lunes, 29 de noviembre de 2010

20 combos por amor y una encantación desesperada (Primera parte)

“Los Chasquis Mágicos” es una serie de culto en todo Boxworld; lleva más de veinte años en el aire y no tiene visos de cuando acabar. Temponautas de treinta siglos en el futuro nos indican que, de hecho, cuando ocurra la gran fusión de animaciones, luego de la batalla entre la Toeitsunoko contra la Wardisnelodeon; todos los dibujos estarán en un sólo universo (conocido como el “megaverso”) y ese será el de estos chasquis. Aunque, claro, ese futuro aún no es algo fijo (aunque sería genial).
Quispe, Mamani y Condorcanqui (Choquehuanca, según la traducción Europea) son los personajes principales de esta serie que trata sobre corredores incaicos que usan “genios” andinos para defender al imperio del Tahuantinsuyo. Todo esto queda explicado en la letra de su primer opening, el cual (luego de pagar los derechos de autor) reproduzco aquí.
Los Chasquis Mágicos
Lyrics: T.M. (Teófilo Manay) Revoluchon
Singer: Shorty
*Instrumental con quena*
De acuerdo a los amautas
Tres chasquis cambiarán nuestro destino
(Son los chasquis mágicos)
Ellos correrán y lograrán vencer al enemigo
(Por el Inti)
Con los poderes que ellos van a obtener
Lograrán vencer
La conquista de Pizarro
El futuro de los andes…
… Ellos decidirán
Quispe, Mamani, Condorcanqui, vencerán
Quispe, Mamani, Condorcanqui, lograrán salvar
A los andes, del mal
Corriendo juntos
Nadie los podrá derrotar
*Sólo de zampoña*
Justo eso es lo que Chokobo y Guzana cantan en el Karaoke otaku, en una de sus tantas salidas románticas.
20 combos por amor y una encantación desesperada
Dos tórtolos flotan entre las calles de Boxworld, envolviendo sus alas el uno sobre el otro, mientras cientos de corazones aparecen como burbujas alrededor de ellos. El amor que Guzana y Chokobo se tienen es tan intenso que atraviesa las barreras del espacio-tiempo, por lo que en todas las demás dimensiones de este infinito multiverso, ellos dos sienten, como mínimo, una gran amistad… Bueno, siendo sinceros, cuánticamente eso sería imposible, así que podemos afirmar (según un narrador omnisciente testigo del evento) que existe UNA sola realidad en la que ambos se odian y lo hacen con tanta fuerza que cuando no se juntan para odiarse, se deprimen, extrañándose hasta lo más hondo y sabiendo que no encontrarán un enemigo mejor.
Pero como ver a una parejita melosa no es nada divertido, la casualidad decide que es momento de una escena de ultra violencia y es por eso que, de uno de los callejones cercanos a la pareja, un gigantesco pulpo emerge con muchas ganas de almorzar.
Es un monstruo fácil, de esos que apalean por docena cuando están solos, pero aún así sienten miedo; una sensación irracional, casi instintiva y muy fuerte. No es que teman por ellos mismos, sino por lo que pueda pasarle al otro, por saberle lastimado, por la posibilidad de no volverle a ver. Y Es que, como pasa con cualquier pareja en el mundo, mientras más se ama a alguien, más grande es el miedo a su muerte, o lo que es lo mismo, separarse de su amor.
Pero eso ya no importa. Un enemigo está frente a ellos, la música de combate suena y es hora de pelear.
El monstruo tiene la iniciativa, así que lanza, sin dudarlo, sendos tentáculos a ambos rivales; Chokobo titubea, pues no sabe si logrará esquivar el ataque para sacar a Guzana del peligro o si quiere hacerlo, ya que siempre quiso ver una escena de lo Urotsukidoji en vivo. Luego de mucho pensarlo (tres microsegundos) decide ser un caballero y salvar a su chica (para no arriesgarse a ser luego golpeado en las partes nobles); es por eso que, a la par que da un salto, se transforma en el Macho Latino.
Contrario a lo que se pueda pensar, Guzana no destruyó al elemental Shounen que Chokobo contiene, sino que lo debilitó lo suficiente como para que su enamorado lo pueda controlar. Lo curioso es que en nuevo “Macho Latino” ya no tiene la espesa barba de antes (que la maga consideraba antiestética) ni los impulsos misóginos de su antigua versión; pero conserva la fuerza y agilidad de las que siempre hizo gala.
Guzana mueve las manos para crear un portal que teleporte a la criatura a otro sitio, pero para eso necesita el tiempo que Chokobo le compra con sus ataques al octópodo gigante. El macho Latino lanza pequeños machongan que desvían los tentáculos del área cercana a su chica, mientras intenta acercarse a la criatura para noquearla de un golpe.
El pulpo, cuya inteligencia superior le permite predecir el futuro (según aseguran algunos científicos españoles), adivina las intenciones de nuestro héroe y se centra en atacar a la maga, haciendo que Chokobo pierda tiempo salvándola y no pueda desmayar al octópodo.


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Quince años de soledad

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