A diferencia de lo que alguno pueda pensar, aquí en el Gremio atemporal de Narradores omniscientes (GR.A.N.O.), no sabemos todo lo que ocurre a través del tiempo y el espacio, sino que conocemos lo mismo que conocen TODOS en Boxworld justo ahora. En otras palabras, no sabemos lo que ocurrirá en el futuro, porque nadie lo sabe con certeza (considerando que es un tiempo, en exceso, cambiante); lo que si sabemos perfectamente es cada cosa que ocurre en el presente y pasado, pues son espacios temporales que el resto conoce a la perfección.
Claro está que hay interesantes excepciones a esto, como cuando un oráculo predice que algún protagonista de las tantas historias que se tejen en el universo otaku tendrá una gloriosa aventura o un catastrófico final (con lo que le da una oportunidad al héroe de cambiar su destino). Es en ese instante (y no antes) que los narradores omniscientes vemos lo que la pitonisa ve y sabemos lo que ella sabe, aunque no tenemos certeza de lo que (con el tiempo) hará el profetizado con dicha información. Lo mismo pasa cuando un temponauta cae en nuestra… ehm… línea de tiempo (valga la redundancia). De pronto, conocemos todo lo que hizo (o hará) en su vida y cómo llegó hasta aquí. Demás está decir que este último ejemplo no revela factores determinantes sobre el futuro, ya que la sola presencia del temponauta en nuestro “ahora” altera por completo el curso de los acontecimientos, modificando todo lo que ocurrirá.
Quizás los casos más interesantes, respecto al conocimiento del tiempo que sigue al presente, son aquellos en los que una persona, conociendo su futuro (trágico o no), decide no cambiarlo, ya que eso nos da una certeza del 50% de que algo ocurrirá (el otro 50% es la posibilidad de que el sujeto cambie de opinión a último segundo).
Tal es el caso de Friki-San.
Quince años de soledad
El asunto en cuestión empezó hace quince años, con el análisis que Okami le hizo al Hito-otaku que semanas antes inyectó con frikismo puro y del que extrajo a la Fujoshi Ayumu-tan. Ahí se descubrió que, a diferencia de todos los demás protagonistas de la dimensión otaku, Friki-san carece de una parte muy importante en su cuerpo: La glándula shoujo.
- ¿Glándula shoujo? – Preguntó Friki, apenas Okami lo mencionó
- Exacto – Respondió el Dr. Moetaku - es la glándula que te permite saber quien será el amor de tu vida; todo protagonista de Boxworld la tiene, porque todo héroe y villano en este mundo está destinado a una persona en especial
- ¿“Protagonista”? ¿Y los “extras” qué?
- No, ellos no tienen, loco
- Ya ¿Entonces cual es el problema? – Friki no entendió la importancia del asunto – O sea, los extras no la tienen y no veo que se dejen de enamorar por eso
- Eso es distinto… La vida de un protagonista es muy distinta a la de un personaje de relleno
- ¿Cómo así? – Friki ya había olvidado por completo que fue copia de Hito alguna vez
- Tenemos funciones distintas – Okami cortó en seco – Ahm… El caso es que es peligroso para ti enamorarte
- ¿Qué? – Friki no pudo creer la frase que el científico dijo
- Es que si lo haces, es probable que tus relaciones terminen en fracaso, ya que no puedes saber si la chica con la que estás es tu destino o no
- ¡Oh, vamos! – Friki se ofendió – No puedes decirme lo que puedo o no hacer… Ni que fueras mi padre
- Eh… – Moetaku casi le dijo la verdad en ese momento, pero recordó que toda su carrera dependía de que nadie supiera de sus experimentos – Mira, es casi seguro que las únicas chicas que se te junten sean disfuncionales, así que si o si, tus noviazgos acabarán MUUUUY mal…
- Pero también hay posibilidades de que me encuentre con el amor de mi vida, ¿No?
- Eh… S-Si… Hay una mínima posibilidad de que…
- Para mi es suficiente
- ¡Te vas a poner la soga al cuello!
- Neee… El que no arriesga, no gana, ¿sabes? Además ,¿Qué tan malo puede ser que me toque una “loca”? Podría ser divertido, ¿no?
Al oír esas palabras, todos los miembros del GRANO pusimos la palma de nuestras manos en la frente y negamos con la cabeza, diciendo “Yare, Yare”.
Ese fue el primer strike.
Pero siendo sinceros, hasta ese momento Friki tenía algo razón. Si no se arriesgaba, las posibilidades de encontrar a su chica ideal hubieran sido del 0%, en vez del 0.0001% con el que en ese momento contaba. Además, en algún sentido, el otaku tenía una ventaja sobre el resto de protagonistas, ya que podía darse el lujo enamorarse pensando, a diferencia del resto, que simplemente ve a alguien y cae rendido a sus pies.
Es probable que alguno se pregunte porqué pasa esto y la respuesta es más o menos esta: La glándula shoujo (también conocida como el apéndice de cupido), está alojada justo debajo del hemisferio cerebral que controla el sentido común y cuando una persona se encuentra con el amor de su vida (o sea, cuando la frecuencia subsónica que su glándula envía permanentemente, armoniza con la de otra), el apéndice estalla, afectando el cerebro momentáneamente y haciendo que deje de lado toda lógica posible. El lapso entre ver al amor de su vida y enamorarse perdidamente, varía según cada persona; podría ser de inmediato o tardarse un par de horas. Incluso hay caso en los que (ya sea porque la glándula tardó en reventar o porque no afectó del todo el sentido común) la pareja ha demorado AÑOS en enamorarse, lo que da pie a muchas de las historias más shoujo de este universo.
Bueno, dejando de lado esta pausa, es momento de seguir hablando del caso de Friki, que, un año después de la “fatal” profecía, se encontraba caminando por las calles de Lima-3, sin saber que a la vuelta de la esquina lo aguardaba su destino… Un destino con forma de mujer.
Capítulo anterior:
Este capítulo:
Waaaaaa, tenemos dificultades técnicas con el banner plomo. Solucionaremos esto en un par de días. De todas maneras, mil disculpas por las molestias.
ResponderEliminarFrikisan
yare yare - Shorty
ResponderEliminar