El portador del Macho Latino está desconcentrado, no puede pegarle al enemigo sin desproteger a su amada y no puede cuidar a su chica sin bajar su propia guardia. La radar de emociones se da cuenta de esto y mira a Chokobo como diciendo “puedo recibir unos cuantos golpes, ¿Sabes?” y el elemental Shounen le devuelve una mirada que dice “¿Estás segura?”, a lo que Guzana responde “Si”, sólo moviendo la cabeza.
El normalworldiano gira los ojos, resignado a la petición de su enamorada y se abre paso entre los tentáculos que llueven sobre ellos. Chokobo pronto entiende a lo que se refería su enamorada, al ver que un escudo mágico se cierne sobre ella, cuando el gigantesco pulpo le intenta golpear. Esto alivia en sobremanera al portador del Macho Latino, que ya puede pelear de manera más libre, atacando al psíquico molusco, que poco puede hacer ante el poder del shounen (y es que ni toda la precognición del mundo puede hacer que el octópodo se mueva lo suficientemente rápido como para evitar los ataques de veinte combos por segundo que Chokobo hace).
Guzana sigue concentrada en su hechizo, mientras agita los brazos para que otra de sus magias surja efecto. Un platillo de energía arcana se extiende verticalmente detrás de la maga y de él salen varias esferas de energía rosa-blanquecina que impactan en la enorme criatura, facilitando el trabajo a Chokobo.
De pronto, una mota de pelos mostaza aparece de la nada, rebotando por piso y paredes, para luego estrellarse varias veces contra el cuerpo de un pulpo, ya de por sí, echado a perder. No es como que Chokobo y Guzana necesitasen apoyo alguno, pero bueno, la ayuda extra nunca está demás, así que ambos agradecen la intervención de esta criatura que les da mucha más libertad para terminar de desmayar al enemigo y teleportarlo a Alemania, lugar en el que seguramente lo contratarán como pitoniso de partidos de futbol (o lo comerán al olivo).
La mota de pelos sigue saltando en su sitio y la parejita se acerca, entre curiosa y precavida. De pronto la peluda criatura se extiende para dejar ver su verdadera forma: un pequeño perro de raza indefinida y cara graciosa, que mira a los dos tortolitos con esa fresca sonrisa que sólo los canes pueden expresar.
- ¡Awww! ¿No es una lindura? – Dice Chokobo, ya sin la forma del macho latino
- ¡Siiiiii, es un amor! – Guzana está encantada - ¿Pero tendrá dueño? – Al preguntar esto, el animal salta y se acurruca en la cabeza del normalworldiano
- Creo esos que somos nosotros – El usuario del macho latino carga al perro y lo acaricia
- ¡En serio! Ahm... Ahm… ¿Y cómo se llama? – Guzana está cada vez más entusiasmada
- Pues debe tener un nombre con personalidad, algo que sea heróico y épico, que haga que el universo tiemble con su sola pronunciación, algo como… como… ¡Chimpandolfo! – Apenas Chokobo dice esto, el perro gruñe
- Eto… - Guzana siente vergüenza ajena – Pedacito, creo que no te has dado cuenta de algo – La radar de emociones carga al animal, para mostrarle el vientre de este al normarworldiano - ¿Ves?
- ¿Qué cosa? No veo nada
- Exacto
- ¿Eh? Ah, ya… No, no entendí
- ¡Que es mujercita!
- Oh, entonces “Chimpandolfo” ya fue – Dice Chokobo con resignación, para alivio del animal – Mejor tu ponle nombre; total, tu eres la que sabe de esas cosas femeninas y wea
Guzana no sabe ni cómo expresar su alegría; salta, mientras carga al animalito y le besa con mucho cariño (lo que pone algo celoso a Chokobo). Respecto al nombre, la maga ya lo tiene decidido hace meses; para ser más exactos, desde el día en que escucho a uno de los peores enemigos de Boxworld decirlo por primera vez.
- Te llamarás Midori – le dice y la mascota inclina la cabeza, mostrando algo de confusión - ¿Qué, no te gusta? – le pregunta, algo apenada, pero la mostaza criatura sacude la cabeza y se lanza hacia su nueva ama, lamiéndole el rostro, en señal de aprobación.
Segundos más tarde, Midori, Guzana y Chokobo caminan juntos por las calles de Boxworld.
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