus propios universos, terminaron entrando en contacto se perdió en las arenas del tiempo y es quizás por eso que se toma esa leyenda como verdad.

. La forma humana de la energía Emo, que complementa a las otras y las eleva a un nuevo nivel, desapareció de la dimensión otaku hace ya tanto que ni el más antiguo narrador omnisciente del GRANO recuerda cuando fue; más aún, de ese episodio sólo tenemos fragmentos disueltos en la senil memoria de nuestros ancestros y cada uno de ellos cuenta una distinta versión, así que, aquí en el Gremio Atemporal de Narradores Omniscientes, pedimos disculpas de antemano, si es que en algún momento suena confuso lo que se va a contar.


El hombre que no podía dejar de teleportarse
Cuenta la historia que Shoujo nació con la primera muestra de cariño, Yaoi con la primera pareja gay y Shounen con la primera lucha, pero Emo apareció cuando el cariño se tornó pasión, el amor se hizo eterno y la lucha se transformó en guerra; él no nació de una situación, como las energías equilibrantes, sino que es la exageración de todas juntas y por tanto, podría decirse, es hijo de las tres.

Estoy cansado, ando aburrido, ya no me importa, la apatía me ganó – Cuentan los ancianos que dijo Emo, recitando un viejo adagio de la iglesia de los 6 Voltios, con la que tanto se identificaba, el día que decidió partir. Nadie sabe a ciencia cierta el motivo; algunos creen que fue porque Boxworld ya no le ofrecía algo nuevo, otros que quería ser dueño de su propio mundo, algunos más afirman que amaba tanto al Boxworld que ansiaba saber que se sentiría no vivir en él y no falta aquel que asegura que sólo buscaba encontrar paz. Sea cual fuere el caso, Emo, maestro en el arte de la teletransportación, dio el salto hacia otro mundo en una dimensión diferente y lo que encontró en él fue todo, menos normal.

El Normalworld es una Pangea, un continente enorme, regido bajo una sola bandera. Tiene una mega cultura que se caracteriza por su homogeneidad, comparte el mismo idioma en todas sus regiones, usa las mismas tradiciones y asumen que comparten un mismo origen. Si bien separan su territorio en sectores, no caen en el vicio de otros planetas de asignar países, pues consideran anormal que haya divisiones entre la gente. En cuestiones de seguridad, al no haber “conflictos internacionales”, concentran su poder militar en posibles ataques de otros mundos y, al todos tener un pensamiento estándar, es mucho más fácil mantener el orden interno. La tecnología que usan es una mezcla de los diversos avances obtenidos en los demás planetas de su universo (haciendo del intercambio científico su principal fuente de exportación) ya que ellos, por inspiración propia, son incapaces de innovar.

Esto se extiende también a sus artes, rama que, en su totalidad, podría considerarse mediocre; la música, la literatura, el cine y demás es elaborada en base a formulas y formatos pre establecidos, haciendo que cada uno de ellos sea exactamente igual al anterior.

Y esto es algo que no parecía molestar a los habitantes de ese extraño mundo…

Hasta que conocieron al Boxworld.

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