lunes, 27 de junio de 2011

No se puede vivir del Shoujo (8va parte)

El 29 de septiembre, Friki estaba sentado en la banca de un parque, mirando cómo Midori saltaba. Hacía sólo unas horas, había conversado con Chokobo, tratando de darle seguridad.

- Tío, ya fue… – escuchó Friki en su cabeza, recordando lo que dijo su socio – Creo que me odia
- Cholo, pon de tu parte – Susurró el otaku para si, como si conversase con el normalworldiano, mientras Midori se colaba entre sus piernas
- Ya no puedo, en serio… – el ex clon hizo un gesto exagerado de desagrado, detestaba la voz quejumbrosa de su amigo – Ella lo sabe, seguro lo sabe
- ¿Saber qué? ¿Acaso se lo has insinuado? – Preguntó Friki a la nada y se preparó para decirle “Imbecil”

Chokobo era el avatar del Shounen, en su forma transformada era el Macho latino y como tal, sentía la necesidad de verse rodeado de mujeres, de seducirlas, de hacerlas suyas. En su forma normal, no era tan distinto tampoco. En su naturaleza, tenía partes de él que querían enamorar a cuanta mujer se le cruzase en el camino, pero el normalworldiano siempre luchó por controlar eso; es así cómo ideó que, la mejor manera de menguar sus impulsos, sería teniendo una que otra novia virtual; una chica que jamás vería y con la que nunca habría contacto real; una relación falsa que salvaría la verdadera, pero que, técnicamente, seguía contando como una infidelidad.

Estuvo así durante meses, hasta que la culpa le forzó a contarle a Friki la verdad. Este se comprometió a hablar con Guzana, poco antes del aniversario de la pareja, pero por alguna razón que Chokobo no supo, su amigo no pudo hablar con la radar de emociones antes de la esperada reunión. Es por eso que Friki se preocupó por el ataque paranoico de su amigo ¿Le habría confesado todo? ¿Se lo habría dicho de forma brutal?

- No… – Contestó el normalworldiano – Pero hay algo… No sé, es como que ella… y yo… ahm… tu sabes… hace semanas que…
- …Que no hacemos “cositas”… – Completó Friki, imitando la manera en que Chokobo lo dijo
- … Creo que voy a cortar con ella… – Terminó de decir el normalworldiano, en la mente del otaku
- ¡No seas imbecil! – Gritó el socio de Chokobo, parándose de inmediato y sintiendo suerte de ser el único en el parque a esa hora; Midori se le quedó mirando, mientras inclinaba la cabeza – Tío, esa flaca te quiere y tu también
- Pero no funciona… Creo que me va a cortar en cualquier momento…
- ¿Y por eso quieres cortarla primero? ¡Eres un idiota! – Midori saltó de inmediato al rostro de Friki y lo empezó a lamer, para calmarlo; el otaku se dejó caer en el suelo y volvió a hablarle al imaginario normalworldiano, mientras acariciaba el pelo de la cachorra – Tío, sólo quiero que lo pienses bien ¿Qué es peor? ¿Estar a su lado o lejos de ella?

El recuerdo de Chokobo quedó en shock y se fue pensativo, tomando los boletos para el baile victoriano que Friki le ofreció (y por los que el otaku había arruinado a otra pareja).

- Sabes que no va a funcionar, ¿no? – Le dijo su conciencia, reflejada en los ojos de Midori, a Friki
- ¡Bah! ¿Tú que sabes?
- Sé que tarde o temprano van a romper – Dijo el reflejo, muy tranquilo - Ambos tienen secretos y no creo que puedan lidiar con ellos por mucho tiempo; tarde o temprano, ambos van a explotar

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lunes, 20 de junio de 2011

No se puede vivir del Shoujo (7ma parte)

Guzana y Chokobo se sorprendieron al ver que los buses parisinos eran muy parecidos a de Lima-3 y es que el carro en el que subieron, uno blanco con franjas laterales doradas, tenía todas esas cositas que le daban a los autobuses de la capital peruana-3 su inconfundible estética “Kitsch/Camp”  (o sea, su huachafería innata): Asientos malogrados, ventanas sucias, música a todo volumen (de Alizée, que según los expertos, es la Dina Paucar francesa) y un par de pegatinas con variopintas frases (tipo “je suis le pilot et Jesus est le copilot” o "ici sa cogne, la musique, le cobrador et le chauffeur"). La parejita se sentó al final del vehículo y miró a la ciudad; un Paris sin aguacero, al que (por culpa de Friki y su manía de obligarlos a visitar museos y demás) recién podían visitar a su placer.

El bus avanzó, lento. Guzana se quedó absorta con la belleza de la ciudad. ¿Cómo algo tan grande puso pasarles desapercibido hasta ahora? Se preguntó que otras cosas habría pasado por alto; que otros sitios, qué sabores, qué paisajes. Por un momento tuvo la necesidad de tirarse por la ventana, de dejar todo de lado, de vivir mil aventuras ella sola; total, ¿qué la ataba a un solo sitio?, ¿qué podía impedirle “volar”?

De pronto, unos brazos la jalaron de nuevo a este mundo, sacándola de su trance. Era Chokobo. Por un instante, ella lo odió.

- Ouch – Dijo él, aún abrazándola y apoyando el mentón en su hombro
- ¿Eh, qué pasa? – Preguntó ella, algo aturdida
- Mi glándula shoujo, cuando la reventaste debió doler – El socio de Friki sonrió al decir eso
- Si, ¿no? – Respondió Guzana – Alucina que nunca lo pensé – la radar de emociones hizo un gesto pensativo – “El amor duele”, así
- Algo así – Comentó él

 Guzana recordó entonces: No podía volar, su destino era con Chokobo, la glándula shoujo así lo dijo.

Ninguno de los dos dijo nada más el resto del viaje, pero fue evidente que el paseo se volvió un poco menos feliz. Cuando bajaron del bus, nadie se percató que el cobrador olvidó pedirles el pasaje y, de hecho, los dos recordarían luego una sensación de haber pagado demás.

Se encontraron solos, en medio de la hermosa ciudad, mientras ese bus blanco-dorado se ponía en marcha. Chokobo lo observo irse (mientras Guzana se maravillaba con el paisaje) y le pareció curioso el escrito que tenía en la parte de atrás, “Le Destin”; aunque, claro, le fueron aún más curiosos los nombres del cobrador y el chofer de aquel bus: Tragedia Manchuria y Casualidad Gonzáles.


Para el 15 de septiembre, Hito ya estaba totalmente obsesionado con descubrir lo que la ex de Friki planeaba. Y no porque le importase su amigo, total, como ya lo había dicho cientos de veces, lo del otaku le parecía una actitud infantil, sino por esa curiosidad detectivesca que siempre tenía y que le impulsaba a resolver cualquier misterio ¿Qué había detrás de detrás del ridículo ritual, de esta actitud de mujer despechada que quiere forzar a su ex a amarla, sólo para romperle el corazón? ¿Qué era lo que, a su manera, quería decir realmente? ¿Por qué, de todas las parejas del mundo, escogió a Guzana y Chokobo como parte su ritual? Su instinto le decía que el motivo tenía que ver menos con molestar a Friki de lo que al principio pudiese parecer.

Y estaba lo que Ayumu había descubierto. De todas las parejas que tuvieron contacto con Shoujo, sólo la primera (Midori y Alec) estaba destinada a seguir junta. Según chequeos médicos generales, tomados de diferentes postas y hospitales comunes, las supuestas “víctimas” de Marianne siguieron siendo reportadas con “glándula shoujo habida”, años después de la intervención de la ex de Friki. Curiosamente, varias de las personas “afectadas” se casaron luego y viven felices hasta la actualidad.

El cerebro de Hito armó esquemas, tratando de saber que significaba todo esto. Esa idea de que “si Shoujo no hubiese intervenido, el mundo estaría mejor” le empezó a parecer una ridiculez y estaba seguro que las inseguridades de Friki influyeron en el juicio de okami y Mark (los únicos con los que había conversado de su ex). Se preguntó cómo hicieron la investigación los de la agencia, que pasos siguieron y si realmente se dieron cuenta de los hechos que ante ellos se presentaban o simplemente se dejaron llevar por la histeria de un jefe ya algo parcializado con el otaku mayor.

Revisó los expedientes. Fotografías de encuentros, grabaciones de calles ¿Será casualidad que todas las personas que hablaron con shoujo fueron mujeres? ¿O que de una u otra manera, terminaron siendo magas? No sabía si eso era algo importante o una pista falsa. Siguió mirando ¿Qué significaba que hubiesen más casos en Lima-3 que en otros sitios? ¿Por qué reaparecía en lapsos de entre 5 a 7 meses? Tantos cabos sueltos, tantas rutas que podían dirigirle a la nada y aún quedaba la misma interrogante de siempre ¿Qué es lo que Shoujo quería? ¿Qué planeaba la forma física de la manipuladora de emoción?

Emoción.

Emoción.

Emoción.

La respuesta le llegó como un zapatazo mental. De pronto sabía qué buscaba, cómo encontrarlo y a quienes preguntar. Shoujo no obedece la lógica de este mundo; si seguía ignorando eso, su plan jamás lo hubiese podido entender. Pensarlo como hombre era una ridiculez completa; para resolver esto, esto debía ver todo con ojos de mujer.


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lunes, 13 de junio de 2011

No se puede vivir del Shoujo (6ta parte)

Era el 2 de Septiembre y el ex clon saturado de frikismo estaba frente al espejo. “Demonios”, pensó y miró la espesa barba de su rostro con fastidio. Sintió ganas de desviar la mirada hacia abajo, pero la sola idea de tener que enfrentarse a su crecida barriga lo incomodó demás.

Sabía que tendría que volver a afeitarse, como cada ocho horas lo hacía y sabía que tendría que ponerse la faja, como todos los días, a pesar de que su camisa ya no era capaz de esconder aquel paño sujetador. Friki quería negarse a lo evidente, ya no era el jovencito de 22 años que, hasta hace poco, había sido; el muchacho que comía de todo sin que su organismo le fallase; el lampiño “niño genio” de la estrategia boxworldiana. El paso del tiempo al fin le cobraba factura: Friki había cumplido 26.

A través del espejo, el otaku vio el desorden de su habitación. Una máscara victoriana que había conseguido hace unos días colgaba de una ventana, mientras un panfleto de teatro (de los que repartieron cuando la parejita fue a ver la obra) se esforzaba por no quedar perdido entre kilos de ropa sucia arrinconada en otro extremo del cuarto de hotel.

- Soy Friki-san, tengo ventise… DOS, tengo ventidos años – El otaku se repitió si mismo
- Esa nadie te la cree, ¿sabes? – Respondió el reflejo, el ex clon no pareció sorprendido – Vamos, admite que ya no eres el mismo
- ¡No hay orden en el cambio! – Friki-san se exaltó – Todo debe ser como siempre ha sido
- ¿A esto le llamas orden? – Dijo el hombre en el espejo, señalando el caos de la habitación – Ya ni siquiera puedes mantener el orden en tu propia vida
- ¡Eso es mentira! Todo está saliendo como debe, todo es normal
- Me lo dice el tipo que habla consigo mismo en el espejo
- Eso fue bajo
- Y vamos, eso de “todo está bien” no se lo digas a uno de los más grandes genios de este planeta ¿Acaso no has visto cómo están tus amigos ahora?
- Felices, se quieren; como debe ser
- ¿Como debe ser? ¿Estás hablando en serio?
- Claro, Guzana es avatar de Shoujo y tiene un romance, es lo correcto; Chokobo es avatar del shounen, tiene a su mujer; el universo funciona perfectamente
- ¿Así que es por eso que creaste a Guzana?
- ¿D-de qué hablas? La creé porque pensé que Chokobo se volvería malo si no tenía novia, como pasó
- ¿Y cómo podías saber eso? ¿Tu paranoia? Tu plan de contingencia siempre contra el macho latino fue por si él se salía de control, no por si perdía a su novia
- ¿Y que tiene que ver?
- Que para ti, el de que Chokobo no tuviese novia rompía tu esquema de “El shounen DEBE tener chica SIEMPRE” y  no lo soportaste
- No es cierto, yo sabía, vamos, soy un genio estratega, ¡cómo no saberlo!
- ¿Te estas excusando conmigo? Friki, soy tu consciencia, no me puedes mentir; no soportas el cambio ni las cosas que salgan de tu tablita de cálculo ¿O crees que no sé lo de Shoujo?
- ¡Ella está loca!
- ¿En serio? Eso no es lo que te decías esas noches de amanecida, hace sólo 5 años
- ¡Cállate! – Friki perdió la calma y rompió el espejo de un puñetazo, luego se apresuró en curarse los ensangrentados nudillos
- Ok, ok, ya me voy – Respondieron los reflejos, en coro – Pero piénsalo ¿Ya les dijiste lo que te encargó Okami? No, no lo has hecho… Eres un protector, pero a veces te lo tomas demasiado en serio; cholo, no puedes protegerlos de todo, no puedes protegerlos del cambio y esos dos realmente no son los mismos
- Pero se intenta

El reflejo dejó de intentarlo y cayó. Friki sintió que había ganado.

De pronto, el ex de Shoujo tuvo el impulso de pararse y salir corriendo al baño a quitarse la barba, antes que Chokobo o Guzana lo viesen en el lamentable estado en el que se encontraba; pero luego recordó que ellos habían salido a ver la ciudad, en un paseo que terminaría con una cena con vista al Sena que el otaku le había ganado en reservar a una parejita tan extraña como incompatible que terminó peleando frente a él, en una escena tan ridícula como ellos mismos.

Y de nuevo, en ese momento no supo que Marianne ya había movido los hilos para que esos dos pudiesen romper.

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lunes, 6 de junio de 2011

No se puede vivir del Shoujo (5ta parte)

En Lima-3, amaneció el 20 de agosto. Alfredo (Hito-san) miró su reloj de mesa, eran las 5:30 a. m. Como todas las mañanas, se levantó para ir a la panadería genérica, llenó su carretilla de variopintos panes y comenzó su ritual laboral, paseando por las diversas calles de esta gris ciudad en su blanco uniforme, mientras su claxon anunciaba que “el señor de los panes” ya llegó.

Entre esquina y esquina, aprovechó en llamar a sus amigos, coordinando con ellos y anotando los avances de todos. Aún no había noticias de Chokobo, Guzana o Friki; Kaypaku y Okami tampoco daban rastro y los demás estaban investigando lo poco que había en el informe de la agencia de inteligencia, además de alguna forma de contener a Shoujo, con escasos resultados.

Hito estaba tratando de armar el rompecabezas mental que tenía en su cabeza. Le parecía ilógico que alguien como Shoujo, una de las tres energías que equilibran esta dimensión otaku, pudiese dedicarse cerca de 15 años de su existencia a una fútil venganza y consideraba que había algo más detrás de todo esto; fue por eso que decidió hacer equipo con la Fujoshi para rastrear a algunas de las víctimas de Marianne. Meryl y Lumine se encargarían de la parte “mágica” del asunto ya que, como todos sabemos, el antihéroe es diestro con la magia de emociones y de la casualidad, aún cuando la suya proviene de una fuente completamente distinta a la de Shoujo.

Alfredo había cambiado y eso lo sabía; en este mundo de monstruos gigantes, gente de relleno y personajes principales, de pronto ya no era ese extra que busca reconocimiento comprando anillos de Akatsuki, sino que se había convertido en un “protagonista” con todas sus letras; más allá de su apego a seguir actuando como personaje genérico, era un estratega reconocido e incluso ya estaba empezando a demostrar su don de mando.

Los demás extras lo miraban con respeto, como si fuese el ejemplo que ellos quisieran emular e incluso los demás protagonistas de este otaku mundo sentían un extraño orgullo al saber que era él y no otro Hito quien les traía el pan. Entonces, si había logrado lo que tanto deseaba, ¿por qué aún sentía ansiedad? Algo más, sabía que tenía que haber algo más; pero no estaba seguro de qué.

Estuvo pensando eso todo el camino a su segundo trabajo, el de vendedor de zapatos y le resultó difícil concentrarse en la universidad, debido a esa cavilación. Sólo cuando le avisaron que Ayumu, la Reina Fujoshi, lo estaba esperando en la puerta del casino en el que el extra también trabaja (ella no puede entrar por su edad), salió del trance y fue a buscarla para escuchar, como todos los días, el reporte que le tenía que dar.

Alfredo se quedó sorprendido, ya que, en lugar de la adorable y pequeña niña moe, se encontró con una adolescente de 17 años, casi tan alta como él. Entonces lo entendió. Estos cambios sólo podían significar algo: Boxworld había entrado en una nueva temporada.

Un detalle interesante de los personajes de Boxworld es que no envejecen o cambian físicamente de la manera en que ocurre en otros planetas ni con la lógica tempo-espacial del resto de universos. En el mundo caja, uno crece de acuerdo a su trama. Un protagonista podría pasar años atrapado en el cuerpo de un infante y luego, en cuestión de meses, volverse adolescente o incluso adulto, si las trama de su vida así lo exige. Esta mutabilidad no se aplica sólo a la “edad”, sino también a diversos aspectos físicos. El adolescente que se la pasa comiendo y jamás engorda, de pronto se descubre con un sobrepeso imposible; la chica con heridas que no cierran (aunque nunca la incomodan tampoco), se da cuenta de que ahora ya no las tiene; la pareja que mantiene el mismo estilo de cabello sin necesidad de ir al estilista, se da cuenta que su cabellera es más corta o más cana.

Estos cambios indican que los personajes ya no son lo que antes eran, que cambiaron, que fueron “replanteados”. Y si bien la mayoría toma esto con mayor o menor grado de aceptación, hay algunos, como es el caso de Friki, que hacen hasta lo imposible por no cambiar. 

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