jueves, 27 de mayo de 2010

The spy who ate Min Pao (tercera parte)

Resultó que Midori había salido de su aburrido pueblo con la esperanza de conocer la capital; quería independencia, tener nuevas vivencias, salir de su aburrida “prisión”; así que, juntando todo el dinero que pudo y con maletas en mano, se vino a Lima-3 en busca de un futuro mejor... Pero olvidó un detalle: Dónde diablos iba a vivir.
Y así, mientras Alec caminaba por las calles de la capital, dándole de comer a los perdidos perros sin hogar (como hacía siempre que estaba de permiso); Midori se perdía en el camino, gimoteando cual perro callejero, mientras buscaba alquilar un lugar. Y distraídos como estaban, fue que ambos chocaron.
Alec (todavía sorprendido de haber invitado a una chica a comer) apenas si pudo contener la risa cuando escuchó el relato. Estaba sentado frente a ella, en un café que tenía una hermosa vista, en la que, a lo lejos, podía verse una adorable colina con una canchita de futbol en la cima.
- Bueno ¿Qué ordenamos? – Preguntó Jonathan
- Todos las existencias de Min Pao de este local – Respondió Midori, casi babeando, al tiempo que sacaba su billetera
- ¿Min Pao? ¿Qué es eso? – el soldado parecía confundido
- ¿Nani? – Preguntó la chica, graciosamente ofendida – El min pao es la cosa más rica que se haya inventado jamás
- Ohp, lo siento, es que nunca lo he probado
- Eso se arregla hoy… ¡MOZO! – Gritó Midori – Trae dos docenas de Min Pao y uno más para mi amigo, pero que sea YA
Cinco minutos y veinticuatro min pao después, no había persona en el café que no estuviese mirando a la misteriosa chica que devoraba panecillos orientales blancos rellenos de carne de pollo con tanta brutalidad y mala educación que su sola imagen traspasó el tiempo y el espacio, viajando de mente en mente hasta llegar a algún rincón olvidado de los recuerdos de Akira Toriyama, haciéndole sentir que Goku era de pronto un maestro del buen gusto y la etiqueta.
Pero Jonathan no estaba viendo lo mismo que los demás; se había quedado perdido en el misterioso brillo verde de los negros ojos de la chica, el ondulante mar de sus marrones cabellos y el aroma calido de su fino cuerpo. La miró sonriente y de alguna manera supo que, si alguna vez había soñado con la mujer perfecta, si alguna vez había fantaseado con la chica ideal, Midori se la llevaba mil veces de encuentro, porque ella era todo lo que él había deseado y más.
Otra casualidad se cruzó en el camino y ella, que no se había dado cuenta que el panecillo que quedaba en la mesa era el de Jonathan, se inclinó a devorarlo, quedando peligrosamente cerca de un muy nervioso Alec que, en un impulso que jamás en su vida había tenido, tomó su mano. Ambos se miraron en silencio y la casualidad (tan poderosa en Boxworld como lo es en otros mundos el destino y que parecía que si o si quería verlos juntos) hizo que la mesa perdiera el balance, empujando a Midori hacia delante y acercando los labios de ambos en un beso “casual”.
Y con esa suma de casualidades, en el multiverso nació una nueva dimensión, una dimensión privada que sólo comprendía a ambos, una dimensión de bolsillo llamada “amor”. En ella, el tiempo transcurría cada dos semanas, cuando (gracias al permiso de salida de Jonathan) los dos se juntaban, pasando largas horas enseñándose mil formas de querer. Así fue que, a través de ese tiempo extraño, de pronto allí estaban, catorce meses después de su primer beso, tomados de la mano, en ese café que se había transformado en parte de su universo personal.
Sólo la noticia que Alec le dio a Midori pudo enturbiar el momento. El ejercito había seleccionado al joven soldado para formar parte del proyecto del “Súper Soldado”; un proyecto extremadamente confidencial, cuyos detalles no podían darse a conocer al público, pero que le aseguraba una paga más que excelente. El único problema es que tendría que estar doce meses lejos de su chica; pero si eso aseguraba su futuro juntos, valía la pena el sacrificio.
La chica no pudo ocultar su preocupación, mientras su enamorado le hablaba y (quizás porque lo necesitaba más que nunca) cerrando sus ojos, lo abrazó. Él la tomó en sus brazos, acarició sus cabellos y sujetó su mano derecha con decisión. Ella sintió que algo frío le recorría el dedo anular y, cuando abrió los ojos, se vio luciendo un finísimo anillo de “acero inolvidable” que su novio le compró.
El acero inolvidable (nombrado así por su descubridor, el Científico y Poeta Gustavo Cerati) es el metal más preciado de todo Boxworld. Se le puso ese nombre porque aquel que ve un objeto hecho con ese elemento jamás borrará de su cabeza tan hermosa creación. Es el metal perfecto, lo que todo el mundo piensa cuando escucha “metal” (y no se viene con cosas ostentosas, como el oro, o extravagantes, como el mercurio). Es plateado, indestructible y extremadamente brillante; tan puro y perfecto que, según se sabe, los forjadores especializados no lo moldean, sino que le piden permiso para que se deje forjar. Demás está decir que Alec empeñó mitad de su vida en ese pequeño anillo y que Midori estaba tan impresionada que parecía que iba a estallar.
- Un año, sólo será un año –Dijo Jonathan – Luego nos vamos casar
- ¡Hey! Yo aún no he acept… ¡Diablos! ¿A quién engaño? Ven acá papito – Dijo Midori, abalanzándose sobre su chico y dándole un sonoro beso – ¡Pero mitad de año no me digas que ya no te quieres casar!
- Chiquita – Alec sonrió – Ese anillo lo tendré que pagar hasta el día en que me muera ¿En serio crees que me voy a echar para atrás?... O bueno, podría dejar de pagar y decir que estaba a tu nombre, así yo me fugo y te meten en cana por estafar… ja, ja, ja
- Eres un idiota, ¿sabes? – Midori reía – Un lindo y tierno idiota – al decir esto, lo besó.


Este capítulo:

miércoles, 19 de mayo de 2010

The spy who ate Min Pao (segunda parte)

Se supone que aquí iba la parte en la que Alec contaba sus motivaciones para odiar al Dr. Moetaku,, pero la forma en que lo hizo es lo que en la narrativa moderna llamamos un asco (incluyendo sendos “Odio a Okami porque…” al inicio de cada frase, de una manera bastante anafórica); así que, a efectos de esta historia y por respeto al GRANO (GRemio Atemporal de Narradores Omniscientes), los hechos correspondientes al pasado del Comandante Jonathan Alec serán contados y resumidos desde una perspectiva de tercera persona. Disclaimer hecho, será mejor empezar.
- ¿Te vas a comer eso? – Le dijo Midori a su enamorado, señalando el min pao sobrante en la mesa
- ¿Tu qué crees? – Respondió el soldado (de permiso por el fin de semana) Jhonathan Alec, con una sonrisa boba
- Que me lo darás porque me quieres – La chica hizo un gesto similar a un puchero, sabiendo que Alec sería incapaz de resistirse
- ¡Demonios! ¡Por qué tienes que ser tan linda! – Alec tomó el min pao y se lo dio a su enamorada
- Porque así soy – Midori sacó la lengua y, acto seguido, devoró el bocadillo chino con rapidez
Al mirar a su chica, Alec no podía entender cómo tuvo tanta suerte; se consideraba un perdedor, había entrado al ejército porque no había otro “trabajo” donde lo aceptasen y aún después de tiempo, seguía siendo un soldado raso; no era lo que se dice “agraciado”, al menos desde su punto de vista y siempre se consideró torpe (en especial en su trato con las mujeres). Pero ahí estaba él, sentado al lado de la mujer perfecta, totalmente enamorado de ella y sabiendo que Midori le correspondía por igual.
Habían pasado un año y dos meses desde que se conocieron y Alec supo desde que la vio que había algo especial en Midori. Como en una novela de Milan Kundera, un conjunto de casualidades hermosas se juntaron una mañana de agosto he hicieron que ella y él tropezasen.
- ¡Ouch, fíjate por donde…! – Quiso decir Jonathan, pero las palabras se le atoraron en la boca
- L-Lo siento, yo… - Midori empezó, al tiempo que su voz se quebraba – Es que… Y la verdad… ¡Demonios! ¡No sé dónde estoy! – Ella empezó a sollozar como un cachorrito asustado
- Tranquila, n-no llore, S-Srta… – Dijo Alec, con un nudo en la garganta, como si ella le hubiese contagiado el llanto
- Midori – Poco a poco se fue tranquilizando – S-Significa “verde” en japonés, o bueno, al menos eso me dijeron
- M-mucho gusto, yo soy Alec – el muchacho se puso en posición de firmes y saludó militarmente, como burlándose de sí mismo – Soldado raso Jonathan Alec, a su servicio
- Siento lo de antes; lo que pasa es que no te vi – Se disculpó Midori – Estaba un poco distraída y… Eto… Es que soy nueva en la ciudad y… ahm… - la chica se ruborizó – La verdad es que no sé dónde estoy
- Ohp, ya veo – Dijo el soldado, muy confundido, al tiempo que miraba por primera vez el par de maletas que Midori arrastraba consigo
- Si quieres, puedo conseguirte un taxi que te lleve hasta tu … - Alec se interrumpió al darse cuenta que ella estaba mirando hacia abajo mientras juntaba la punta de sus dedos índices - ¿Algo me tinca que es más complicado que eso, ¿no? – preguntó Jonathan y Midori asintió, sin decir palabra, con el rostro cada vez más rojo y las mejillas infladas. Alec no supo qué decir y un silencio incómodo se apoderó de los dos… De pronto, la barriga de la misteriosa chica cortó el silencio cuando sonó – Eto… Q-Qué tal… Q-Qué opinas si… Uff… ¿Quieres comer algo? De paso que me cuentas un poquito sobre tu situación

Este capítulo:

miércoles, 12 de mayo de 2010

Capítulo 2: The Spy who ate Min Pao

- Algunos dicen que vivo en el pasado – Dijo el comandante Alec, o al menos eso es lo que cree Mark, despertando de su inconsciencia y maniatado con grilletes en una especie de mesa metálica en posición vertical.
Kaypaku Sugaota (Mark-san) mira el entorno; el reloj de la pared indica que sólo han pasado veinticinco minutos desde que su jefe lo llamó al despacho, veintitrés desde que llegó a la recepción y quince desde que recordó que había venido a hablar con Alec y no con la nueva hito-secretaria (que dicho sea de paso, estaba mil veces más linda que la anterior). Hace catorce minutos entró al privado de Alec, sólo para ser atacado de sorpresa y hace diez minutos fue dejado inconciente, luego de un breve forcejeo.
El agente Sugaota sacude su cabeza; se siente mareado, aunque el golpe que le dieron ya cesó de doler; las sienes le retumban, el brazo derecho le arde y, por alguna razón, siente que ya antes ha tenido la misma sensación. Un ruido molesto, como el de una trompeta mal afinada se cuela en sus oídos y es sólo luego de un rato que se da cuenta que el sonido incómodo realmente es la voz de Alec. Intenta concentrarse en lo que dice, se esfuerza por hacer que su mente recuerde lo que antes habló, pero todo es demasiado confuso, con demasiado vértigo, demasiado…
La memoria a corto plazo y el entrenamiento de Agente (que le permite recordar parcialmente cosas a las que no prestó atención) hacen lo suyo, aunque claro, con pequeñas fallas. Alec estuvo frente a él, inyectándole algo muy doloroso en el brazo; Alec estuvo en una esquina, Alec apareció en otro lugar; de pronto, el comandante de cuarto nivel estuvo en su escritorio, haciendo girar el cúbico mapamundi del Boxworld (este mundo no tendría ese nombre si no fuese porque es un planeta en forma de caja) y eso hizo a Mark temblar.
De niño, Mark había escuchado las historias que decían que si alguien tocaba uno de los bordes del mundo aparecería de pronto en el “404: File Not Found” de la dimensión otaku, un sitio al que algunos denominan “el cuarto con un alce”; nunca supo que significaba eso, pero le cogió un miedo extraño a los mapamundi durante toda su primaria; es por eso que ahora, como rezago de su trauma infantil, no puede dejar de sentir un escalofrío en la espalda al recordar cómo el comandante Alec pasaba sus dedos por los bordes de la maqueta mundial como si de nada se tratase… El agente Sugaota intenta enfocarse de nuevo al darse cuenta que ha empezado a divagar.
- Ni te molestes en escapar – Mark empieza a recordar que algo así dijo su jefe – Te inyecté uno de los venenos más fuertes del Boxworld, así que te quedan veinte minutos de vida… Veintiuno con treinta, si quieres ponerte exacto, pequeño traidor; tiempo suficiente para que me escuches, y te lleves a la tumba uno de los secretos mejor guardados de nuestra organización.
El agente Sugaota se sorprende de lo que dijo su comandante ¿A qué se refirió con eso de “Pequeño traidor”? Al instante se da cuenta de lo evidente; alguien dentro de la organización le dijo a Alec que es lo que Mark hace realmente y es que Kaypaku, aún cuando no lo aparenta, es en realidad un contra-agente encubierto del segundo nivel de la agencia de inteligencia de Boxworld, o sea, es un espía que espía a otros espías. Cuando Alec intentó fusilar a Okami (cosa que interfiere directamente con los intereses de la agencia), Mark no dudó en informar a sus superiores; seguramente, algún infiltrado lo delató y Jonathan Alec montó en cólera, buscando venganza.
Kaypaku maldice por dentro el que su fachada como agente menor se haya roto y siente algo de miedo al no saber que veneno el comandante le inyectó; rápidamente busca en su entorno alguna pista sobre eso y ve, en una esquina del escritorio de su jefe, una botellita en la que distingue perfectamente el nombre de la toxina que no es otra cosa que la letal “quilericina”… Y al verlo, Mark se esfuerza por contener una sonrisa en su interior.
De pronto, Sugaota se pregunta qué diablos planeó su comandante realmente; o sea, se sabe que todo Agente tiene un dispositivo quirúrgicamente insertado en la muñeca que lee los pulsos vitales del usuario y le avisa a la agencia su ubicación. Si el agente muere o le quitan el dispositivo, una horda de efectivos SWAT rodearían la zona en cuestión de minutos. Sería ridículo pensar que el comandante Alec olvidó eso, pero a Mark no le queda más que esperar un poco y ver que es lo que su jefe escondió bajo el telón.

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