Guzana y Chokobo siguen en el bus, sin hablarse, pero ahora ya no hay tensión; ambos están tranquilos y saben que no arruinarán el momento con una burda conversación; él mira a la ventana, pensando en el futuro, ella escucha su iPod despidiéndose de su pasado. Quizás se separen un tiempo, quizás se den el lujo de odiar, quizás se olviden por un lapso y luego, años más tarde, uno de los dos verá al otro por la calle y se saludarán, como amigos que se reencuentran luego de mucho, quién podría decir que no.
De pronto, el celular de Guzana suena y ella responde a un Hito-san extremadamente preocupado. Algo enorme está ocurriendo en Boxworld y sólo ella es capaz de descifrarlo. Sonríe al ver que nada a su alrededor ha cambiado, las aventuras siguen, el mundo no deja de girar. El bus se detiene en seco y Guzana sabe que debe bajar. Por un momento se sorprende de que su ex no la siga, pero se da cuenta que el destino de Chokobo está en otro lugar. Se acabó la ceremonia para ambos, sólo hay una sonrisa y un adiós. Apenas baja del vehículo, este desaparece del plano material, pero ella no siente miedo, sabe que así debe pasar.
El ritual de las explicaciones, el poner al día a la gente, el presentar al “nuevo” (o sea, a Oswin) y ver exactamente que diablos es esa cosa que está saliendo de la casa de Friki-san y se está comiendo medio Boxworld es algo que aquí en el GR.A.N.O preferimos resumir; si el Dr. Okami Moetaku estuviese presente, diría que la energía emocional acumulada en el portal creado por el ritual de Shoujo para que el muro emocional que es Friki-san pueda entrar al Heartworld, es equivalente a 75 veces la energía necesaria para que cualquier otro ser ingrese al mismo lugar; por ende, el portal creado está extendiéndose a su tamaño real, en dos arcos iguales y opuestos que terminaran por encontrarse en un solo punto, causando gran devastación… Pero como es Guzana la que explica, todo queda en “Se formará un corazón y se chupará Boxworld” y eso es suficiente para todos.
Marianne tenía preparado todo un intrincado plan para Friki, en el que había modificado el Heartworld para darle a su ex un memorable viaje del héroe en el que enfrentaría sus demonios internos, obligándole a aceptar que el cambio es bueno y que debe dejar ir algunas cosas, dándonos así una de las mejores sagas jamás escritas en Boxworld… Si no fuese porque las palabras que el otaku le dijo la hirieron tanto que acaba de mandar todo eso al diablo y ahora sólo busca partirle la madre al Friki. Es así que tenemos al ex de Shoujo, despertando de su inconciencia, sólo para encontrarse frente a una enojadísima Marianne, casteando un hechizo súper destructivo y MUY, pero MUY doloroso, en un extraño paraje que él no puede reconocer. Friki se levanta en seco, sólo para descubrirse convertido en un niño de seis años y, presa del pánico (mezcla del cambio en su cuerpo y la situación actual), sólo atina a levantar varios escudos para cubrirse del ataque letal.
El silencio antes de la destrucción, el ojo de la tormenta, la tensa calma. Todo queda reducido a esto, una simple pelea entre ex enamorados.
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