Guzana y Chokobo se sorprendieron al ver que los buses parisinos eran muy parecidos a de Lima-3 y es que el carro en el que subieron, uno blanco con franjas laterales doradas, tenía todas esas cositas que le daban a los autobuses de la capital peruana-3 su inconfundible estética “Kitsch/Camp” (o sea, su huachafería innata): Asientos malogrados, ventanas sucias, música a todo volumen (de Alizée, que según los expertos, es la Dina Paucar francesa) y un par de pegatinas con variopintas frases (tipo “je suis le pilot et Jesus est le copilot” o "ici sa cogne, la musique, le cobrador et le chauffeur"). La parejita se sentó al final del vehículo y miró a la ciudad; un Paris sin aguacero, al que (por culpa de Friki y su manía de obligarlos a visitar museos y demás) recién podían visitar a su placer.
El bus avanzó, lento. Guzana se quedó absorta con la belleza de la ciudad. ¿Cómo algo tan grande puso pasarles desapercibido hasta ahora? Se preguntó que otras cosas habría pasado por alto; que otros sitios, qué sabores, qué paisajes. Por un momento tuvo la necesidad de tirarse por la ventana, de dejar todo de lado, de vivir mil aventuras ella sola; total, ¿qué la ataba a un solo sitio?, ¿qué podía impedirle “volar”?
De pronto, unos brazos la jalaron de nuevo a este mundo, sacándola de su trance. Era Chokobo. Por un instante, ella lo odió.
- Ouch – Dijo él, aún abrazándola y apoyando el mentón en su hombro
- ¿Eh, qué pasa? – Preguntó ella, algo aturdida
- Mi glándula shoujo, cuando la reventaste debió doler – El socio de Friki sonrió al decir eso
- Si, ¿no? – Respondió Guzana – Alucina que nunca lo pensé – la radar de emociones hizo un gesto pensativo – “El amor duele”, así
- Algo así – Comentó él
Guzana recordó entonces: No podía volar, su destino era con Chokobo, la glándula shoujo así lo dijo.
Ninguno de los dos dijo nada más el resto del viaje, pero fue evidente que el paseo se volvió un poco menos feliz. Cuando bajaron del bus, nadie se percató que el cobrador olvidó pedirles el pasaje y, de hecho, los dos recordarían luego una sensación de haber pagado demás.
Se encontraron solos, en medio de la hermosa ciudad, mientras ese bus blanco-dorado se ponía en marcha. Chokobo lo observo irse (mientras Guzana se maravillaba con el paisaje) y le pareció curioso el escrito que tenía en la parte de atrás, “Le Destin”; aunque, claro, le fueron aún más curiosos los nombres del cobrador y el chofer de aquel bus: Tragedia Manchuria y Casualidad Gonzáles.
Para el 15 de septiembre, Hito ya estaba totalmente obsesionado con descubrir lo que la ex de Friki planeaba. Y no porque le importase su amigo, total, como ya lo había dicho cientos de veces, lo del otaku le parecía una actitud infantil, sino por esa curiosidad detectivesca que siempre tenía y que le impulsaba a resolver cualquier misterio ¿Qué había detrás de detrás del ridículo ritual, de esta actitud de mujer despechada que quiere forzar a su ex a amarla, sólo para romperle el corazón? ¿Qué era lo que, a su manera, quería decir realmente? ¿Por qué, de todas las parejas del mundo, escogió a Guzana y Chokobo como parte su ritual? Su instinto le decía que el motivo tenía que ver menos con molestar a Friki de lo que al principio pudiese parecer.
Y estaba lo que Ayumu había descubierto. De todas las parejas que tuvieron contacto con Shoujo, sólo la primera (Midori y Alec) estaba destinada a seguir junta. Según chequeos médicos generales, tomados de diferentes postas y hospitales comunes, las supuestas “víctimas” de Marianne siguieron siendo reportadas con “glándula shoujo habida”, años después de la intervención de la ex de Friki. Curiosamente, varias de las personas “afectadas” se casaron luego y viven felices hasta la actualidad.
El cerebro de Hito armó esquemas, tratando de saber que significaba todo esto. Esa idea de que “si Shoujo no hubiese intervenido, el mundo estaría mejor” le empezó a parecer una ridiculez y estaba seguro que las inseguridades de Friki influyeron en el juicio de okami y Mark (los únicos con los que había conversado de su ex). Se preguntó cómo hicieron la investigación los de la agencia, que pasos siguieron y si realmente se dieron cuenta de los hechos que ante ellos se presentaban o simplemente se dejaron llevar por la histeria de un jefe ya algo parcializado con el otaku mayor.
Revisó los expedientes. Fotografías de encuentros, grabaciones de calles ¿Será casualidad que todas las personas que hablaron con shoujo fueron mujeres? ¿O que de una u otra manera, terminaron siendo magas? No sabía si eso era algo importante o una pista falsa. Siguió mirando ¿Qué significaba que hubiesen más casos en Lima-3 que en otros sitios? ¿Por qué reaparecía en lapsos de entre 5 a 7 meses? Tantos cabos sueltos, tantas rutas que podían dirigirle a la nada y aún quedaba la misma interrogante de siempre ¿Qué es lo que Shoujo quería? ¿Qué planeaba la forma física de la manipuladora de emoción?
Emoción.
Emoción.
Emoción.
La respuesta le llegó como un zapatazo mental. De pronto sabía qué buscaba, cómo encontrarlo y a quienes preguntar. Shoujo no obedece la lógica de este mundo; si seguía ignorando eso, su plan jamás lo hubiese podido entender. Pensarlo como hombre era una ridiculez completa; para resolver esto, esto debía ver todo con ojos de mujer.
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