Un detalle que Friki ignora de su ex, es que esa tarde de agosto, hace ya 15 años, luego del “mágico” primer encuentro con el otaku, Marianne se fue corriendo a buscar a su mejor amiga, Miluska, la elemental de shoujo, para contarle la buena nueva y decirle que pronto se acercaría el día en que ella tomaría su lugar como forma humana del shoujo, porque sabía que Friki era con quien debía estar.
La elemental, a pesar de sentirse alagada, rechazó el título, no porque no lo desease, pero ella misma había formado recién una familia y quería dedicarse a ella por completo. Marianne aceptó eso con resignación.
En otro lado de Lima-3. El Dr. Moetaku ponía el grito en el cielo al saber con quién se había metido Friki. “¡Por amor al Moe! ¡¿Cómo se te ocurre andar con esa loca?! ¿No sabes lo peligrosa que es? ¡Haruhi a su lado es Gandhi!”, advirtió el director en jefe del área científica del Nippi y sólo el poder kawaii de la colección de neko-maids que Friki le puso entre manos pudo calmar su desesperación. Luego de eso, entró en sus cabales y celebró con Friki su nueva relación.
Es curioso cómo algo que empieza con tan altas expectativas puede terminar en desastre y cómo dos personas que no podían dejar de verse, ahora sienten dolor al volverse a mirar. Y más extraño aún es cómo algo que significó tanto haya terminado y, a pesar de todo, el mundo no haya dejado de girar.
“¿Por qué me dejaste ir?”
En casa del otaku, el silencio sepulta cualquier intención de enfrentamiento. Friki intenta formular una respuesta a la interrogante de su ex, pero la ausencia de ruido es tan pesada que sella sus labios, luego de inútiles y ahogados balbuceos. Marianne nunca había estado tan nerviosa en su vida; no es malicia lo que la motivó a hacer la pregunta, sino genuina duda; hace quince años que trata de entender y nada en su lógica le da la respuesta. Daría lo que sea por entrar en la mente de Friki, por saber lo que piensa, por descifrar ese extraño acertijo que tiene frente a ella; él aún siente algo por ella, lo detecta claramente, pero decidió apartarla de su vida y eso le causa dolor. Definitivamente nada de eso tiene sentido.
Shoujo es una energía extraña, representa a la mezcla de sentimientos, pero no es capaz de entender la naturaleza humana; para ella, el amor de pareja existe o se esfuma e ignora que para cualquier ser vivo que ame, aún cuando su relación acabe, el sentimiento no morirá, sino que se irá transformando, disminuyendo con el paso del tiempo, sin llegar nunca a desaparecer; es por eso que le resulta imposible de creer que alguien siga “sintiendo” algo por ella, a pesar de los años que ya pasaron.
Pero una relación es de dos y el fracaso es compartido, al menos en este caso. Así tenemos a un Friki que se aferró siempre a la idea de que ambos “terminarían en dos meses”, como vio en esa profecía que apareció ante sus ojos cuando la besó y todo lo que vino después, toda esa mezcla de errores y confusiones fue sólo consecuencia de esa terca idea suya de que “es guión está escrito ya”.
Cada beso dado, cada poema dicho, cada momento compartido, todo, absolutamente todo tenía un matiz de tristeza, como si el otaku le dijese en su mente “Te amo, pero todo terminará”. Y aún así seguía, esperando el “giro en la trama” que le permitiese quedarse con la chica.
Pero ese giro no se dio.
Marianne sentía la melancolía y el miedo en su enamorado y decidió hacerlo reaccionar. Tenía que sentirse amenazado, tenía que luchar por su amor, tenía que enfrentarla y hacerle ver que NADA iba a poder arruinar su relación. Así sin decir algo, ni dar señal evidente, actuó. Se confió en usar su lógica en lugar de comprender el alma humana e intentó empujar a su novio a una reacción; le mintió, le robó, le fue infiel, le golpeó, cada vez más desesperada, sabiendo que apenas tenían 74 días para romper esa profecía que ella misma inició.
Si, ella misma trajo la maldición a su vida, pensando que a “su caballero de blanca armadura” no le importaría algo tan insignificante como el destino y juntos lucharían por un futuro mejor. Pero Friki no se movió. Aceptó cada cosa nueva, cada traición, resignándose a soportar los meses que previó en la profecía, sin saber que ella misma la había inventado y se tragó las humillaciones que su novia le dio.
La odió por eso, por el dolor que le causaba, por su crueldad, porque recién ahora comprendía que esa promesa de “hacerle sentir cosas que nunca sintió” con la que empezó todo, incluía la tortura de sus decepciones y los celos que le atormentarían el resto de la relación.
Y fue así que, poco antes de cumplir dos meses y medio, todo estalló. El resto ya es historia conocida.
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