jueves, 3 de septiembre de 2009

Capítulo 4: El bueno, el malo y los Otakus (Parte 1)

En un mundo tan extravagante como el boxworld, no es raro encontrar gente peculiar, pero el caso de Jorge es, por mucho, digno de estudio. Un análisis demostró que sus milicóndrias friki sobrepasan la escala promedio por cerca de un millón, por lo que es catalogado como una anomalía cuasi radioactiva, clasificado por los libros de ciencia de la dimensión otaku bajo el nombre de Friki-San.
Jorge no duerme desde hace tres días, se ha pegado una maratónica de Warcraft, intercalada con una sesión de alabanza al hentai cada seis horas (rezando a sus doujinshi mirando en dirección a Akihabara); para culminar leyendo la santa Biblia del comic moderno (o sea, The Watchmen)mientras llora nuevamente cuando Roscharch dice “And I’ll whisper NO”.
De pronto, el calendario de Saint Seiya le recuerda a Jorge que es lunes y debe ir a trabajar al NormalWorld (un mundo tan genérico que hasta Hito-San sería considerado “peculiar” en él); mira su reloj de Full Metal Alchemist, gritando “ghuy'cha' ” en perfecto(y muy lisuriento) Klingon al darse cuenta de lo tarde que es.
Y mientras en el Boxworld Friki-san lucha para acomodarse el traje-inhibidor-de-milicondrias-otaku/Portal-al-normalworld que los científicos le dieron para controlar un poco su poder (luego de varios otros experimentos fallidos); En el Normalworld, un muchacho con raras capacidades está soñando con el mar.
José no es como los demás, eso lo sabe bien; le interesan demasiadas cosas y todo en el mundo le parece fascinante; su mente viaja por lugares fantásticos, creados por su propia imaginación, a los cuales nadie más podría acceder; a pesar de sus ya 20 años, aún mantiene su alma de niño y desea secretamente conseguir un barco pirata para irse a navegar. Ese modo de vida (tan común en la dimensión otaku), hace pensar a la gente del aburrido Normalworld que a “Chokobo” (que es como José prefiere ser llamado) le falta mucho por madurar.
El día comienza para Chokobo a las 10.30 “de la madrugada”; luchando por pasar en medio del océano de latas de fanta, botellas de Tampico rojo y frascos de Sobe-Vida que se desbordan de su cuarto. Apura un par de panes que dejaron en la cocina y luego se prepara para ir a la universidad.
El microbús avanza lento por las calles de una gris Lima, mientras, en la radio, un hombre capaz de hacer que los cerros bajen, canta rogándole al viento que vuelva a ser como ayer. Chokobo mira hacia la ventana, distraído, pensando que la pista es un negro mar y el bus su barco pirata con el que conquista islas lejanas; sueña encontrar cofres de tesoro llenos de sabores de Fanta que el hombre no ha probado jamás; se ve como el gran capitán que derrota a sus enemigos en duelos de Dance Dance Revolution y Pump It Up en modo Nightmare. Pero el cobrador del carro lo saca de ese mundo de deseos, cuando le pide por enésima vez pagar su boleto.
Friki-San se pela de frío en el paradero, tuvo que llamar a su trabajo, avisando que no podría llegar en punto porque su madre se volvió a morir. Observa la calle, esperando a la P-1 para que lo lleve al estudio contable, pero se da cuenta de que algo en el ambiente anda mal. Casi en cámara lenta, su cabeza gira, siguiendo con la mirada a un ómnibus que pone en alto volumen una de Chacalón. Como si fuera una máquina detecta que en ese carro existe un ser con un poder friki casi tan fuerte como el suyo. – El frikismo es fuerte en él – Dice, mirando fijamente al dueño de esa energía otaku (que discute un poco con el cobrador) y reconociendo en Chokobo a su igual.
Un rápido reconocimiento de Stats le revela a Friki todo lo que necesita saber. El muchacho que acaba de pasar en el bus es realmente poderoso y sabe que con la guía adecuada, su potencial se puede explotar. No se molesta en perseguirlo, está seguro que, si realmente es tan otaku como piensa, sabe dónde lo hallará. Una sonrisa de satisfacción se dibuja en el rostro de Jorge, mientras la P-1 aparece en la esquina de la cuadra y el levanta el brazo para que se detenga y lo lleve a trabajar.

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FRIKI-SAN!
Nombre: Friki-san
Objetivo: Hacer al mundo un poco más friki, ser más friki que los demás
Obstáculo interno: Lo contradictorio de sus aspiraciones lo lleva a sabotearse a veces
Naturaleza: El mundo puede ser más friki, pero nunca tanto como yo!
Conducta: Chonguero y excentrico
Friki-San es casi tan competitivo como Kaipaku, aunque sólo se limite a lo friki; si bien por un lado desea que todos sean un poco más otaku, por el otro envidia a quellos que saben más q él y trata de derrotarlos informándose más o haciendo q se informen menos. Al ser el mayor de todos, suele sentirse viejo (aunque secretamente disfrute presumiendo su edad, ya q nadie le gana en eso). Atentando contra toda lógica, suele pasarse horas en Internet sin mirar porno, sólo leyendo frikadas en wikipedia y diversos foros. Es uno de los dueños de la tienda otaku del Boxworld.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Capítulo 4: El bueno, el malo y los Otakus (Parte 2)


En el capítulo anterior conocimos a Friki-San, un ser tan friki que necesita un traje inhibidor para regular su poder, además de una dosis de estadía en el Normal World.
También conocimos a Chokobo, un chico del Normal World con ciertas aficiones un poco más que extrañas... ¿Crees que estos dos llegarán a cruzarse en algún momento? ¡Habrá que descubrirlo! ¡A explorar el Box World!

6 de la tarde en el Normalworld. Si las sospechas de Friki son ciertas (y tratándose de algo otaku siempre lo son), sólo hay un lugar al que un friki con las características de Chokobo podría ir a descargar su fuerza. El Arcade de Marinapark.
Siete de la noche, hace una hora que Chokobo siente la imperiosa necesidad de ir a jugar DDR, pero le da flojera ir “porque poooooooota", como dice él. Finalmente el vicio puede más y coge su maleta (en la que no lleva nada, sólo que sin ella se siente desnudo) y se alista para salir.
Marinapark esta casi vacía a la hora en que José llega, en el DDR hay un par de niñas que fingen jugar (no pusieron ficha alguna y solo saltan como locas) y en el PIU esta un tipo de lentes, algo mayor, haciendo el ridículo, tratando de hacer una de las tonadas rápidas (Beethoven Virus) y se excusa por su falta de destreza diciéndole “Diablos, he perdido forma” a la nada. Chokobo esta a punto de sacar a patadas a las chiquillas saltarinas para ponerse a practicar, cuando el lentudo le dice, con voz exhausta “¿Oye, chico, quieres jugar las dos que me quedan? Realmente el cuerpo ya no me da”.
Un círculo se forma al rededor del bailarín, mientras destroza el pad del Pump It Up con sus pasos. Chokobo es un ídolo en ese instante, admirado por niños, que tratan de imitarlo torpemente y padres cuarentones, que se sorprenden de la agilidad de José, sin entender realmente de que trata aquel juego de baile. Sólo el lentudo agotado lo mira con seriedad, mientras José apoya su mano en uno de los barandales, impulsándose para pisar la pantalla, dar un giro de 360 grados en el aire y decender pisando los dos últimos pasos de su coreografía.
- Wow, si que eres bueno – Dice el sujeto de lentes – Pucha, hace una punta de años que no juego. ¿Cual es la más difícil ahora?
- Aaaaaaaala, tío – responde José y en su voz se nota un ligero tono de respeto/admiración por la respuesta que da – Es Beemera en nivel Freestyle R.I.P. Nightmare Another Mirror Service Pack 2 Vista con Glutamato Monosodico
- Ah, manya – Contesta con parquedad el “tío”, tratando de disimular su total ignorancia en el asunto - ¿Y puedes hacerla?
- ¡Hacerla, pe, weBon! – Se le escapa al bailarín; luego hace un gesto como pidiendo disculpas por el insulto involuntario – Lo siento… Oe, tío, esa es recontra yuca, hay que pisar los 10 pads al mismo tiempo… y es para UNO
- Uhm… Interesante. Te propongo algo, si la haces te regalo 10 fichas
- ¿K carajos? Tío, pucha, yo no le entro a cosas raras
- Nada, no es lo que estás pensando, pero con lo que he visto, me parece si la haces, además, ¿qué puedes perder? Pucha, si te paltea terminar matadazo, pus te doy un poco de mi agua… Ya mira, no tiene nada de malo, la tomo en tu delante… ¿Ves?
- Bueno, está bien, pero nomás porque hay gente de testigo
- Ya, ya, no seas malpensado, jajaja… Pero una cosa, algo que me ensañaron hace años, cuando juegues, piensa en aquello que más quieras conseguir en la vida y concentrarte más en eso que en la pantalla, te apuesto que ahí la haces
- Ehhhh… Ya, tío, si tu lo dices…
Aunque no cree realmente en lo que el tipo le dice, involuntariamente, la mente de José nada otra vez por el mar de su imaginación; se sueña dueño de su barco pirata, bailando PIU con un sombrero de Luffy de One piece en la proa, mientras sus bucaneros se emborrachan con Sobe-Vida. A lo lejos, otros piratas cantan canciones familiares, con un yohohohoo yohohohooo y una botella de ron y todos viajan a mil aventuras en lugares tan insólitos que ni siquiera Chokobo puede pensar cómo son. Pero ese febril imaginario es interrumpido de improviso cuando de la máquina de baile una frase empieza a sonar “A, I know you can!”.
Todos se han quedado en silencio, totalmente sorprendidos, incluso aquellos que José considera mejores en baile que él; sin darse cuenta, acaba de moverse a una velocidad increíble, pisando todos los pasos del funesto Beemera, sin siquiera derramar una gota de sudor; su precisión y destreza fueron casi inhumanos y su despliegue de habilidades sólo podría ser comparado con las de Kaypaku en el boxworld; pero eso al bailarín no le importa, porque lo único que pasa por su cabeza ahora es una simple pregunta: “¿K carajos…?”
- Felicidades, chico, ahora sé realmente no me equivoqué – Dice el lentudo, con gesto satisfecho
- ¿De qué estás hablando? No, espera, primero ¿Cómo diablos hice eso? – Grita Chokobo, asustado de si mismo
- Eso es algo que siempre has podido hacer, sólo que recién ahora se te ha dado la oportunidad de intentarlo
- ¿De qué estás hablando?
- Pequeño padawan – Dice solemne el tipo, levantando la mano como quien imita a un Sith – Existen poderes que la gente del Normalworld consideraría “Innaturales”
- ¿Podré aprender esos poderes? – Pregunta José, entendiendo perfectamente la parodia
- No de un “Normal”
Ambos ríen, rompiendo al fin el resto del hielo que existía y más relajado, José dice:
- Primero que nada, Oe, tío, soy Chokobo – Estira su mano para saludar – Weno, me llamo José, pero todos me dicen Chokobo, recién me doy cuenta que no me había presentado
- Ohp, es cierto, discúlpame también; a mi me dicen “Jorge”, pero mi verdadero nombre es Friki-san – Estrecha la mano y al soltarla se inclina un poco, a la usanza del saludo japones
- Jajaja, Bueno Friki-San ¿Qué fue lo que pasó aquí exactamente?
- Jalaste un poco de energía otaku del Boxworld para romper la barrera del tiempo y presionar varios botones a la vez; me preocupó un poco cuando generaste una ligera paradoja, pero en tu tercer loop infinito lo corregiste
- ¿Ah?
- Que bailaste rápido porque eres friki ¬.¬
- Ah, manya… No entendí
- ¿Has visto X-men?
- Claro
-Ya, algo así, pero más otaku
- Ahhhhhhhhhhh… ¿Pero por qué me estás diciendo todo esto?
- Weno, al igual que yo, eres un friki y quiero ayudarte
- ¿Ayudarme? ¿Por qué?
- Por los patas
- ¿Qué?
- Porque eres mi amigo
- ¡Pero si acabamos de conocernos!
- Ayayay, Chokobo, no seas n00b, los frikis no se conocen, se reconocen… Ya bueno, no hay que hacerla larga, hazme la taba un toque
- Aguanta ¿A donde vamos?
- Ala, si que eres preguntón
- Es que te haces el interesante, pe
- Ya, bueno, tienes razón, nos vamos al Boxworld, el lugar donde se hace realidad todo lo que cree tu imaginación…

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¡Felicidades!
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CHOKOBO-SAN!

Nombre: Chokobo
Objetivo: Tener un barco pirata, ser pirata
Obstáculo interno: Siente que no tiene el apoyo que desea para lograr sus metas, ya que todos piensan que está bromeando; es adicto a la bebida
Naturaleza: El mundo es un mar de aventuras
Conducta: Amable, calmado y excéntrico a la vez
Su dependencia por la bebida (Fanta, Vida y Tampico Rojo) le hace gastar todo su dinero y nunca logra ahorrar para comprar su barco pirata e irse a la mar. Debido a lo peligroso de su adicción, los empleados del Metro de Pershing retiran los productos mencionados de las repisas para evitar así que muera de una sobredosis en su local. Es uno de los dueños de la tienda otaku del Boxworld. Sus frases frecuentes son “la puta maaaaaaaaaaaaaaare (el castillo en el cielo)”, “Oe, tío…”,243” y “¿k carajos?”