lunes, 19 de septiembre de 2011

El amor despues del Shoujo (3ra parte)

Guzana coordina con los chicos lo que tendrán que hacer. El Heartworld es un sitio agresivo, en el que sólo se puede entrar con una protección especial que ella les casteará (similar a la que le puso Marianne cuando la llevó, el día en que la convirtió en su avatar); sin esa protección, todos sufrirían una modificación temporal en el cuerpo que los dejaría del tamaño de su edad emocional (y hasta donde sabemos, ninguno es muy maduro en ese sentido). No sólo eso, apenas el portal absorba a una persona con mucha energía emocional acumulada, el crecimiento se acelerará, dejándoles con sólo…

- ¡¡¡¡LEEEEROOOOOOOOOOOOOOY JEEEEEEEEEEEEEKIIIIIIIIIIINS!!!! – Grita Oswin, lanzándose de frente al portal, sin haber escuchado palabra alguna
- ¿Que hace ese recon...? – Intenta decir Guzana, pero no logra terminar su frase, el acelerado portal la absorbe de improviso.

Felicidades, el Boxworld ya no tiene 10 horas de vida… Ahora le quedan 30 minutos. Creo que se va haciendo hora de que los muchachos del GR.A.N.O. nos mudemos a otra realidad.


El cielo del Heartworld, tan otaku como el del mismísimo Boxworld, decide que es momento de que “Blue” de Cowboy Bebop suene de fondo, como para el toque emotivo a Marianne, que deja escapar un par de lágrimas, mientras ataca a su ex, lanzando cuanto rayo arcano puede conjurar. El otaku se cubre con gruesos escudos de translúcido frikismo puro que sólo logran detenerla por unos instantes antes de reventarse en fragmentos acristalados y brillantes. El ambiente es tenso, nadie dice palabra alguna, no hay frases emotivas o pausas dramáticas, aquí es sólo quedará uno y ambos saben que deben ganar.

La maga arremete de nuevo, haciendo estallar orbes verduzcas cerca de Friki-san, mientras este las esquiva con torpeza. El ex de Shoujo se planta en seco y crea un escudo, no para cubrirse, sino para empujar a Marianne. Ella reacciona rápidamente y dispara proyectiles mágicos que revientan la barrera, forzando a la maga  a cubrirse de los fragmentos que se desprenden.

Friki aprovecha ese descuido y contraataca, encerrando a su antigua amada en cientos de paredes brillantes. Para Marianne, esto no representa mayor peligro y revienta los obstáculos, conjurando a la par un hechizo de viento que la proteja de los “cristales” de frikismo, comprobando el viejo adagio que dice que una misma técnica no funciona dos veces contra un guerrero.

La maga concentra el viento en un torbellino iridiscente y lo dirige hacia Friki con amargura total. Ya no es la niña traviesa que juguetea haciéndole cosquillas a los órganos internos de su ex; ella REALMENTE quiere dañar al otaku y hacerlo sufrir; su mente es un revoltijo emocional y todo lo que escucha en este momento son los gritos del otaku, su manera tratarla, su “No voy a cambiar y menos por ti”. Ella nunca ha estado tan segura de algo en su vida, Friki debe morir.

Esta situación es ridícula, ambos asumen ser los ofendidos y no se detendrán a dialogar; no se escucharán, no darán tregua, no intentaran olvidar. Ya está todo perdido, el mundo caja será devorado por el Heartworld y la ex pareja lo alimenta cada vez más.


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