miércoles, 21 de abril de 2010

Captain Pichanga (Quinta parte)

Al ver lo que pasa en la cancha rival, Okami quiere reclamar al réferi (o sea, a Ayumu), pero ella está (literalmente) pensando en la luna. Perdida en su mente, recuerda que, apenas pidió a Okami los cien neko-hitos con los que armaría su imperio del mal (una versión a gran escala del “Ouran Host club”) en el satélite natural del Boxworld (ahora conocido como Planet Ayumu), de alguna manera extraña, el rumor de su titánica empresa se corrió por todo el planeta y así, antes que Adriana regresase a su base de operaciones en la discoteca de Ambiente “Downtown”, gracias al esfuerzo de todas las chicas del Boxworld (que se organizaron en pro de un bien mayor), ella ya tenía lista su plataforma de despegue hacia la luna, tres vuelos programados (que saldrían en dos días) y un castillo lunar con su propia atmosfera artificial que sería la envidia de cualquier millonario. Demás está decir que ella premió a sus nuevas amigas mandándoles un correo masivo con la galería de fotos Yaoi más extensa que se haya registrado jamás (incluyendo fotos de Lumine y Mark en su etapa neko).
Comienza a recordar cada manga Yaoi que leyó en su vida y una sonrisa se dibuja en sus labios al saber que dentro de poco, verá lo mismo en vivo y en directo (de hecho, justo ahora, el primer cohete espacial está partiendo a la luna); no es sino hasta que Okami empieza a gritar algo sobre un reemplazo de jugadores ilegal, que deja de pensar en su “Adorado mundo 2D” y regresa a la “realidad tridimensional”. Ayumu, mira feo a Moetaku y, en venganza, le deja a Meryl jugar.
A pesar de las protestas de Okami, el partido se reanuda; ahora, dos de los Boxworldianos más poderosos juegan contra el elemental Shounen y, a decir verdad, recién en este momento puede considerarse que hay una batalla justa. Para sorpresa de Lumine, Meryl es mejor futbolista de lo que parecía ser y se desliza con el esférico por todo el campo con gracia y feminidad. En contraposición, el macho latino (que ha elevado su Fri-Ki para poder enfrentar al dúo) embiste contra ella como si fuese un tanque de testosterona listo para aplastar. El cuerpo de Kankoku-tan (al igual que el de todos en la cancha) salta al ritmo de las pisadas del más grande representante del cromosoma Y, así que, para evitar quedar reducida a una masa de carne, atina a pasarle el balón a su compañero, Hito-san. Este, entendiendo la jugada, corre hacia la pelota, que serpentea en el duro cemento; pero antes que el extra definitivo pueda poner un pie sobre la blanquinegra, el Macho Latino golpea nuevamente el piso, haciendo que todos pierdan el equilibrio y que la pelota de un enorme rebote, lejos del alcance de Alfredo.
Aquí es donde Lumine debería gritar de cólera y Okami tendría que saltar de la emoción; pero ninguno de ellos lo hace. Aquí es donde Ayumu debería tomar fotos a los jugadores (caídos en extrañas posiciones) y Kankoku-tan quejarse sobre cómo el futbol es tan poco femenino y anti-fashion; pero ambas quedan calladas. Y aquí es donde Chokobo y Hito se supone que cruzarían miradas agudas y dirían al unísono “Mi equipo va a ganar”; pero eso no pasa.
Todos se han quedado mudos, atrapados en recuerdos distantes: Lumine recordando que fue creado por Gary para protegerlo de quienes lo lastiman; Okami pensando en la primera vez que clonó a Hito; Ayumu evocando todo lo que vio en la cámara hiperbárica de Yaoi; Meryl rememorando los koreanitos que ha perseguido; Chokobo perdido en la nostalgia del Normalworld que dejó y Hito con un flashback que podría ser tan privado y secreto (o tan aburrido y genérico) que es incapaz de ser captado incluso por el más omnisciente de los narradores.
Y apartada de todo esto está Guzana, sorprendida por lo que acaba de pasar. Una mezcla rara de sensaciones se atiborran en su cabeza; tristeza, hambre, miedo, nostalgia… ¿Nostalgia? Ella misma se sorprende al sentir eso; tiene ganas de tener recuerdos, de evocar algo pero, al ser una mujer sin pasado, no puede. Aún así tiene la suficiente cabeza para darse cuenta que (exceptuando el miedo) no son suyas esas emociones y es que, aunque a ella no le parece la gran cosa, Guzana capta como radar lo que los demás sienten; percibe que la tristeza viene de Lumine, la nostalgia quizás sea de Chokobo y el hambre es de… es de…


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