lunes, 2 de enero de 2012

The World Yaoi Only knows (Parte 3)

El rey regresa a su alcoba, a los brazos de Liam, el neko-hito que tomó como guardia personal; se recuesta en su regazo, buscando el inalcanzable descanso y, mientras el lacayo le acaricia la cabeza, no puede dejar de llenar su cabeza con tristes pensamientos. ¿En qué falló?, es lo que se pregunta; ¿por qué el “amor duro” de Ayumu fue mejor que la paz que él quería dar? Hay algo que no está entendiendo, que es incapaz de ver ¿Qué le diría Emo, regente de la pasión, si se dignase a mostrarse, luego de tantos milenios desaparecido? ¿Qué le aconsejaría Shoujo, protectora del cariño, si ella realmente fuese capaz de entender su situación? Yaoi, guardián del amor, no sabe que hacer; está flotando por encima de los hombres, sin mirarlos realmente, sin poderlos comprender; estas criaturas son tan cambiantes y misteriosas como el sentimiento que protege y es que el amor es una carga tan pesada… y él sigue flotando en la nada, tan ligero como es.

Su mente queda en blanco por un segundo y una lágrima solitaria resbala por su rostro. Acaba de darse cuenta de todo, de su error, de la raíz de su incapacidad. Para entender la mente humana, tiene que pensar como humano y para pensar como humano debe renunciar a su inmortalidad.

Tan simple y a la vez tan atemorizante, el amor verdadero es como los mortales y por ello, el guardián será mortal. Yaoi está asustado con la idea, pero sabe que es la única solución; será humano, renunciará a su condición de “dios”; vagará por el mundo, aprendiendo a ser persona y vivirá intensamente, sabiendo que en cualquier momento puede perecer.

A las 12 am del 1 de noviembre, un delgado y moreno muchacho, con rasgos delicados, sale del palacio del Planet Ayumu con un conejo rosa en las manos. La reina fujoshi lo mira desde lejos y llora en silencio pues hace poco le dijeron la verdad. Liam lo acompaña, con seria mirada, en dirección a la estación espacial que los llevará al Boxworld. El andrógino joven siente el corazón dándole tumbos y eso lo hace feliz; ya no es el “rey dios” que todo lo sabe, el ser inmortal que está por encima de los demás; dejó de ser energía y ahora es un simple humano, abandonó esa carcasa llamada “Toth-oh” y ahora es sólo un simple joven, un hombre llamado Iosif.


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