De pronto, la tranquilidad del gran rey es interrumpida, cuando una chusma enardecida trae a un par de prisioneros para ser juzgados por la reina.
- Exigimos – Dice el líder de la turba – Que se castigue a estos infieles que atentan contra las leyes más sagradas de nuestra religión
- Eto… - Ayumu los mira, entre curiosa y aburrida - ¿No se encarga de eso el virrey? Tengo otras cosas que hacer, ¿sabes?
- No, mi Señora, el virrey no tiene poder para satisfacer nuestro pedido – Reclama el jefe de la muchedumbre – Estos dos han cometido una falta tan grave que sólo puede ser castigada con la muerte y es usted la única que puede darnos el permiso para ello
Ayumu se sorprende con la petición. Los neko-hitos son inmortales, a menos que Adriana decida quitarles el soplo de vida, cosa que DEFINITIVAMENTE no tiene planeada. Ella no soporta la idea de matar algo tan hermoso como un neko-hito, al punto que incluso inventó lo del destierro para que nadie exija asesinatos (de hecho, los exiliados no la pasan tan mal, cumplen condenas en cárceles apropiadas y con el tiempo se reintegran a la sociedad, en ciudades de exiliados); pero esta vez es diferente y no sabe exactamente que pasa.
- Bah, no me hagan perder el tiempo con peticiones estúpidas – Dice la reina, finalmente – Ahora lárguense de aquí, antes de que los mande a partir por la mitad
- Si ese es el precio a pagar para que se haga justicia, yo me ofrezco como sacrificio – El jefe de la turba se para frente a la reina y la mira con tristeza – Pero de que ellos deben morir, DEBEN
La fujoshi queda confundida. Ve al líder de la turba, un joven Seme de cabello blanco, que dice llamarse “Liam”, encorvando sus orejas de perro, y mirando con tristeza a uno de los prisioneros (rubio, con orejas de gato, de nombre “Namin”) y se da cuenta de que el canino actúa por despecho a un amor no correspondido. La reina observa a los prisioneros y se pierde en los delicados e infantiles rasgos de ambos (el otro prisionero tiene unas graciosas orejas de oso y cabello castaño y se identifica como “Mokun”); ve sus rostros, llenos de amor el uno por el otro y el miedo que tienen de morir.
Por un momento, está segura de que el “oso” es el Seme de la relación, pero un vistazo más detallado a sus gestos le revelan lo Uke que es; entonces mira al “gatito”, preguntándose si será un “Suke” (o sea, medio seme y medio uke), pero no, no tiene siquiera un gramo de masculinidad en él.
Adriana duda, pero poco a poco va entendiendo lo que pasa acá. Entonces, sin que pueda controlarlo, la verdad sale de sus labios:
“Homoyuri”.
La chusma contiene la respiración, como si hubiesen escuchado la más terrible de las infamias. El homoyuri es el amor yaoi entre dos ukes y por ende (según Ayumu), es doblemente yaoi y doblemente hermoso; por eso que no comprende la indignación de la turba y, definitivamente, no ve motivos para castigar a esos dos chiquitos que, lejos de la muerte, lo que merecen que los pongan en un café yaoi para que se amen libremente y les tomen fotos por toda la eternidad.
“Es parte de nuestra milenaria tradición” escucha que alguien dice, y la fujoshi se pregunta cómo diablos una cultura que tiene meses de creada puede tener “costumbres milenarias”; pero antes de poder decir su duda en voz alta, comienza a sonar una música por todo el palacio y cientos de luces psicodélicas inundan el salón del trono real. Por acto reflejo, todos alzan la mirada y se dan cuenta que, desde el altar, desciende lentamente el Rey Toth-oh y que la melodía no es otra cosa que un salmo de los ángeles de Erasure, “I love to hate you”.
Este capítulo:
.... (miro extrañamente) >.>
ResponderEliminarleonmathews
Lo peor es q entiendes todas las referencias.
ResponderEliminarFriki-san