Friki-San duerme placidamente en el piso de su cuarto, luego de dos días de insomnio (el primero pasando encuestas a una base de datos y el segundo tratando de escapar de la bigotuda profesora de Gary, la Srta. Pfoccohuanca ). La habitación está decorada con cientos de muñequitos colocados en decenas de estantes y el suelo está lleno de libros que el otaku devora en cuestión de horas. Justo ahora está durmiendo encima de su colección de “Mundodisco”, de Terry Pratchett; una serie de libros de la que se volvió fanático de inmediato, más que nada por sus relatos, con los que se identifica de inmediato y que encuentra de un realismo increíble (claro que hablamos a escala de Boxworld, donde ver monstruos gigantes mientras se toma café antes de irse a trabajar es cosa de todos los días).
El antiguo extra, imbuido con el poder del flujo universal de frikismo, sueña con mundos distintos y tan verdaderos como los de la dimensión otaku; sueña con un universo en el que la gente normal y los otaku comparten un solo mundo; sueña a sus amigos, personas normales que se conocieron en el Nippi (que curiosamente, en ese universo, no es el centro de poder tecnológico, sino un centro cultural japonés normal) porque querían aprender el idioma nipón.
Todos están sentados alrededor del Chiisai ki del Metro de Juan de Aliaga (que en ese universo no es más que un arbolito tipo palmera y no la fuente más grande de frikismo de Lima-3); un sitio que no está atendido por Hitos, sino por gente con rostro, tal y como pasa en el Normalworld. Ve a un Okami que no lleva su típica cabellera larga (que recuerda mucho a la de Carlos Marx), sino un cabello corto que lo hace parecer un personaje de serie ochentera. A un costado está Gary, incapaz de transformarse en Lumine, pero que habla de él como si ambos fuesen la misma persona. Cerca de Gary, Kaypaku habla con Chokobo sobre “One Piece”, mientras saltan, emocionados por lo que pasó en el último episodio. Ninguno de ellos da muestras de superpoderes o del uso de energía Shounen. Guzana, Meryl y Ayumu se ríen al verlos, pensando que ellos dos serían una linda pareja Yaoi, mientras comen unas papas fritas polleras que compraron en el supermercado.
Hito conversa alegremente con un tipo panzón, de lentes y cabello corto, demasiado viejo como para ser un otaku y que usa un peine como instrumento para cantar canciones de anime, adaptándolas al ritmo de cumbia. Friki lo mira, con extraña familiaridad, tratando de descifrar dónde es que ha visto antes esos rasgos. De pronto, escucha a Hito decir su nombre y el otaku descubre aterrado la temible verdad: Hito acaba de llamar “Friki” a aquel panzón.
Friki abre los ojos y se incorpora de su cama con un sobresalto. Mira a su alrededor y se da cuenta que sigue en Boxworld, que no está panzón y que su cabello sigue igual de estrambótico que siempre y agradece al frikismo por eso, rezando en dirección a Akihabara.
De pronto, algo atraviesa el techo de su cuarto y se estrella contra él. Cientos de golpes le caen en un segundo y sólo cuando escucha una voz conocida es que se da cuenta de lo que pasa. Es Chokobo, en modo Macho Latino que, presa de una ira ciega, le grita “Por tu culpa ha llorado Guzana” mientras lo vuelve a golpear.
Friki no entiende qué pasa, su socio y amigo lo está masacrando mientras balbucea algo sobre una gusana.
- ¡Nadie hace llorar a mi chica! – Grita el Macho Latino y su voz suena como si dos personas hablaran al mismo tiempo – ¡Guzana no es un objeto, es mi novia!
- ¿Q-Qué… de q-qué hablas? – Friki logra poner una débil barrera de frikismo a su alrededor y escupe sangre mientras habla
- ¡Lumine y tu la crearon! ¡Quisieron que fuera una esclava! – La voz de Chokobo se apaga y da lugar a otra, mucho más oscura y violenta - ¡Y por eso TE VOY A MATAR!
El cerebro de Friki trabaja a velocidad luz y ata cabos, mientras se esfuerza en mantener el campo de frikismo por al menos un par de segundos más. Recuerda que “Guzana” es el nombre del homúnculo que Lumine creo a petición suya, para que sea amiga de Chokobo; se acuerda también que tanto ella como su socio se enamoraron a simple vista y que se quedaron mirando Gravitation. Se da cuenta de las palabras de Chokobo y sabe que tiene razón.
- Cuando creamos a Guzana, no pensé en ella como un objeto – El otaku intenta explicarse, mientras el Macho Latino golpea su escudo, con fiereza – De hecho, iba a contarte todo apenas despertara. Quería que conocieras a una nueva amiga, alguien con quien pudieras conversar… No me di cuenta de lo machista de mi petición
- ¡No te diste cuenta! ¡Pedazo de imbecil! ¡Por tu estupidez, el amor de mi vida me va a dejar! – El macho latino destroza la barrera de frikismo con un puñetazo devastador
El ataque dañó dos veces a Friki, primero en su rostro, rompiéndole la nariz y segundo en su alma, haciéndole entender que una persona en quien confiaba le estaba haciendo eso.
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