jueves, 29 de abril de 2010

Captain Pichanga (Sexta parte)


La niña de chompa morada abre en sobremanera los ojos y una expresión de alerta se dibuja detrás del sólido mechón que cubre mitad de su cara. El terror se apodera de ella y su sola reacción es tratar de sacar de este lugar a su chico, ahora que entiende perfectamente lo que pasa. Guzana corre a través de la pequeña cancha, pero esta parece alargarse con cada paso que da; mil cabos sueltos se van atando en su cabeza al ritmo de sus pisadas: El hambre que sigue sintiendo, el tibio pasto en el que se sentó, las ganas de tener recuerdos y el captar que sus amigos están perdidos en alguna nostálgica evocación.

Por un segundo, la ilusión creada en la cancha de futbol desaparece ante sus ojos y lo que ve le quita la respiración. Todos están en la cima de una criatura que come recuerdos, un gigantesco devorador de flashbacks tan horrendo que no existe manera de darle descripción.

Y con esa ruptura del engaño, la criatura se deja de ocultar.

El piso tiembla y se comienza a inclinar, debido a que el devorador de recuerdos ha decidido pararse; es por esto que todos salen del trance y, dandose cuenta del peligro, se agarran como pueden para no caer. Sólo Guzana, que no posee los reflejos sobrehumanos que tienen los demás, pierde el equilibrio y desciende, atraída por la gravedad.

Gracias a la caída,
..........ella es la primera
............que percibe la envergadura del monstruo
................y lo ve en su totalidad,
..................lo cual sería de lo más impresionante,
..................si no fuese porque, en este momento,
................tiene otras prioridades en la cabeza
..........(como, por ejemplo,
NO MORIR).

Grita de terror cuando, por culpa de la física, su cuerpo gira y la obliga a mirar
.....................................................................................................abajo, lo cual en este momento es la peor idea que puede ocurrírsele a alguien que está en su situación. Quiere llamar a su chico, pero sabe que él también lucha por su vida; quiere pedir ayuda, pero entiende que en este momento ella misma es la única que la puede ayudar. Con gran esfuerzo, intenta girar sobre si misma, de tal manera que sus manos alcancen la afelpada piel del devorador de flashbacks para aferrarse al verde pelaje con la poca destreza que tiene.

Y consigue.

Bueno, a medias.

Logra agarrarse torpemente, lo cual frena su descenso, pero la fuerza de la bajada es tan fuerte que la obliga a soltarse, con lo que su caída libre se reanuda, estrellándose en el suelo, a pocos centímetros de donde ella se sujetó.

Un leve “Auch” y un puchero son todo lo que Guzana hace cuando queda sentada en el piso.

En la espalda de la bestia, todos luchan por no caer y es Lumine quien, alejado de los demás y a punto de soltarse, entra en pánico y grita, mirando a Guzana – ¡Tienes que salvarme! ¡No dejes que me caiga! ¡Me debes la vida! ¡Estás obligada a salvarme!

- ¿Cómo que te debo la vida? – Responde la “radar de emociones” muy confundida
- ¿No lo recuerdas? Friki me pidió que te creara para que seas la chica de Chokobo, eres mi homúnculo ¡Obedéceme y no dejes que…!

Lumine no logra terminar su frase, en su rostro se nota que acaba de darse cuenta que Guzana no sabía nada de eso y le ha dicho la verdad de la PEOR forma posible.

Chokobo, que (al igual que los demás) ha escuchado todo, no sabe cómo reaccionar; ve a su chica con el rostro desencajado y sabe que le han roto el corazón; lo que Lumine y Friki hicieron no tiene nombre, trajeron a la vida al ser más maravilloso que ha conocido con la idea de ser un simple juguete en sus manos, un objeto a regalar, una cosa que solo debe obedecer; ve a Guzana mirándolo y en esos ojos que tanto ama descubre pura tristeza; un frío le recorre la espalda cuando la más horrenda de las ideas pasa por su cabeza: Quizás Guzana también lo culpa y ya no quiere estar con él.

Es Chokobo quien se paraliza al sentir que Guzana no lo ama, que pasar el resto de su vida abrazado a ella ya no es una posibilidad y quiere llorar; pero es el macho latino quien lo corta en seco y, pensando en frío por ambos, le dice qué van a hacer: VENGANZA.

Lleno de furia, clava sus dedos sobre la dura superficie que antes fue la cancha de futbol y apoya sus pies detrás de sus manos, dándole así un aspecto felino; luego se impulsa hacia el aire con tanta fuerza que empuja al devorador de flashbacks, obligándolo a estrellarse contra el suelo y hacer que (por culpa del impacto) vomite todos los recuerdos que tragó. Pero mientras la criatura cae, el Macho Latino, suspendido en el aire, carga un enorme machongan entre sus manos y lo dispara contra Lumine, con intención de destrozarlo. Todo ha pasado de manera tan rápida que recién ahora la gente reacciona y lo primero que hacen es tratar de detener al elemental Shounen; lamentablemente, él tiene la ventaja y dispara sin piedad al indefenso cuerpo del villano de Boxworld.

El rayo enceguece a todos por unos segundos y una fuerte explosión retumba en sus oídos. Para cuando la luz se desvanece, el macho latino ha desaparecido y un debilitado Lumine, salvado gracias a los 10 hitos lumi-canadienses que se interpusieron entre él y el machongan, se levanta de entre los escombros.

- ¿Q-qué diablos pasó? – Dice Meryl, nerviosa

- Es el macho latino – Dice Okami, muy serio – Al parecer, ha tomado control del cuerpo de Chokobo

- ¿Cómo que “ha tomado control”? – Interrumpe Hito

- Es culpa de la energía shounen – El Dr. Moetaku suena más preocupado ahora – Es la única energía otaku con voluntad propia, pero usualmente es una voluntad débil ya que… – El rostro del científico se vuelve una máscara de terror – ¡Demonios! La energía shoujo que tienen todas las chicas era lo que mantenía a raya al macho latino ¡Pero ahora todas ellas están en la luna!... Tenemos que sacar al elemental del cuerpo de Chokobo antes que…

- ¿Antes que qué? – Pregunta Guzana, saliendo de su primera impresión
- Antes que la energía lo absorba totalmente y lo mate
- ¡Y qué diablos esperamos! – La lectora de emociones grita – ¡Hay que averiguar dónde esta!
- Eso no es necesario – Moetaku trata de calmarla – Puedo rastrear su energía´, tenemos que ir a casa de Friki-sa…

Okami no termina su frase; de la nada, algo lo tumba en el suelo y le comienza a golpear; el científico tiembla, ya que, aún sin verlo sabe perfectamente de quien se trata: Es el comandante Jonathan Alec.



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FELICIDADES
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Jonathan Alec
Nombre: Jonathan Alec
Objetivo: Destruir a Okami
Obstáculo interno: El boxworld
Naturaleza: La justicia no es para los buenos o malos, es sólo para mi
Conducta: Frío, arrogante
Es Comandante del servicio de inteligencia de Boxworld; es jefe de Mark; odia a Okami por motivos personales y no escatimará tiempo ni recursos para hundirlo. Tiene la capacidad de teleportarse cada vez q come min pao.

miércoles, 21 de abril de 2010

Captain Pichanga (Quinta parte)

Al ver lo que pasa en la cancha rival, Okami quiere reclamar al réferi (o sea, a Ayumu), pero ella está (literalmente) pensando en la luna. Perdida en su mente, recuerda que, apenas pidió a Okami los cien neko-hitos con los que armaría su imperio del mal (una versión a gran escala del “Ouran Host club”) en el satélite natural del Boxworld (ahora conocido como Planet Ayumu), de alguna manera extraña, el rumor de su titánica empresa se corrió por todo el planeta y así, antes que Adriana regresase a su base de operaciones en la discoteca de Ambiente “Downtown”, gracias al esfuerzo de todas las chicas del Boxworld (que se organizaron en pro de un bien mayor), ella ya tenía lista su plataforma de despegue hacia la luna, tres vuelos programados (que saldrían en dos días) y un castillo lunar con su propia atmosfera artificial que sería la envidia de cualquier millonario. Demás está decir que ella premió a sus nuevas amigas mandándoles un correo masivo con la galería de fotos Yaoi más extensa que se haya registrado jamás (incluyendo fotos de Lumine y Mark en su etapa neko).
Comienza a recordar cada manga Yaoi que leyó en su vida y una sonrisa se dibuja en sus labios al saber que dentro de poco, verá lo mismo en vivo y en directo (de hecho, justo ahora, el primer cohete espacial está partiendo a la luna); no es sino hasta que Okami empieza a gritar algo sobre un reemplazo de jugadores ilegal, que deja de pensar en su “Adorado mundo 2D” y regresa a la “realidad tridimensional”. Ayumu, mira feo a Moetaku y, en venganza, le deja a Meryl jugar.
A pesar de las protestas de Okami, el partido se reanuda; ahora, dos de los Boxworldianos más poderosos juegan contra el elemental Shounen y, a decir verdad, recién en este momento puede considerarse que hay una batalla justa. Para sorpresa de Lumine, Meryl es mejor futbolista de lo que parecía ser y se desliza con el esférico por todo el campo con gracia y feminidad. En contraposición, el macho latino (que ha elevado su Fri-Ki para poder enfrentar al dúo) embiste contra ella como si fuese un tanque de testosterona listo para aplastar. El cuerpo de Kankoku-tan (al igual que el de todos en la cancha) salta al ritmo de las pisadas del más grande representante del cromosoma Y, así que, para evitar quedar reducida a una masa de carne, atina a pasarle el balón a su compañero, Hito-san. Este, entendiendo la jugada, corre hacia la pelota, que serpentea en el duro cemento; pero antes que el extra definitivo pueda poner un pie sobre la blanquinegra, el Macho Latino golpea nuevamente el piso, haciendo que todos pierdan el equilibrio y que la pelota de un enorme rebote, lejos del alcance de Alfredo.
Aquí es donde Lumine debería gritar de cólera y Okami tendría que saltar de la emoción; pero ninguno de ellos lo hace. Aquí es donde Ayumu debería tomar fotos a los jugadores (caídos en extrañas posiciones) y Kankoku-tan quejarse sobre cómo el futbol es tan poco femenino y anti-fashion; pero ambas quedan calladas. Y aquí es donde Chokobo y Hito se supone que cruzarían miradas agudas y dirían al unísono “Mi equipo va a ganar”; pero eso no pasa.
Todos se han quedado mudos, atrapados en recuerdos distantes: Lumine recordando que fue creado por Gary para protegerlo de quienes lo lastiman; Okami pensando en la primera vez que clonó a Hito; Ayumu evocando todo lo que vio en la cámara hiperbárica de Yaoi; Meryl rememorando los koreanitos que ha perseguido; Chokobo perdido en la nostalgia del Normalworld que dejó y Hito con un flashback que podría ser tan privado y secreto (o tan aburrido y genérico) que es incapaz de ser captado incluso por el más omnisciente de los narradores.
Y apartada de todo esto está Guzana, sorprendida por lo que acaba de pasar. Una mezcla rara de sensaciones se atiborran en su cabeza; tristeza, hambre, miedo, nostalgia… ¿Nostalgia? Ella misma se sorprende al sentir eso; tiene ganas de tener recuerdos, de evocar algo pero, al ser una mujer sin pasado, no puede. Aún así tiene la suficiente cabeza para darse cuenta que (exceptuando el miedo) no son suyas esas emociones y es que, aunque a ella no le parece la gran cosa, Guzana capta como radar lo que los demás sienten; percibe que la tristeza viene de Lumine, la nostalgia quizás sea de Chokobo y el hambre es de… es de…


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viernes, 16 de abril de 2010

Captain Pichanga (Cuarta parte)

Casi por reflejo, Alfredo hace girar el anillo de akatsuki que tiene en su dedo, como hace cada vez que necesita pensar y, por un instante, su mente viaja a la primera vez que usó ese aro, en un capitulo de relleno de Saint Seiya. Recuerda cómo Shiryu esquivaba sus golpes con gracia, nunca parándolos de frente, sino lanzando un contragolpe vertical... Y entonces se le ocurre un plan.
El extra definitivo sale corriendo, pasando de largo a un confiado elemental shounen.
- Es inútil – Dice el macho latino – No podrás detener mi tiro
- ¿Y quién habla de detenerlo? – Responde Hito-San, mientras salta – Lo voy a desviar
Alfredo da tres piruetas en el aire y desciende perfectamente sobre el balón. La jugada es tan precisa que libera a los tres hito-campeones del empuje del esférico y obliga a este a descender. Apenas choca el suelo, la blanquinegra rebota, pasando muy por encima del travesaño superior del equipo de Okami. Todos sus compañeros aplauden, Hito-san evitó que les pudiesen anotar.
En las tribunas, Guzana ha dejado de alentar; se encuentra en shock luego de ver a su chico convertirse en ese cúmulo de shounen llamado “El macho latino”. Si bien ya antes José le había hablado sobre ese tema, una cosa es saberlo y otra, totalmente distinta, verlo; no le teme, pero tampoco le gusta; no quiere a ese macho golpeador de mujeres que huele a Old Spice y bebe cerveza en lata mientras juega futbol; ella quiere a su Chokobo que ve Gravitation y es sensible y tierno con ella, que la abraza y conforta y le dice mil veces “te quiero” antes de volverla a besar. Ella siente que todo le da vueltas y decide sentarse en el pasto, pero apenas lo hace, da un respingo al sentir lo tibio que está el césped. Quiere creer con todas sus fuerzas que es el sol el que entibió la tierra y no la “horrenda” energía que el macho latino convocó.
Por otro lado, Meryl (en modo Kankoku-tan), acaba de darse cuenta que menear una banderola es la cosa más aburrida del mundo y que mil veces preferiría estar molestando a Lumine con alguna de sus jugarretas que quedarse parada en la “tribuna”; así que eso es exactamente lo que hace. De un salto, aparece directamente frente al villano y le dice, con voz muy animada – Detén todo, quiero jugar.
- ¿QUÉ? – Reacciona el villano, muy sorprendido
- Aich, es que me abuuuuuuuurre mirar el partido ¿Me dejas jugar? – Dice Meryl, riendo para dentro
- Hasta donde recuerdo, tu NO sabes nada de futbol
- Pero se aprende, además, ni loca voy a estar ahí parada como sonsa toda la tarde
- He dicho que no. Ahora vuelve a tu banca, pequeña mortal
- Ahhhhhhhhh, ya – Kankoku mira a Lumine, visiblemente enojada y, por extraño que parezca, Lumine se empieza a sentir mal por eso
- ¿Y ahora, qué te pasa? – Pregunta el villano, algo contrariado
- NADA – Responde la k-pop lover, evidenciando que algo le sucede – Anda juega con tus Lumi-hitos nomás
- ¿Estás molesta? – Lumine se pone cada vez más nervioso
- NO, no me pasa NADA – Repite Meryl, ahora dándole la espalda a su amigo, pero sin que esto impida que se note su enojo
- ¿Segura que estás bien? – Lumine quiere terminar su frase, pero de inmediato se da cuenta que si no calma a Meryl, ella entrará en Berseck y ahí si que ya no la cuenta; hace una pequeña pausa, aspira hondo y luego dice – Está bien, puedes jugar...
- ¡Kyaaaaa! Gracias, Luminecito, sabía que entrarías en razón – Kankoku-tan salta, emocionada
- …Pero tienes que esperar que alguien se lastime para que entres en su reemplazo
- De eso no hay problema – Meryl salta sobre uno de los hitos lumi-canadienses y lo fulmina con un golpe – Todo arreglado… Ahora dime ¿En qué set vamos?
Una gota de sudor helado recorre la frente de Lumine.



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jueves, 8 de abril de 2010

Captain Pichanga (Tercera parte)

Luego de una breve pausa reorganizativa, (a Guzana le vino un ataque inexplicable de hambre y se tragó todos los bocaditos que la gente trajo, así que Meryl fue volando a traer más. Aprovechando la demora, Ayumu, que le pareció que los Hitos Lumi-canadienses no se veían Kawaii cosplayando de marineritos, fue a traerles uniformes de “Doitsu”) todo queda listo para la acción. Las chicas, disfrazadas con Estrambóticos trajes, eligen a su equipo favorito y lanzan barras para alentarlos a jugar (Guzana grita “¡Hito-campeones ganarán! ¡Hurra! ¡Hurra! ¡Ra! ¡Ra! ¡Ra!” mientras Meryl agita una banderola con el logo de los hito Lumi-canadienses); los chicos toman sus posiciones (Okami y Lumine fuera de la cancha, Chokobo con su traje de marinerito en la defensa y Alfredo, al lado contrario de la cancha, como delantero; cabe resaltar que, por culpa del calor, Hito-san ha decidido sacarse la parte de arriba de su uniforme, quedándose sólo con el bivirí) y sólo esperan a que Ayumu (atrapada en su cielo personal de cosplay yaoi) deje de tomarles fotos con su celular para que dé el pitazo inicial.
Y así, el partido comienza.
Alfredo roba el balón y comienza a correr; un hito-campeón intenta empujarlo, pero el notable extra dribla, esquivándolo con gracia. Uno más se barre con velocidad, pero Hito-san salta y pasa el esférico a un hito lumi-canadiense, que se lo devuelve casi al instante, haciendo una formidable pared. Los disfrazados de Alemania bloquean poderosamente a aquellos que intentan quitarle la blanquinegra pelota a Alfredo, así que el equipo de los marineritos decide tomarse las cosas en serio. Un corpulento Hito-campeón se barre con las piernas elevadas para que dos compañeros suyos salten, se paren en ellas y sean empujados en el aire como si fuesen proyectiles humanos. Los dos jugadores están decididos a tumbar al extra definitivo, pero cuando lo miran, se dan cuenta que él ya no tiene el balón; ven hacia los costados, pero no saben a quien le pasó el esférico; es ese momento de duda el que Hito-san aprovecha para saltar encima de las espaldas de sus rivales e impulsarse veinte metros hacia arriba, donde la pelota se encuentra dando vueltas. Alfredo gira verticalmente para patear la blanquinegra en perfecta chalaca que, como bala de cañón, se dirige directamente hacia la portería de los marineritos.
Pero, justo cuando todo parece perdido, Chokobo, en modo Macho Latino, detiene la pelota con el pecho.
Los papeles se invierten y los hito lumi-canadienses son los que ahora vienen corriendo para interceptar al defensa del equipo de los hito-campeones. A lo lejos, José puede ver cómo Alfredo se acerca y él se alista para evitarlo. Mira a su Chokobita alentándolo, ve a Okami gritando ordenes y observa el campo entero, lleno de emoción; de pronto, siente una extraña nostalgia en el pecho, al darse cuenta que la gente que más aprecia en su vida la ha conocido gracias a la tiendita que Friki y él fundaron hace poco más de un año, un día en que descubrieron que (por extraño que parezca) faltaban buenos sitios en el Boxworld para conseguir cosas otaku…
El normalworldiano sacude su cabeza para salir de sus recuerdos. Mira hacia delante y ve que sus rivales ya casi le dan alcance, así que pone su estrategia en marcha. Controlando el balón con destreza, Chokobo da tres pasos y luego salta hacia atrás, esquivando al primer oponente; avanza tres pasos más y ahora salta hacia delante, burlando al segundo rival; aparecen otros dos, incluyendo a Hito-San y José gira sobre si mismo, driblando la pelota para luego pasar entre sus dos contrarios.
- ¿Es el “Giro Santana”? – Pregunta Hito
- No, Es “Beethoven Virus” – Chokobo sonríe, guiñando un ojo, sintiéndose triunfador
El macho latino corre hacia la portería rival, botando a cuanto hito lumi-canadiense se le cruza en el camino; ya cerca de la media cancha, decide que es momento de abrir el marcador, así que se para en seco, estira su pierna hacia atrás de manera imposible y luego patea la blanquinegra con fuerza descomunal. Un hito-campeón intenta detener el tiro pateándolo de regreso, pero es empujado por la fuerza del esférico, otro más se une a su compañero, plantándose en seco, pero también es lanzado hacia atrás, finalmente un tercer jugador intenta correr y empujar a sus dos compañeros para evitar que el balón siga su trayectoria, pero termina eyectado también. Ayumu y sus neko-hitos toman fotos de la escena (tres hombres vestidos de marinerito, aplastados uno contra el otro y con los ojos cerrados es demasiado yaoi como para no ser fotografiado), mientras Hito-San observa atónito lo que pasa.


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viernes, 2 de abril de 2010

Captain Pichanga (Segunda parte)

- ¡Holap, soy Guzana, mucho gusto! – Dice la enamorada de José a la gente del grupo y todos la saludan, muy animados. Los chicos están reunidos en una canchita de futbol que está encima de una colina, rodeada de pasto e iluminada por un agradable sol de verano. Aunque el lugar lo escogió Gary, se podría agradecer más a Meryl por ello, ya que, apenas Chokobo le dijo para reunirse, la k-pop lover le pidió (véase, OBLIGO) a Gary que busque un sitio lindo y tranquilo para que el grupo se junte.
Ayumu está tomándole medidas a los chicos para hacerles los uniformes (Adriana detesta el futbol y la única forma de convencerla de venir fue esta; claro que todos se están arrepintiendo, ahora que ha elegido unos uniformes de marinerito, sacados de “Hetalia”); por otro lado, Okami saca varios modelos de su colección de cosplays (los más deportivos y moe), para que las chicas vistan cuando alienten a su equipo (como en el caso de Ayumu, si no le dejaban hacer esto, no iba).
Los únicos que no pudieron venir a la reunión fueron Kaypaku (que está inubicable) y Friki, que recién ha podido conciliar sueño luego de amanecerse toda una madrugada digitando encuestas en Excel y pasarse todo el día siguiente tratando de escapar de una tal “Profesora Pfoccohuanca”, según le dijo él a Chokobo por celular.
Una vez terminados los preparativos, todos se alistan para ir a jugar en el pequeño campo de cemento de 30 por 18 metros… Bueno, no todos, ya que Okami es el primero en protestar.
- ¿En serio tengo que hacerlo? – Dice Moetaku, tratando de evitar la fatiga
- Jugaremos dos contra dos – Responde Hito - si tu no entras, se malogra el partido
- ¿Y si me reemplaza alguien más? – Okami tiene una mirada astuta
- Ya le dijimos a las chicas y ninguna quiere jugar – Responde Chokobo
- ¡Yo, yo voy, yo juego! – Grita Guzana, a lo lejos
- ¡Chokobita! – José endulza su voz al hablar con su enamorada – Ya te lo dijimos, eres demasiado Moe y si juegas, nadie se atreverá a quitarte el balón
- ¡Nya! ¡Ya no quiero ser moe! – La niña de chompa morada hace un puchero, inflando las mejillas y todos la miran pensando “MOEEEEEEE”
- Eto… ¿En qué estábamos? – Dice Hito, saliendo del trance que Guzana provocó - ¡Ah, si! ¡Okami, juega! Nadie puede reemplazarte
- ¿Eso crees? – El Dr. Moetaku chasquea los dedos y de inmediato varios clones se teleportan a la cancha
- ¡Yo trabajé antes con estos extras! – Hito está sorprendido, al igual que los demás - Éramos un equipo de relleno en Captain Tsubasa… Ellos son… Ellos son…
- Si, amigo mío – Interrumpe Okami – Ellos son los “¡Hito-campeones!”
- ¡JAJAJA! – La aterradora risa de Gary, ahora transformado en Lumine, resuena en la cancha – ¿Crees que eres el único que puede hacer eso? – Apenas termina su frase, escupe materia negra por todo el contorno y de ella emergen unos Lumi-Hitos algo distintos; más fornidos y con piernas más anchas de lo usual – Permite que te presente a mis Hitos Lumi-Canadienses; ellos estarán más que gustosos de patearle el trasero a tu Hito-campeones
- Eto… - Interrumpe Choboko – ¿Eso significa que Lumine tampoco jugará?
- Mejor que eso, pequeña escoria inferior – Lumine tiene un brillo en los ojos – Seré D.T. de mi equipo
- ¡Y yo del mío! – Acota Moetaku
- ¡Y nosotros los réferis! – Todos voltean y ven a Ayumu (con celular listo para tomar fotos en mano) y varios neko-hitos vestidos de árbitros (estos últimos con ropas MUY apretadas)
- ¡Perfecto! – Hito se alegra – Entonces ya podemos empezar a jugar
- Y después de ganar este partido ¡conquistaré el mundo! ¡Muajajajajaja! – Lumine ríe escandalosamente
- Okami… Eh… Mejor juego en tu equipo – Dice José, visiblemente contrariado


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