lunes, 20 de diciembre de 2010

Un mundo para Meryl (Primera Parte)

Una de las principales exportaciones del Boxworld es el Boxworld mismo; el mundo de la dimensión otaku es usado constantemente como escenario gigante de diversas producciones, como Naruto, cuyas temporadas de relleno son filmadas por completo en este planeta (de hecho, uno de los clones de sombra del Uzumaki vive en Villa el Salvador) o algunos RPG, como el que esta semana se está grabando y que ha hecho que TODOS los habitantes de Lima-3 no puedan dar diez pasos por la calle sin encontrarse con alguna criatura extraña (como dicta el contrato de los monstruos de la ciudad). Curiosamente, si bien esto causa muchos problemas y demoras, nadie parece quejarse, ya que, incluso el hito-otaku más gordito y tranquilo de todo el frikiverso, luego de tantos encuentros siente que ha subido, como mínimo, un nivel. Ni que decir de los monstruos, robots gigantes y demás criaturas que viven en este sitio, ya que se han visto bendecidos con un agradable aumento en su economía, gracias a este pequeño cachuelo como minions de role playing game.
Pero quizás, la más beneficiada con todo esto es Joshi Kankoku, la cazadora de Koreanitos, que por primera vez en mucho tiempo (tres meses desde el último RPG que se filmó) puede acosar… digo, ESTUDIAR, si, eso, ESTUDIAR a estas criaturas, tan extrañas como andróginas.
Un mundo para Meryl
Los koreanitos son una raza fascinante, equilibrio perfecto entre la masculinidad del shounen y la andrógina magia del yaoi. Es ampliamente conocido que si se llegase a inyectar más energía yaoi en una de estas criaturas, el ser sufriría un cambio radical, transformándose de inmediato en una mujer amante del Yuri. Lo que pocos saben, en cambio, es que si las fuerzas del shounen empapan al koreanito, este mutará de manera distinta, convirtiéndose de inmediato en un metrosexual. Para malestar de Meryl, estos últimos sólo se crean de manera artificial, aunque hay fuertes (aunque nunca respaldados) rumores de que puede encontrarse “Metrosexuales puros” en la naturaleza.
Como nota aparte, vale la pena mencionar que el término “coreano” es MUY distinto al de “Koreanito”; ya que el primero hace referencia al gentilicio de los habitantes de Corea, mientras que el segundo se refiere a las mágicas criaturas que habitan ciertas partes de Boxworld y se diferencian de sus contrapartes humanas por tener cabellos naturalmente peinados estilizadamente (de dos o más colores), rasgos asiáticos (ojos, color de piel e idioma) y orejas casi imperceptiblemente puntiagudas.
Los koreanitos son nómades, suelen viajar solos o en jaurías de cinco por las estepas de este cúbico mundo. Se alimentan de vegetales, dulces y los gritos de sus fans, que no pueden evitar organizarles conciertos apenas llegan a alguna de sus ciudades, creando así una fantástica simbiosis, ya que las fans se recargan de frikismo ante la presencia de estos andróginos seres.
Contrario al deseo de muchas (Meryl incluida), la reproducción en los koreanitos es enteramente asexual. Al igual que ciertas especies (como las estrellas de mar), el koreanito puede perder alguna de sus extremidades para que de esta adquiera forma “humana”, siendo copia fiel del “koreanito” original, aunque este puede optar por adquirir rasgos “femeninos” (pechos y caderas pronunciadas) para diferir de su “padre”; en caso inverso (de femenino a masculino) endurece ligeramente sus rasgos. En cualquiera de las dos situaciones, la criatura desarrolla órganos reproductores falsos, correspondientes a su género.
En el caso de los koreanitos “yaoizados” (véase, “chicas yuri”), la reproducción es similar; siendo la única diferencia, la presencia de otra chica que le apoye leyendo algún libro ritual (los más comunes son “Gravitation” o “Kuroshitsuji”).
Respecto a los metrosexuales, poco se sabe de sus costumbres reproductivas, salvo que son los únicos entre los koreanitos que permite la fecundación interpecie (copulando con pareja humana).
Por último, hay que denotar que el enemigo natural del koreanito es otra subespecie humanoide conocida como “metalero”; depredador por excelencia de criaturas con rasgos andróginos.
Pasadas las explicaciones, es momento de regresar al presente de Boxworld, donde Meryl está aprovechando la coyuntura de su mundo para buscar a una de esas criaturas fantásticas que alimentan las fabulas: El Androginus Musculatis Musculatis, El “Metrosexual puro”.
- ¿Qué demonios estamos haciendo? – Dice Gary (en modo Lumine), escondido en los arbustos
- ¡SHHHH! – Le calla Meryl, con ropa de camuflaje, filmando una jauría de Koreanitos a los que lleva días vigilando – Los vas a espantar
- ¡Pero si están ahí, haciendo coreografías! – Lumine, que hasta ahora no sabe por qué tiene que acompañar a su amiga a todos lados, señala a las cinco criaturas que bailan con maravillosa sincronía
- Se están preparando para la caza, es un ritual ¿Acaso no lo sabes? – Kankoku-tan parece ofendida por la ignorancia de su compañero
- Bueeeeno, yo no soy el experto en estas cosas, ¿sabes?
- ¡KOREANITOS! Se llaman “koreanitos” y son demasiado… Demasiado… ¡Kyaaa!
Apenas grita, las criaturas voltean y se percatan de la presencia de ambos. Inclinan el rostro, cantan unas palabras en coreano, dan unos pasos de baile, se alimentan de los gritos de Kankoku-tan y salen corriendo del lugar de la manera menos masculina posible.
Lumine ve eso y le parece hermoso.
- ¡Diablos, escaparon! – Se queja Meryl
- Pero fue perfecto… No, digo… Ahora si, dime ¿Qué se supone que estamos haciendo? – Gary se queja
- Vigilando a esos koreanitos vamos a descubrir el rastro de los metrosexuales puros, estoy segura de eso
- ¿Sigues con eso? – Los ojos de Lumine se ponen como plato, brillando en morado y blanco
- Toda la vida, o bueno, hasta que encontremos uno, ahora sigámoslos y cállate, antes que los espantes de nuevo
- Pero si tu fuiste la que…
- ¡SHHHHH!
Los koreanitos tuvieron una cacería exitosa; eso se demuestra escuchando los gritos emocionados de varias fans que se han reunido alrededor de la jauría, coreando sus canciones (la mayoría de ellas, covers de “Big Bang”).
Meryl lo ve desde lejos, pero sorprendentemente, decide no ir corriendo hacia el concierto y gritar desaforadamente (como le dictan sus impulsos), sino que se mantiene a una distancia prudente, observando todo a su alrededor.
- ¿Qué sucede? – Pregunta el antiheroico amigo de Kankoku-tan
- Escucha – Dice Meryl
- Sólo oigo las canciones de esos…
Gary calla, sus oídos acaban de captar unas notas que no pertenecen para nada al K-pop. “Setsugai, Setsugai, seyo!” parece sonar, aunque ninguna otra persona lo ha notado todavía.
Ambos lo saben, los metaleros están cerca del lugar.



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