lunes, 13 de septiembre de 2010

Nihil Sine Lumine(Tercera parte)

Gary, escapando del mundo real y de la pelea que ocurre en este instante entre Lumine, Okami, Hito y Friki, sigue refugiado en el teatro de su mente. Está en el suelo del auditorio, sentado perfectamente en el centro de todo, abrazando sus piernas y apretándolas contra su pecho, ocultando el rostro entre sus rodillas para evitar que él mismo se descubra a punto de llorar.
Frente a él, la imagen del Paradise Lost se hace cada vez más vívida y comienza a adquirir profundidad y dimensión. Árboles de tronco negro y hojas moradas, sacadas de las fantasías más febriles de Tim Burton, empiezan a moverse al compás de un viento helado que transporta la nieve más blanca que se haya visto jamás. El suelo está completamente cubierto de esta mágica nieve, cuya nívea perfección es sólo interrumpida por torpes raíces de los oscuros árboles que, entre sus ramas, contienen (cada uno) un y sólo un fruto, tan brillante como rojo. Estos frutos, que a primera vista parecieran ser hermosas manzanas, al acercar la mirada, se revelan como esferas del vidrio más delicado jamás inventado y que contienen en su interior sangre de un rojo indescriptible.
De pronto, un “fruto” cae, manchando de rojo la nieve y, en la mente de Gary, un recuerdo se libera.
El teatro se transforma en un patio de recreo y empiezan a aparecer los actores en escena: Cuatro niños que rodean a Gary (aún sentado), riéndose de él.
- Oe, pavo, di algo – Escupe chillonamente uno de los chicos
- Di que sí nomás o ya fuiste – Dice otro, apoyándose en el hombro del primero
- ¡Ta’ mare! Ya mucho floro – Uno más alto y tosco que los demás empuja a Gary – Mira, baboso ¿Vas a darnos tu comida por las buenas, o qué?
- Mi mamá me la preparó… Es para mí y…
- ¡Ay, si! “Mi mamita me la preparó” – se burla el chico alto
Una risa generalizada rodea el teatro, risa que viene no sólo por parte de los actores, sino de una invisible audiencia que también se burla de las desgracias de nuestro protagonista.
- ¿P-Pero que voy a comer yo? – Dice Gary y de inmediato se arrepiente de su respuesta
- Esto – Dice uno de los niños, mientras le golpea el estómago; los otros lo golpean también y desde los palcos del teatro, se ve cómo el imaginario público le lanza piedras a Gary.
Nuestro protagonista perdido, llorando y muerto de miedo, sólo grita “Deseo que algo pase… Deseo que algo pase”, mientras su mundo interno se burla de él. Cada vez más risas, cada vez más golpes, cada vez más…
Entonces las luces se apagan.
Las voces callan.
Y un reflector se prende, iluminando a un hombre de largo y blanco cabello que se acerca a Gary para abrazarlo, mientras le dice “No temas, soy tu amigo, Lumine-San y te voy a salvar”.
Apenas dice eso, se cierra el telón.
Un rayo negro termina de reventar una de las ventanas del cuarto de Friki. Hace más de media hora que Lumine pelea contra los tres mejores estrategas de Boxworld y la contienda no decae. Al principio parecía que Okami, Hito y Friki no tendrían dificultades contra el villano, pero el exceso de energía emocional oscura en la habitación (que los tres están seguros, proviene de Gary) le da al melenudo albino una notoria ventaja.
- Él me necesita – Dice Lumine, mientras esquiva las balas que Okami le dispara
- No, Gary CREE que te necesita – Grita Friki, al tiempo que levanta un escudo de frikismo para absorber las bolas de energía negro-morada que el villano le lanza
- Retórica innecesaria – Lumine escupe sus palabras – El caso es que estoy ahí para protegerlo
- ¿Destruyendo el mundo? – Pregunta Hito, mientras lanza sus revólveres al aire y recoge otros de su estuche de guitarra, con los que, de inmediato, dispara
- Destruyendo a todos los que le hacen daño – El villano esquiva, al tiempo que saca tentáculos del suelo, con intención de golpear a los estrategas – Y ustedes lo están arruinando todo
- Salvar al mundo NO es “Arruinarlo todo” – Okami calcula perfectamente el sitio al que Lumine va cuando evita las balas de Hito y dispara, pero no cuenta con que el melenudo es más rápido que él y disuelve los proyectiles con un rayo de energía emocional
- Ustedes no tenían que estar aquí, idiotas – La energía oscura del albino es cada vez más fuerte y hace que el suelo tiemble -Ustedes son los únicos que NUNCA dañaron a Gary, debieron ser menos listos y sobrevivir
- Pero Gary no quiere eso ¿no? – Friki crea un campo luminoso para evitar que la energía emocional dañe a su equipo
- Por eso usó su talento para que me encuentren antes que hagas algo peor – Okami hace una señal a Hito y él se da cuenta de lo que planea Moetaku
-Él es un niño y no sabe lo que quiere – Lumine está furioso y eso se refleja en el salvajismo con el que lanza bolas de energía a sus rivales, mientras trata de tumbar la barrera de Friki con sus tentáculos – YO soy quien sabe lo que es bueno para él y lo que no – El villano tiene una mirada llena de odio – Destruiré a todos los que lastiman y usan a Gary
- Y para eso lastimas y usas a Gary… Claaaaaaro, tiene MUCHO sentido – Okami atrae la atención de Lumine, mientras Hito cumple con su parte del plan
- Es verdad… Por eso yo también debo morir – Dice el malévolo albino, sin percatarse de la jugada de Hito – Y con mi muerte, vendrá la de Gary, porque mientras siga en este mundo, siempre lo lastimarán… No dejaré que eso pase, yo se lo prometí
- ¡NO DEJARÉ QUE LO MATES! – Grita Friki, al tiempo que hace estallar su escudo, aturdiendo a Lumine lo suficiente como para que desaparezcan sus tentáculos. Okami y Hito aprovechan y se lanzan al ataque, buscando que uno sujete al melenudo, mientras el otro lo trata de noquear.
- Todo se terminó, Lumine – Dice Hito, atrapando al villano
- ¡SHINEEEEEE! – Grita Moetaku, poca distancia del extra, estirando su puño para golpear al enemigo
- ¿Así quieres que todo termine, Gary? – El villano sonríe, ignorando al resto y mirando hacia un punto en la nada - ¿Acaso quieres quedarte sólo?
El puño de Okami apunta al rostro de Lumine… Hito lo sujeta con más fuerza… El albino fija sus ojos en un rincón, como esperando respuesta y de pronto… ya no está.
Moetaku golpea a Hito en el rostro y lo deja tumbado en el suelo, mientras que en una esquina de la habitación, un temeroso Gary aparece y susurra casi sin voz…
“No.”

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