Casi por reflejo, Alfredo hace girar el anillo de akatsuki que tiene en su dedo, como hace cada vez que necesita pensar y, por un instante, su mente viaja a la primera vez que usó ese aro, en un capitulo de relleno de Saint Seiya. Recuerda cómo Shiryu esquivaba sus golpes con gracia, nunca parándolos de frente, sino lanzando un contragolpe vertical... Y entonces se le ocurre un plan.
El extra definitivo sale corriendo, pasando de largo a un confiado elemental shounen.
- Es inútil – Dice el macho latino – No podrás detener mi tiro
- ¿Y quién habla de detenerlo? – Responde Hito-San, mientras salta – Lo voy a desviar
Alfredo da tres piruetas en el aire y desciende perfectamente sobre el balón. La jugada es tan precisa que libera a los tres hito-campeones del empuje del esférico y obliga a este a descender. Apenas choca el suelo, la blanquinegra rebota, pasando muy por encima del travesaño superior del equipo de Okami. Todos sus compañeros aplauden, Hito-san evitó que les pudiesen anotar.
En las tribunas, Guzana ha dejado de alentar; se encuentra en shock luego de ver a su chico convertirse en ese cúmulo de shounen llamado “El macho latino”. Si bien ya antes José le había hablado sobre ese tema, una cosa es saberlo y otra, totalmente distinta, verlo; no le teme, pero tampoco le gusta; no quiere a ese macho golpeador de mujeres que huele a Old Spice y bebe cerveza en lata mientras juega futbol; ella quiere a su Chokobo que ve Gravitation y es sensible y tierno con ella, que la abraza y conforta y le dice mil veces “te quiero” antes de volverla a besar. Ella siente que todo le da vueltas y decide sentarse en el pasto, pero apenas lo hace, da un respingo al sentir lo tibio que está el césped. Quiere creer con todas sus fuerzas que es el sol el que entibió la tierra y no la “horrenda” energía que el macho latino convocó.
Por otro lado, Meryl (en modo Kankoku-tan), acaba de darse cuenta que menear una banderola es la cosa más aburrida del mundo y que mil veces preferiría estar molestando a Lumine con alguna de sus jugarretas que quedarse parada en la “tribuna”; así que eso es exactamente lo que hace. De un salto, aparece directamente frente al villano y le dice, con voz muy animada – Detén todo, quiero jugar.
- ¿QUÉ? – Reacciona el villano, muy sorprendido
- Aich, es que me abuuuuuuuurre mirar el partido ¿Me dejas jugar? – Dice Meryl, riendo para dentro
- Hasta donde recuerdo, tu NO sabes nada de futbol
- Pero se aprende, además, ni loca voy a estar ahí parada como sonsa toda la tarde
- He dicho que no. Ahora vuelve a tu banca, pequeña mortal
- Ahhhhhhhhh, ya – Kankoku mira a Lumine, visiblemente enojada y, por extraño que parezca, Lumine se empieza a sentir mal por eso
- ¿Y ahora, qué te pasa? – Pregunta el villano, algo contrariado
- NADA – Responde la k-pop lover, evidenciando que algo le sucede – Anda juega con tus Lumi-hitos nomás
- ¿Estás molesta? – Lumine se pone cada vez más nervioso
- NO, no me pasa NADA – Repite Meryl, ahora dándole la espalda a su amigo, pero sin que esto impida que se note su enojo
- ¿Segura que estás bien? – Lumine quiere terminar su frase, pero de inmediato se da cuenta que si no calma a Meryl, ella entrará en Berseck y ahí si que ya no la cuenta; hace una pequeña pausa, aspira hondo y luego dice – Está bien, puedes jugar...
- ¡Kyaaaaa! Gracias, Luminecito, sabía que entrarías en razón – Kankoku-tan salta, emocionada
- …Pero tienes que esperar que alguien se lastime para que entres en su reemplazo
- De eso no hay problema – Meryl salta sobre uno de los hitos lumi-canadienses y lo fulmina con un golpe – Todo arreglado… Ahora dime ¿En qué set vamos?
Una gota de sudor helado recorre la frente de Lumine.
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