lunes, 6 de julio de 2009

Capítulo 2: Sugaota, Kaypaku Sugaota: International man of Kay pi (Parte 1)

En la dimensión otaku del mundo de Boxworld, incluso el más pequeño de los hábitos se transforma en un vicio de proporciones épicas y justo eso es lo que a Mark, el fanático de los Kay pi, le sucede. Siendo un muchacho de aspecto tranquilo y reflexivo, de carácter competitivo y bastante alegre y coqueto, sorprende el cambio que sufre cuando está demasiado tiempo sin consumir su bocadillo de pulpa de pollo favorito. Y es que, gracias a los extraños poderes de este mundo raro, él es Kaypaku Sugaota, el otaku Kay pi.
Una estela de polvo parte en dos la pista que separa la Residencial San Felipe del Metro de Pershing, dejando la vereda con un aspecto borroso; al deshacerse la nube de tierra, una figura emerge y salta los últimos pasos que separan la acera del famoso hipermercado.
Kaypaku cae arrodillado frente al puesto de Dim Sum y levanta la mirada, con un gesto serio y galante. Mira su reloj y se da cuenta que le quedan pocos minutos para que se le acabe el efecto de la última ración de Kay pi que pidió, así que, sin dudarlo, coge al Hito-San al que están atendiendo ahora y lo saca volando por los aires.
Una ración de Kay Pi, agitado, no batido – Dice Kaypaku, con una sonrisa en los labios, a la nerviosa dueña de la tienda de bocadillos chinos. – Debe ser miercoles – susurra Sugaota, mirando fijamente a la señorita – porque hoy tus ojos se ven más hermosos que otros días.
La tendera sonríe y alista una porción extra de la pulpa de pollo con maní, mientras nuestro protagonista saca su billetera. Pero antes que pueda siquiera sacar algún billete, una mano lo sujeta con violencia.
Te metiste con el extra equivocado – Grita, adolorido, el Hito-San que voló por los aires. – Y Si te metes con uno, te metes con todos – Amenaza una voz detrás de Kaypaku. Sugaota-San voltea la mirada para saber quien dijo eso y se sorprende al ver una horda de Hitos, cada uno con una bandana extraña, de alguna aldea inexistente de Naruto, llenando todo el parking zone.
Con velocidad imposible, el otaku Kay pi coge varios mondadientes del puesto de bocadillos y los arroja con precisión sobre la primera fila de extras; luego, con una pirueta magistral entra en la tienda, por encima del escaparate, poniendo su rostro peligrosamente cerca del de la vendedora.
Disculpe mi rudeza – Dice Sugaota-San, mientras ella se pierde en sus ojos – he de pedirle su escoba un momento, pagándole por ese servicio con un humilde beso – La señorita pierde el control de su cuerpo y cae inconsciente en brazos de nuestro héroe.
Luego del beso prometido, Kaypaku toma la escoba y golpea con ella a varios enemigos genéricos que se aproximan a la tienda. Sale rápidamente y gira su improvisado instrumento para matar.
Cientos de Hitos rodean a Sugaota-San, pero hábilmente logra crearse una “zona segura” con su arma; ningún enemigo puede acercársele a más de un metro y medio de distancia y eso le da toda la ventaja que en este momento necesita.
Aún cuando no lo dicen, los extras saben perfectamente que no pueden acercarse a él en grandes grupos, lo que impide un ataque masivo; comprenden que están en desventaja y no pueden evitar sentir un frío sudor que recorre sus espaldas y un miedo absoluto que los empieza a invadir.
Pero, de pronto, Kaypaku cae de bruces al suelo; los Hitos retroceden, pensando que es una maniobra de ataque más, pero tras una leve inspección se dan cuenta de la verdad:
El efecto del Kay pi se ha agotado.

--CONTINUARA--

Capítulo anterior:
El extra que salvará al BoxWorld

Este capítulo:
Segunda parte


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