miércoles, 12 de mayo de 2010

Capítulo 2: The Spy who ate Min Pao

- Algunos dicen que vivo en el pasado – Dijo el comandante Alec, o al menos eso es lo que cree Mark, despertando de su inconsciencia y maniatado con grilletes en una especie de mesa metálica en posición vertical.
Kaypaku Sugaota (Mark-san) mira el entorno; el reloj de la pared indica que sólo han pasado veinticinco minutos desde que su jefe lo llamó al despacho, veintitrés desde que llegó a la recepción y quince desde que recordó que había venido a hablar con Alec y no con la nueva hito-secretaria (que dicho sea de paso, estaba mil veces más linda que la anterior). Hace catorce minutos entró al privado de Alec, sólo para ser atacado de sorpresa y hace diez minutos fue dejado inconciente, luego de un breve forcejeo.
El agente Sugaota sacude su cabeza; se siente mareado, aunque el golpe que le dieron ya cesó de doler; las sienes le retumban, el brazo derecho le arde y, por alguna razón, siente que ya antes ha tenido la misma sensación. Un ruido molesto, como el de una trompeta mal afinada se cuela en sus oídos y es sólo luego de un rato que se da cuenta que el sonido incómodo realmente es la voz de Alec. Intenta concentrarse en lo que dice, se esfuerza por hacer que su mente recuerde lo que antes habló, pero todo es demasiado confuso, con demasiado vértigo, demasiado…
La memoria a corto plazo y el entrenamiento de Agente (que le permite recordar parcialmente cosas a las que no prestó atención) hacen lo suyo, aunque claro, con pequeñas fallas. Alec estuvo frente a él, inyectándole algo muy doloroso en el brazo; Alec estuvo en una esquina, Alec apareció en otro lugar; de pronto, el comandante de cuarto nivel estuvo en su escritorio, haciendo girar el cúbico mapamundi del Boxworld (este mundo no tendría ese nombre si no fuese porque es un planeta en forma de caja) y eso hizo a Mark temblar.
De niño, Mark había escuchado las historias que decían que si alguien tocaba uno de los bordes del mundo aparecería de pronto en el “404: File Not Found” de la dimensión otaku, un sitio al que algunos denominan “el cuarto con un alce”; nunca supo que significaba eso, pero le cogió un miedo extraño a los mapamundi durante toda su primaria; es por eso que ahora, como rezago de su trauma infantil, no puede dejar de sentir un escalofrío en la espalda al recordar cómo el comandante Alec pasaba sus dedos por los bordes de la maqueta mundial como si de nada se tratase… El agente Sugaota intenta enfocarse de nuevo al darse cuenta que ha empezado a divagar.
- Ni te molestes en escapar – Mark empieza a recordar que algo así dijo su jefe – Te inyecté uno de los venenos más fuertes del Boxworld, así que te quedan veinte minutos de vida… Veintiuno con treinta, si quieres ponerte exacto, pequeño traidor; tiempo suficiente para que me escuches, y te lleves a la tumba uno de los secretos mejor guardados de nuestra organización.
El agente Sugaota se sorprende de lo que dijo su comandante ¿A qué se refirió con eso de “Pequeño traidor”? Al instante se da cuenta de lo evidente; alguien dentro de la organización le dijo a Alec que es lo que Mark hace realmente y es que Kaypaku, aún cuando no lo aparenta, es en realidad un contra-agente encubierto del segundo nivel de la agencia de inteligencia de Boxworld, o sea, es un espía que espía a otros espías. Cuando Alec intentó fusilar a Okami (cosa que interfiere directamente con los intereses de la agencia), Mark no dudó en informar a sus superiores; seguramente, algún infiltrado lo delató y Jonathan Alec montó en cólera, buscando venganza.
Kaypaku maldice por dentro el que su fachada como agente menor se haya roto y siente algo de miedo al no saber que veneno el comandante le inyectó; rápidamente busca en su entorno alguna pista sobre eso y ve, en una esquina del escritorio de su jefe, una botellita en la que distingue perfectamente el nombre de la toxina que no es otra cosa que la letal “quilericina”… Y al verlo, Mark se esfuerza por contener una sonrisa en su interior.
De pronto, Sugaota se pregunta qué diablos planeó su comandante realmente; o sea, se sabe que todo Agente tiene un dispositivo quirúrgicamente insertado en la muñeca que lee los pulsos vitales del usuario y le avisa a la agencia su ubicación. Si el agente muere o le quitan el dispositivo, una horda de efectivos SWAT rodearían la zona en cuestión de minutos. Sería ridículo pensar que el comandante Alec olvidó eso, pero a Mark no le queda más que esperar un poco y ver que es lo que su jefe escondió bajo el telón.

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