lunes, 1 de agosto de 2011

Shoujo is a battlefield (1era parte)


Friki acaba de averiguar que Guzana y Chokobo se reúnen hoy para conversar. Un mensaje mandado a él por error le reveló que se encontrarán en el parque, así que el otaku comienza a cavilar un plan.
 Ya,hoyseencuentranalas2.30,noimporta,ellosllegantarde,iránalas4,nomeimporta,saldréalas12,paraganartiempo, el ex clon bordea los límites del acoso, creoqueloquehagoesilegal,nomeimporta,deboayudarlos; corre a su ropero, buscando algo que le permita disfrazarse convincentemente, ropanegraparapasarpiola,no,espera,esmuyevidente,tienequeseralgomás; titubea un poco y decide usar una camisa (algo que juró no usar jamás) y un pantalón blanco; luego va al espejo para ver si su fachada funciona, no,lefaltaalgo,aunparezcoyo,no,nofunciona,quéhago,demonios,yacasieshora; empieza a sentirse nervioso, Friki,calmate,piensa, respira profundo, cierra los ojos y, de pronto, tiene un chispazo, esoes,nadiesabrá,pero,demonios,chicos,nosabenlascosasquetengoquehacerporustedes y así, con todo el dolor de su corazón, se quita la apretada faja que usa, mostrando su notoria barriga y decide no afeitarse la espesa barba que adorna su rostro. Luego de dar el visto bueno a su camuflaje, coge un par de artilugios para espía que sacó de la tiendita otaku, va hacia la puerta y…

- ¡Demonios! – Dice Friki, al abrir la puerta
- No, sólo uno… Wow, mon Friki, realmente haz subido de peso – Le dice Marianne, que está frente a él, mirándolo, encantada

Es el 4 de octubre, hoy Guzana y Chokobo rompen.

Shoujo is a battlefield
Marianne está sentada en la sala del ex clon, luego de auto-invitarse a entrar, mientras come unas galletitas de mantequilla que ella misma trajo. Friki está en la cocina, sirviendo un par de tacitas del fino te inglés que su ex ha traído, hecho un amasijo de nervios. Quiere pelear con su ex; defender su casa, abogar por sus amigos, pero luego de 3 meses de tensión emocional, con todo lo ocurrido, el otaku ya casi no tiene cabeza para un enfrentamiento más.

El otaku se sienta al costado de su ex, coge también un par de galletas y las remoja en su té.

– Ya bueno, déjate de rodeos ¿Qué es lo que quieres? ¿Hablar del pasado? Por si no lo recuerdas, los flashbacks me producen mareos”
- No, Frikito – Contesta Shoujo – No es eso; sólo quiero preguntarte algo… ¿Por qué me dejaste ir?


Hito está sentado en la barra del Bar de los Corazones Rotos, pensando; hace unos días, sus amigos terminaron de rastrear a todas las “víctimas” de shoujo y descubrieron que casi todos los hombres, de una manera u otra, frecuentan ahora este sitio para ahogar sus penas. El vaso de sake que se pidió hace media hora sigue lleno y el rostro del extra luce centrado en cavilaciones y planes. En su cabeza repasa todo lo ocurrido y, al igual que sus compañeros, se da cuenta de la situación en la que está: Shoujo quiere que Friki cambie y hará lo que sea para eso, pero Friki le tiene fobia al cambio y se aferra tercamente a su forma de pensar; básicamente y tal y como escuchó en el set Saint Seiya alguna vez, es como si un cuerpo imparable se chocase con un objeto inamovible…

Y sólo puede terminar en desastre.

De pronto, los terribles pensamientos del extra son interrumpidos de golpe, cuando una extraña música comienza a sonar en el aire; “Love hurts” dice la letra y todos los presentes saben lo que eso significa. Hito apura el vaso con sake y hace un gesto de dolor cuando el líquido pasa por su garganta, luego se levanta, deja unas monedas en la barra y se camina hacia la persona que ha estado esperando; el hombre con Soundtrack incorporado: Oswin, el trágico.

Hito mira a Oswin, con ojos serios, mientras el hombre del soundtrack incorporado empieza su ritual de embriaguez diario. El notable extra se sienta frente al bebedor y pide un vaso de cerveza para acompañarle.

- No sabía que los extras también tenían mal de amores – Dice Oswin, con amargura
- Los extras también son personas – Responde Hito
- Entonces, supongo que has venido a sentirte mejor a mis expensas, como todos – El trágico personaje sorbe el dorado y amargo líquido de su vaso, mientras en el aire suena “Yo no puedo enamorarme de ti”, cantada por un ronco Joaquín Sabina

Hito guarda silencio por un momento, sin saber exactamente a lo que se refiere, pero en seguida se da cuenta de cómo los demás parroquianos de la cantina, fantasmas patéticos, atormentados por un mal amor, se quedan mirando a Oswin, como si esperasen algo de él.

- Creo que no eres como los otros – El hombre del soundtrack incorporado suena triste y tranquilo al hablar con Hito – tu no vienes a pedir, sino a dar
- Eres un hombre muy perceptivo – dice el extra – vengo a ofrecerte un poco de redención, para vengarte de la mujer que te arruinó la vida – Hito sonríe al ver la expresión del trágico y hace una pausa dramática antes de proseguir – vengo a pedirte que me ayudes a derrotar a Shoujo
- Quieres que me enfrente a la muerte de los ojos verdes, ¿no es cierto? – La respuesta de Oswin sorprende a Hito – ¿pero para qué? Si ya me quitó todo lo que quería amar
- Escucha…
- Shhh… No, muchacho, es momento de que tú escuches, al igual que todos los presentes, porque, como todos los días, les contaré mis fracasos en el amor

Al decir eso, todos en el bar acomodan sus sillas y, por una vez en su día, sonríen, sabiendo que, a pesar de sus lamentables estados, nadie es tan patético como él.

Y en el aire se escucha muy bajito a Pat Benatar diciendo “… Love is a battlefield”.

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