Chokobo decidió dejar sus temores de lado y miró a su novia, la que, para alivio del normalworldiano, le devolvió una mirada de arcano verdor; al tiempo que un grupo de victorianos, ataviados con blanquiazules polos, rodeaban al macho latino, que los miró pensando cual sería su próxima acción. Uno de ellos, agitando su chaira con cadena, atacó al avatar del Shounen, forzándole a detener el golpe con su antebrazo, que quedó enredado en el arma. Los demás aprovecharon la situación y, chaveta en mano, corrieron a apuñalar al combatiente. Chokobo giró la muñeca y sujeto la cadena con su mano, luego juntó fuerzas y jaló al enemigo que tenía al otro extremo del arma, haciéndole estrellar contra sus compañeros. Luego quiso cargar un machongan con sus manos, para abrirse camino a través del techo, pero un par de miembros del comando sur saltaron desde detrás de sus amigos caídos para asestarle un golpe a Chokobo, machetes en mano.
Los machongan de Chokobo no cargaban tan rápido como él deseaba y sólo atinaba a disparar aguadas versiones de ese poder. Se preguntó por qué su enamorada aún no había conjurado algún hechizo masivo, a sabiendas que la magia Shoujo sería más intensa por estar en París; sólo sabía que, al otro extremo de la habitación, Guzana estaba lanzando varios hechizos rápidos y que luchaba contra sus rivales con gran efectividad… No, efectivo sería que se hubiese dejado de piruetitas y conjurase un teleport masivo que se lleve de regreso a Perú-3 toda esa barra brava o que los sacase, a ambos, de ahí; al menos eso pensaba Chokobo. Mientras golpeaba a sus rivales, se cuestionó el por qué tenía que seguir en ese sitio; si Guzana tanto se estaba divirtiendo, ¿por qué no dejarla ahí, con sus “nuevos amigos”? Sería tan simple regresar a Lima-3 sólo, volver a hablar con su chica virtual (hace dos meses que no sabía nada de ella, porque desde que llegó a Paris se juró tratar de salvar su noviazgo) y tontear con ella hasta que algo pase… Pero no, se repitió a si mismo que Guzana era su destino, la glándula shoujo no se equivocaba, pensar otra cosa sería errar. Ella era demasiado buena, demasiado sincera, nunca le mentiría, nunca le ocultaría cosas y por eso él jamás le diría las dudas que tenía, a pesar de que eso lo estaba matando lentamente; sabía que ese era el precio por tener a la chica perfecta al lado y que ese era su castigo por serle infiel.
Ciertamente (y dejando las dudas y los burdos intentos de autoconvencerse de lado), ninguno de los dos sabía si estaban mejor juntos, pero les daba pánico el dejarse ir. Romper era admitir la derrota, decir que se ha fracasado, a pesar de que TODO señalaba que debían triunfar; la idea de no estar juntos y la incerteza de lo que vendría era por si sola un motivo extremadamente fuerte para seguir en lo mismo y ambos sabían que podían aguantar un poco más, si es que JAMAS volvían a admitirse que ya no confiaban el uno en el otro.
Y eso fue lo que esa noche hicieron ambos, luego de golpear a todos los barristas presentes y lanzarles un par de letales y poderosos rayos (uno de magia shoujo, rematado por un respetable machongan); se abrazaron, se dieron un beso y se prometieron no volver a pelear. Se juraron amor eterno y por un segundo sintieron que su decisión era la correcta, que no valía la pena seguir dándole vueltas al asunto y que si no tenían la certeza de la mentira, no había por qué seguir dudando y malogrando la relación, Nada se había resuelto, pero qué importaba, total, ambos seguirían juntos y eso era “genial”.
Esa misma noche, luego de patear a Friki por mandarlos a una muerte segura y decirle que ya todo se había resuelto, los tres regresaron a Lima.
Ya en el avión y cansado como estaba, el otaku se quedó mirando a la parejita, que estaba dormida, abrazada. Se sintió bien, sabiendo que ya todo había pasado y que el resto de sus amigos ya no tenía de que preocuparse… Excepto que durante todo este tiempo no les había avisado nada y nadie tenía idea de dónde estaban. Friki se dio cuenta de esto y, apurado, decidió entrar a su cuenta de Facebook, con el servicio de la aerolínea, para enviar un mensaje a todos. Evitó leer los cerca de doscientos mensajes que le habían enviado, sabiendo que la mayoría diría “¡dónde demonios estás!” y simplemente escribió en su muro: “Estamos bien, Hay ChokoxGuza para rato, llegaremos hoy a las 10 a.m ¡Qapla’!”.
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