domingo, 24 de abril de 2011

Triste canción Shoujo (Sexta parte)

El sólido mechón del rostro de Guzana no puede ocultar el verde brillo de su ojo (el color de la magia de Boxworld), mientras un portal arcano comienza a crecer en medio de la nada, a la altura de la cabeza de la radar de emociones, cuando ella recita el “Poema del castigo random”; un hechizo imposible de trascribir que sirve para arrojar objetos aleatorios a un enemigo. La maga lo elige, no tanto por su efectividad (ya que a veces lo único que bota son almohadas o plumas), sino por su rapidez; algo que necesita ahora que macho latino está a punto de atacar.

No han pasado ni dos segundos desde que la maga empezó el conjuro, cuando, violentamente, salen disparados del mini portal los primeros objetos contundentes. Chokobo mira con asombro cómo se le avecinan cientos de tenedores, cucharas, platos, tazas y demás vajilla que no duda en esquivar, a la par que destruye algunos con discos de energía shounen, los mismos que se alimentan del poder de su Fri-ki.

El verde brillo en los ojos de Guzana se intensifica y una serperteante masa, entre metálica y aporcelanada, sale del portal, para sorpresa de Chokobo, que apenas puede cubrirse para recibir el impacto de lleno. Cientos de artículos domésticos se estrellan contra el acurrucado cuerpo del Macho Latino, que es ahora una bola de loza fina.

Una luz azulada se cuela por entre los agujeros que deja la cristalería y la masa estalla, volviéndose una nube de polvo. Cuando el viento la disipa, la figura del Macho Latino se revela y en su mirada se refleja la furia interior. Quiere devolverle el ataque a su novia, pero cuando lo intenta, ella se teleporta metros en el aire, cosa que confunde a Chokobo aún más, no tanto por la acción hecha, sino porque, por una fracción de segundo, le parece ver un brillo violeta en los ojos de su chica, como si su “truco” no hubiese venido de la magia arcana, sino de un poder más peligroso: El de la energía emocional.

Pero antes que el normalworldiano pueda pensar algo más sobre eso, la radar de emociones, por medio de una lluvia de cubiertos y vajilla, arremete contra él. Obviamente, unos simples platos no se compraran en nada al poder del Macho Latino que, por reflejo, gira sobre si mismo para luego juntar sus manos, formando entre ellas un rayo de energía que dispara contra Guzana. Al mismo tiempo y sin que chokobo se percate, un cuchillo ha logrado escapar del rango de su ataque y se dirige directamente hacia él, para golpearlo en un punto letal.

De pronto, el Macho Latino se da cuenta de lo que está haciendo y se desconcierta. Intenta contener el rayo disparado, pero la energía es demasiado fuerte como para hacerla menguar. A su vez, Guzana se ha percatado del mortal proyectil que se clavará en Chokobo e intenta advertirle de su error. El impacto de ambos golpes es inevitable y ambos se estrellan…

En los escudos que Friki creó.

Guzana y Chokobo miran a Friki y este los mira con reprobación. La pareja se sorprende al ver que Shoujo se ha ido, pero más se impactan cuando observan lo que el Otaku carga entre sus brazos. El ensangrentado cuerpecillo de Midori tiembla y la mirada de la cachorra expresa profundo dolor.

- Una pregunta y ustedes se desmoronan – Escupe Friki – Una sola y estúpida pregunta
- Friki… – Dicen ambos, con vergüenza
- Ella ganó – Corta el Otaku, en seco – Vino, hizo lo que quiso y huyó – El socio de Chokobo trata de contener el nudo en su garganta – Y mientras ustedes peleaban por nada, casi matan a la única criatura que piensa que vale la pena protegerlos
- …
- Es curioso, hace casi un año que la tienen, pero recién ahora sé lo noble que es

El otaku mira con ternura a la mascota y luego coloca su mano en el cuerpo del animal. El amarillo brillo del Frikismo puro se cuela por los dedos del ex de Shoujo, al tiempo que cura las heridas de la cachorra.

- Ahora adiós – Dice Friki, dejando en el suelo a la totalmente sanada Midori y dándole a los dos novios
- ¿Qué? – Dice Chokobo - ¿Cómo que “Adiós”?
- Shoujo ha ganado, en cualquier momento funcionará el ritual – El otaku se aleja lentamente
- ¡Espera! – Grita Guzana – No ha ganado todavía, seguimos estando juntos ¡Mira! – La radar de emociones toma la mano de Chokobo a la fuerza
- Pero tal y como están, no durarán otra semana – Friki se para en seco, pero sin voltear a ver
- ¡NO! – Dicen ambos – Tiene que haber algo que podamos hacer
- Hay una cosa, pero deben prometerme que harán todo lo que les diga
- Lo que sea – Dice Chokobo
- Haremos todo lo que pidas – Completa Guzana
- Perfecto – Friki se voltea, algo más animado – Preparen maletas y díganle “hasta pronto” a Lima-3, muchachos, Tío Friki les dará un viaje romántico con TODOS los gastos pagos, como para recordarles qué es el amor – El otaku les quita los celulares, casi como en broma y los apaga – Pierdan sus celulares, chicos, que nadie más en el mundo importa, sólo que estén juntos los dos

Ambos se miran, sin saber que decir.


Okami y los demás llegan al paradero del chiisai ki, pero ya es muy tarde; ni Guzana, Chokobo o Friki están a la vista y no saben cómo diablos decirles todo lo que el servicio de inteligencia del Boxworld ha averiguado de Shoujo, de cual es su plan malvado, ni cómo explicarle al otaku que nada de lo que piensa de ella es verdad.

Este capítulo:


Próximo capítulo:

lunes, 18 de abril de 2011

Triste canción Shoujo (Quinta parte)

El otaku sacude la cabeza, parece la magia de su ex debió afectarle de más, porque justo ahora le parece ver una mota de pelos saltando de un lado a otro de la calle, en dirección a él. No no está imaginando, realmente hay una bola peluda que rebota por las paredes, ganando así más velocidad, hasta que, con precisión letal, se estrella contra Shoujo varias veces antes de rebotar por los aires para estirarse y cobrar otra forma: la de Midori, la perrita que hace un año encontraron Guzana y Chokobo.

Midori, presintiendo que algo malo pasaba con sus amos, vino corriendo desde la casa de Chokobo, sólo para encontrarse con una Shoujo que ha hecho que sus dos papás adoptivos se pongan a pelear. La cachorra, peleonera como sólo ella puede serlo, se lanzó al ataque, usando sus mejores técnicas, con la esperanza de romper cualquier tipo de hechizo que les esté poniendo Marianne.

Shoujo, sorprendida, observa a esta cachorra que le sostiene una mirada llena de odio y, como sabiendo lo que el animal piensa, asiente y prepara un conjuro para contraatacar. La mascota esquiva el primer rayo que Marianne le lanza y luego carga un hechizo, lo que hace que sus ojos tomen el típico brillo verde que las magas del boxworld tienen cuando invocan su magia interior.

Marianne bloquea la verde-blancuzca energía que sale de la boca de la cachorra con un escudo de luz lleno de runas extrañas y vuela por los aires, tratando de escapar. Midori no se lo permite; se lanza con furia hacia Shoujo y mordisquea sus ropas, jalándola hacia atrás. La ex de Friki responde y mueve sus dedos para conjurar. La cachorra es más lista que eso y, adivinando las intenciones de su rival, la sacude, en pos de quitarle la concentración.

Y mientras Midori y Shoujo se masacran, Los avatares del shoujo y del shounen siguen gritándose entre ellos cosas que se estaban callando desde hace tiempo, en una discusión que ya dejó de ser por “el mundo” o “ellos” y que se ha transformado en un “Por qué no puedes ser lo que deseo yo”.

- Y ni siquiera me valoras como persona – Dice Guzana – Siempre piensas que no me puedo defender
- ¡Sabes que no es verdad! Lo que quiero es protegerte – Dice chokobo
- ¿Tratándome como si fuera una niña?
- Es que eres mi niña
- SOY UNA MUJER

Friki está desorientado, sin saber que hacer; él, uno de los mejores estrategas de todo Boxworld, se encuentra incapaz de pensar correctamente y sabe que Shoujo lo tiene donde ella quiere, asustado y confundido por lo que Marianne representa para él… ¿O no? No, no es eso, es una sensación distinta, mucho más profunda y dolorosa. Nunca en toda su vida había sentido tanto miedo; ni cuando Ayumu convirtió a todos en Neko-Hitos, ni cuando Lumine Noir casi lo mató. Se queda viendo cómo se gritan Guzana y Chokobo; los mira, despertando cientos de malos recuerdos con Shoujo y descubre lo que más teme no es la idea de volver con su ex. Lo que más teme es que sus amigos terminen de la misma manera en que él y “Maguian” terminaron, que se repita la historia, que sientan el mismo dolor que sintió alguna vez.

Entonces, decidido a evitar el aciago sino, se jura a si mismo que hará todo lo que esté en sus manos para que siempre se amen y es por eso que, sacando fuerzas de donde no tiene, se levanta, en pos de ayudar a Chokobo y Guzana.

Pero lo que Friki no sabe, es que, en el plano metafísico, ambos ya subieron al bus del destino y que justo ahora, el Sr. Tragedia Manchuria se les acerca para cobrarles el pasaje, mientras Casualidad Gonzáles pisa el acelerador.

Un rayo, que no se sabe si viene de Midori o de Shoujo, cae cerca de ellos, golpeándoles con su explosión y ambos se miran, sorprendidos, dejando inmediatamente de gritar.

Un malentendido.
La confusión.
Cada avatar pensando que fue el otro quien ha disparado.
Y se separan, preparándose para la lucha, poniéndose en posición.


Este capítulo:
Parte 1

lunes, 11 de abril de 2011

Triste canción shoujo (Cuarta parte)

Friki no escucha las llamadas a su móvil, no sólo porque la picazón en los órganos (que la diabólica Marianne acaba de causarle, sólo porque se le dio la gana) le distraiga, sino que, de por sí, no lleva consigo el celular. Hace unos días, un conocido diario local puso, por error, su número telefónico en lugar del de un famoso chamán (El Gran Naraku, le dicen), así que medio Lima-3 lo estuvo llamando para pedirle amarres, que le devuelvan al ser amado y demás sortilegios de ese tipo. El otaku, a pesar de pudrirse en plata (es asesor externo del Servicio de inteligencia de Boxworld, además de contador en el Normalworld; aparte, tiene la única tienda de artículos Friki en dos mundos y es Chino Farmer en sus ratos libres), es endemoniadamente tacaño y prefiere tener apagado su antediluviano celular (de esos que pesan 3 kilos y parecen un bloque de tetris) y esperar a que la gente se canse de llamar, antes de tener que comprar otro.

De eso se dan cuenta todos los que, reunidos en la grisácea cantina de Pueblo Libre, intentan llamar inútilmente al otaku.

Al menos eso les da una buena excusa para salir corriendo del lugar. Así que, sin dudarlo, emprenden la fuga, en pos del incomunicado Friki.

El tipo del vaso quebrado le da un mordisco a su copa, cortándose la boca, como pasa todos los días; un borracho se pone a su costado y le pide otra copa al cantinero, que quiere olvidar ese dolor; uno más grita que está muy triste y tiene una pena, sufriendo la cruel condena de no besar, de no tener a su amada entre sus brazos y otro ebrio más se les acerca para contar sus penas, cuando de pronto llega él.

Si el cielo de Boxworld tuviese rostro, en este momento estaría atónito, ya que una música suena al paso del misterioso sujeto que entra al bar; una música que el firmamento del mundo otaku no ha escogido, sino que se desprende del desencajado tipo; una melodía cantada en un español tan mascado, que más que letra, lo que tiene es un atentado verbal, con palabras que son casi como damnificados de un terremoto lírico y que, aún así, no dejan de ser desgarradoramente hermosas.

Sólo basta decir que los sobrevivientes a esa preciosa catástrofe musical se juntan para decir “Lloré y lloré y juré que no iba a perderte…” para darse cuenta que es Bon Jovi, cantando en español.

El tipo con soundtrack incorporado se sienta en una de las mesas, con la mirada más apesadumbrada y turbada del mundo y la mesera, sintiendo pena por él, se le acerca y le dice, sin pensarlo, que la olvide, que ella nunca lo amó, mejor sería olvidarla y así será mejor. El de la copa rota también se le acerca y le da una palmada en el hombro, compadeciendo su dolor; el de los cinco ases, el de las moscas, incluso el que quería beber y beber hasta morir, todos se juntan para mirarlo, sabiendo que nadie ha sufrido tanto como él.

Y es que todos estos tipos se reúnen siempre en la misma cantina para sentirse bien, sabiendo que hasta aquí acude la única persona que ha sufrido más que ellos en el amor: Oswin, el trágico.

Friki está pasando el peor momento de su vida, retorciéndose en el suelo, totalmente inutilizado, con una picazón generalizada en el bazo, riñón e intestino delgado; todo gracias a la magia despechada de Shoujo. La ex no ha tenido reparos en explicarle a los dos, con lujo de detalle, su intrincado plan y cómo es que ha esperado cerca de quince años para poder finalizarlo, ante la mirada atónita de Guzana y Chokobo.

- Bueeeeeeeeeeeno, mon petit Chokobo, ma petitte chatte, es el momento de la verdad – Dice Shoujo
- Danos todo lo que tengas – Responde el normalworldiano, elevando su Fri-KI y transformándose en el macho latino, listo para atacar
- Todas las brujas del mundo usan la misma poción… - Recita Guzana, preparando su conjuro
- Les haré tres pruebas y eso será todo, mes amis – Marianne sorprende a todos con sus palabras – Si las superan, me olvidaré de Friki y jamás volveré a molestarlos, pero si no pasan alguna, ya pueden imaginar lo que pasará
- Échalas – Contesta la pareja a la vez, con decisión
- Voy a destruir el mundo en cinco minutos, a menos que rompan – Shoujo sonríe malévolamente – Así que tendrán que decidir: El Boxworld o ustedes

Ambos se miran y sonríen, sabiendo lo que deben contestar y hablan a la vez.

- El mundo – Dice Chokobo .............. - Nosotros – Grita Guzana

Shoujo comienza a reír.

Friki observa, impotente, cómo su ex manipula a sus amigos y sabe perfectamente lo que seguirá.

- ¿El mundo? – Dice Guzana, mirando a su enamorado - ¿Acaso no te importa nuestra relación?
- Pero no habría relación si no hay mundo – Responde Chokobo
- ¡Pero si estás diciendo que vamos a sacrificar nuestra relación! – La radar de emociones levanta un poco la voz
- Pero siempre hay maneras de volver a estar juntos, pasaríamos algunas pruebas y luego… - El portador del macho latino trata de sonar calmado, pero empieza a morir de nervios
- ¿Acaso crees que es un juego? – Guzana se exaspera más – ¿Que cortamos y luego volvemos y así? ¿Arriesgarías nuestra relación sólo por que crees que nada saldrá mal?
- ¡Pero si nada va a salir mal! Además, ¿Qué relación existiría, si todo Boxworld es destruido?
- ¡NUESTRA RELACION que es real y existe ahora!
- No puedo creer lo que dices, el bien de unos por el mal del resto
- ¡Aich! Sabes que no dije eso, a veces te pones en un plan tan infantil
- ¿Infantil yo?

Por un segundo, Friki mira la escena y no ve a Guzana y Chokobo discutiendo, sino que se observa a si mismo, diciendo casi las mismas palabras frente a una Marianne cada vez más loca.

- Trae recuerdos, ¿no? – Dice Shoujo, apareciendo al costado de Friki – ¿Recuerdas cuando teníamos momentos así de románticos?

Friki no puede responder, pero su mirada aterrada revela claramente que si.

Este capítulo:

lunes, 4 de abril de 2011

Triste canción shoujo (Tercera parte)

En “El Bar de los Corazones rotos”, que está en “El pueblo de los solitarios” en Pueblo Libre, seis personajes que conocemos de sobra se reúnen para conversar. Luego de ponerlos al día sobre los sucesos, Okami y Kaypaku coordinan con Hito, Lumine, Kankoku-tan y Ayumu, que están sentados en una enorme y vieja mesa, tratando de esquivar las bolitas de madera apolillada, botada por el mueble cada cinco minutos.

Alrededor de ellos se distingue la figura de uno que otro parroquiano, ebrio hasta la última hebra de cabello. El de la izquierda bebe de un vaso tan desquebrajado, que es físicamente imposible que se mantenga junto; el de al fondo, en un estado más allá del alcoholismo, abraza su botella, jurando que toma para no enamorarse y se enamora para no tomar. Casi pegado a la puerta, uno más se levanta y le dice al cantinero que llegó el que trae las cervezas, exigiendo que le sirvan más trago para beber hasta morir.

- ¡Argh! – Se queja Meryl (Kankoku-tan), muerta del asco – ¿Por qué tenemos que venir aquí?
- Este es un punto estratégico – Responde Kaypaku – Es tan deprimente y falto de amor que es imposible que el Shoujo entre aquí
- ¿Pero no podemos ir a otro sitio? – Replica la protectora de koreanitos
- Ya estamos aquí – responde Moetaku, tratando de no sonar fastidiado – Así que no
- Pero, ya pueeees - Kankoku capta perfectamente el atisbo de incomodidad de Moetaku y planea explotarlo, sólo para animar un poco las cosas
- Shoujo es experta en bromas pesadas, ¿sabes? – Lumine se apresura, saliéndose del tema, para distraer el impulso bromista de Meryl
- ¿Ah, siiii? – La atención de Kankoku-tan es captada de inmediato
- Eh… S-si, si la detenemos, podríamos hacer que te enseñe un par de cosas – Ayumu se mete en la conversa, tratando de evitar otra queja de su compañera
- Entonces, ¿vamos a meternos en otra lucha épica? – Kankoku-tan luce entusiasmada
- No – Dice Hito, para sorpresa del resto

Por un momento, un silencio incómodo invade al grupo. La gente no sabe exactamente a dónde mirar.. Uno de los parroquianos maldice su suerte, diciendo que los cinco ases que sacó (en un juego con dados curiosos que tienen figuras de naipes en vez de números), le recuerdan cinco fracasos que tuvo en el amor. Otro cliente, rodeado de extrañas moscas, ya ni siquiera bebe, sólo quema fotos y quema cartas de su ex, para no verla más.

- Disculpen que lo diga – comenta Hito, con objetividad – Friki es nuestro amigo, de eso no hay duda, pero me parece que está sobre-reaccionando ¿Acaso lo que Shoujo hace nos afecta? ¿Acaso es peligroso para el mundo? – Todos lo miran, impactados – Lamento sonar egoísta, pero todo esto me suena a que Friki quiere que movamos cielo y tierra sólo para no tener que ver a su ex – La gente se mira las caras, sin saber qué decir
- Eso pensé también – Responde Kaypaku – Hasta que me puse a investigar
- Verán – Complementa Okami – Shoujo ha traído desgracia al mundo desde hace más de diez años…
- Destruyendo relaciones de personas que hubieran hecho del Boxworld un lugar mejor – Kaypaku saca un sobre de su maleta – O que al menos, de seguir juntas, no hubieran causado tanto daño

Kaypaku saca un par de papeles del sobre, con lo que la agencia averiguó hasta ahora del caso (los resultados de la investigación recién se los dieron ayer) y les muestra a todos los nombres de la primera pareja que shoujo separó. Al ver las palabras impresas, todos se quedan en shock y, ya sin dudarlo, deciden tomar parte en la acción.

El bar está cada vez más lleno. Un marinero con su capitán entran a la cantina. Un borracho brinda por “ella”, su botella. Uno más bebe un vaso de cerveza con una foto en su interior.

Los nombres en el archivo son los de Jonathan Alec y Midori Villón.

Este capítulo: