jueves, 3 de junio de 2010

The spy who ate Min Pao (cuarta parte)

Lamentablemente, se tendrá que hacer una breve pausa, sólo para informar que a estas alturas de la narración, diez minutos pasaron desde que Alec inyectó el veneno en Mark y que este (sujeto a la mesa de metal cual espía de película) ya luce evidentemente cansado. Vale la pena mencionar también la notable cantidad de “Midori” que el comandante terminó mencionando hasta este punto de la historia, llegando a superar la CBD (cantidad bruta de “DESU”) de todo Rözen Maiden.

Aclaraciones hechas, será mejor continuar el relato.

Luego de un doloroso beso de despedida, Alec viajó. A veces (y aún cuando hace su mejor esfuerzo) una gran distancia no hace más que juntar a las personas, como fue el caso de Midori y Alec; ambos, estudiosos de ese gran tema que es el amor, sabían que mientras más tiempo y más kilómetros los separasen, más tierno sería el abrazo de reencuentro. Y fue por recibir ese abrazo que Alec jamás se desanimó.

Ya desde el primer día en la base militar de la Antartida, (lugar habitado sólo por criaturas salvajes y Geeks extremos que necesitan mantener en temperaturas bajas sus supercomputadores puestos en “overclock” y así poder jugar “Gears of War” en Windows vista) era evidente que el proyecto no sería juego de niños.

Junto a él viajaron varios otros efectivos, seleccionados por sus aptitudes físicas y su capacidad para armar estrategias bajo presión (en el caso de Jonathan, eso se reducía a empujar a quien lo atacase y ver por dónde salir corriendo hacia una trinchera amiga, pero esto no viene al caso). Tal y como se les explicó después, el objetivo del proyecto era empezar la aplicación de un modificador de ADN, desarrollado por el Dr. Okami Moetaku, que despertaría superpoderes latentes del efectivo que siguiese el tratamiento, convirtiéndole así en un “Súper Soldado”.

A decir verdad, los hito-científicos y hito-militares de la Agencia de Inteligencia de Boxworld (que fue a donde derivaron a Alec) no fueron del todo exactos. De hecho, se comieron las partes más interesantes del proyecto, esas que están tras bastidores y que hacen que incluso el boxworldiano más patriota del planeta se sienta avergonzado de su mundo.

Pero eso ya es otro cuento.

No, en serio, el GRANO ya contrató a alguien para que lo escriba.

Además, esta es la historia de Alec y se supone que en ese momento él no sabía nada de eso.

¡Ya, está bien, está bien! Lo que pasó fue que, si bien en la agencia nunca se enteraron de los experimentos con Frikismo que Okami hizo, SI supieron de su abducción a un poblador del Normalworld. De llegar a saberse, ese acto podría ocasionar una guerra entre mundos, a menos que el culpable fuese sancionado “adecuadamente” (dos penas de muerte más 5 cadenas perpetuas) y obviamente, la agencia de inteligencia de Boxworld (que, para acortar, en adelante será AIB) tenía el deber moral de arrestar al culpable… A menos que dicha persona se acogiese a la “colaboración eficaz” (En pocas palabras “O trabajas para la AIB o eres chivo expiatorio”).

Demás está decir que, cuando un efectivo de segundo nivel de La Agencia entró a los laboratorios subterráneos del Nippi y conversó con el Dr. Moetaku, este no dudó en convertirse en el colaborador más eficaz que jamás se haya conocido.

Y fue gracias a ese chantaj… a esa colaboración que el proyecto del Súper Soldado nació.

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