miércoles, 19 de mayo de 2010

The spy who ate Min Pao (segunda parte)

Se supone que aquí iba la parte en la que Alec contaba sus motivaciones para odiar al Dr. Moetaku,, pero la forma en que lo hizo es lo que en la narrativa moderna llamamos un asco (incluyendo sendos “Odio a Okami porque…” al inicio de cada frase, de una manera bastante anafórica); así que, a efectos de esta historia y por respeto al GRANO (GRemio Atemporal de Narradores Omniscientes), los hechos correspondientes al pasado del Comandante Jonathan Alec serán contados y resumidos desde una perspectiva de tercera persona. Disclaimer hecho, será mejor empezar.
- ¿Te vas a comer eso? – Le dijo Midori a su enamorado, señalando el min pao sobrante en la mesa
- ¿Tu qué crees? – Respondió el soldado (de permiso por el fin de semana) Jhonathan Alec, con una sonrisa boba
- Que me lo darás porque me quieres – La chica hizo un gesto similar a un puchero, sabiendo que Alec sería incapaz de resistirse
- ¡Demonios! ¡Por qué tienes que ser tan linda! – Alec tomó el min pao y se lo dio a su enamorada
- Porque así soy – Midori sacó la lengua y, acto seguido, devoró el bocadillo chino con rapidez
Al mirar a su chica, Alec no podía entender cómo tuvo tanta suerte; se consideraba un perdedor, había entrado al ejército porque no había otro “trabajo” donde lo aceptasen y aún después de tiempo, seguía siendo un soldado raso; no era lo que se dice “agraciado”, al menos desde su punto de vista y siempre se consideró torpe (en especial en su trato con las mujeres). Pero ahí estaba él, sentado al lado de la mujer perfecta, totalmente enamorado de ella y sabiendo que Midori le correspondía por igual.
Habían pasado un año y dos meses desde que se conocieron y Alec supo desde que la vio que había algo especial en Midori. Como en una novela de Milan Kundera, un conjunto de casualidades hermosas se juntaron una mañana de agosto he hicieron que ella y él tropezasen.
- ¡Ouch, fíjate por donde…! – Quiso decir Jonathan, pero las palabras se le atoraron en la boca
- L-Lo siento, yo… - Midori empezó, al tiempo que su voz se quebraba – Es que… Y la verdad… ¡Demonios! ¡No sé dónde estoy! – Ella empezó a sollozar como un cachorrito asustado
- Tranquila, n-no llore, S-Srta… – Dijo Alec, con un nudo en la garganta, como si ella le hubiese contagiado el llanto
- Midori – Poco a poco se fue tranquilizando – S-Significa “verde” en japonés, o bueno, al menos eso me dijeron
- M-mucho gusto, yo soy Alec – el muchacho se puso en posición de firmes y saludó militarmente, como burlándose de sí mismo – Soldado raso Jonathan Alec, a su servicio
- Siento lo de antes; lo que pasa es que no te vi – Se disculpó Midori – Estaba un poco distraída y… Eto… Es que soy nueva en la ciudad y… ahm… - la chica se ruborizó – La verdad es que no sé dónde estoy
- Ohp, ya veo – Dijo el soldado, muy confundido, al tiempo que miraba por primera vez el par de maletas que Midori arrastraba consigo
- Si quieres, puedo conseguirte un taxi que te lleve hasta tu … - Alec se interrumpió al darse cuenta que ella estaba mirando hacia abajo mientras juntaba la punta de sus dedos índices - ¿Algo me tinca que es más complicado que eso, ¿no? – preguntó Jonathan y Midori asintió, sin decir palabra, con el rostro cada vez más rojo y las mejillas infladas. Alec no supo qué decir y un silencio incómodo se apoderó de los dos… De pronto, la barriga de la misteriosa chica cortó el silencio cuando sonó – Eto… Q-Qué tal… Q-Qué opinas si… Uff… ¿Quieres comer algo? De paso que me cuentas un poquito sobre tu situación

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