miércoles, 9 de junio de 2010

The spy who ate Min Pao (quinta parte)

Bueno, es momento de regresar a la historia. La entrada de Alec en el tubo modificador de ADN significó, para Okami, la culminación de cientos de experimentos fallidos y anécdotas tristes; fue por eso que Jonathan (ignorante de todo lo pasado) sintió en el Dr. Moetaku cierto aire de solemnidad cuando este se acercó a los controles principales.
“Quiero que pienses en tu bocadillo favorito cuando empiece el proceso” le había dicho el notable científico al soldado, antes que este entrase en el tubo de grueso vidrio que lo habría de transformar. Según le explicaron, los poderes se activarían cuando comiese aquello en lo que pensó, convirtiéndolo en una especie de “Popeye”, pero más otaku. Le pidieron que dijese lo que quería comer y, por un momento, Alec se preocupó por no tener algo que le gustara más; de pronto pensó (casi con una sonrisa) que si se tratase de Midori, ella no hubiese dudado en gritar que el Min Pao la hacía vibrar… Y fue entonces que la respuesta se volvió obvia para él.
Momentos después (y ya con las salidas selladas), dentro del tubo modificador, una mascarilla conectada a un tanque de oxigeno externo bajó y Alec se la colocó, tal y como le indicaron desde afuera; se sorprendió al ver que dentro de la máscara había una pequeña muestra de Min Pao, y (ya que dentro del tubo había unos escáneres diseñados para detectar los cambios en su organismo) supo que tendría que comerla cuando el proceso al que se sometía tuviese final. Apenas le dieron la señal, el soldado cerró los ojos y empezó a sentir cómo una especie de fluido coloidal llenaba el sitio donde estaba y entonces soñó.
Se vio comiendo uno de esos panecillos junto a su amada, abrazándola mientras miraban juntos el amanecer. Se vio besándola con un beso “sabor min pao”, que era como Midori llamaba a esos ósculos de después de comer. Y se vio, de pronto, lejos de ella, hundiéndose en un suelo que se diluía como lodo, incapaz de salvarse y sabiendo que jamás la volvería a tocar.
Eso lo despertó.
Para su terror, descubrió que el fluido había empezado a colarse por la mascarilla y pronto lo iba a ahogar; afuera, las humeantes pantallas del control principal por unos momentos mostraban “proceso terminado” y por otros “falla terminal”. Los hito-científicos corrían de un lado a otro, presas del miedo y parecía que el edificio entero se iba a derrumbar. Alec entró en pánico y en lo único que puso pensar es que quería salir de ahí; rogó con todas sus fuerzas que el experimento realmente lo hubiese cambiado y, totalmente desesperado, acomodó la máscara para devorar el bocadillo que significaría su salvación.
“Como Popeye” le dijeron y él automáticamente pensó en fuerza superior, pero al golpear el vidrio con sus puños, lo único que logró fue causarse un intenso dolor. Golpeó más fuerte, hasta que sus manos sangraron, sabiendo que lo único que lo separaba de la vida y la muerte eran esos doce centímetros de distancia que tenía el grosor de las paredes del tubo de modificación. Pensó en Midori, en cuanto la amaba y cuanto la anhelaba abrazar. Se imagino saliendo de donde estaba, caminando unos cuantos pasos y volviendo a ver a su amada, con la que sea como sea se iba a casar. Sólo doce centímetros… Alec usó los hombros para tumbar la compuerta del tubo, sin éxito… Sólo doce centímetros… Se quitó la máscara, que estaba llena de fluido… Sólo doce centímetros… Midori lo esperaba al otro lado de ese infierno… Sólo doce centímetros… Y todo estalló.
“Alec… Alec…” Escuchó decir Jonathan; lentamente abrió los ojos y lo primero que vio fue el paternal rostro del Dr. Moetaku, que trataba de reanimarlo luego del mal sueño que tuvo durante el proceso de transformación. El laboratorio estaba en perfecto estado, con todos los Hito-científicos y hito-militares en su sitio, mirando al soldado con total estupefacción.
- ¿Q-Qué pasó? – Preguntó Jonathan, confundido
- Muchas cosas – Dijo Okami, muy animado – Lo primero, al parecer, entre sueños te comiste el Min Pao que te dimos y lo segundo, según todos nuestros registros, te acabas de convertir en el primer hombre que usa la teletransportación – Okami rompió los protocolos- ¡Qué recio! ¡Es demasiado bueno para ser verdad!
Eso no importó demasiado a Alec, que se quedó mirando el sellado tubo de modificación, lleno de ese fluido extraño que hasta sólo unos momentos lo cubrió. Suspiró para sus adentros, aliviado de que todo hubiese terminado y nuevamente se durmió.
Los test que siguieron a ese momento y las teorías que se sacaron de la nueva habilidad de Alec, dieron las bases para la actual teletransportación de Hitos, a la par que permitieron conocer los alcances y limitaciones de los poderes de Jonathan. Cualquiera que haya visto la película “Jumper” (o leído la novela de Steven Gould en la que se basó) podría saber más o menos lo que hace esta habilidad, que permite “saltar” de un punto en el espacio a otro, abriendo un “portal dimensional” pequeño alrededor de la persona (o personas, si él lo desea), siempre y cuando ese punto exista y el “jumper” (el que se teleporta) pueda verlo (aunque sea por foto) o recordarlo (como Goku cuando viaja a través del universo).
Fue así que, luego de un arduo entrenamiento con el nuevo poder de Jonathan y de su posterior nombramiento como miembro oficial del escuadrón del cuarto nivel de la agencia de inteligencia (con todo e inserción de dispositivo rastreador en la muñeca), al Agente Alec le dieron permiso de regresar a su hogar.
Era un veinte de octubre y ella estaba ahí; el barco que regresaba de la Antártida se acercaba al puerto y él estaba ahí. El mundo se hacía pequeño y ellos estaban ahí. Las ansias eran grandes y aunque la distancia aún era grande, sus corazones ya estaban ahí. Él bajó corriendo, ella lo vio y corrió también y estiraron los brazos para tocarse y ambos se juntaron para el abrazo eterno… Pero él ya no estuvo ahí.

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