lunes, 27 de diciembre de 2010

Un mundo para Meryl (Segunda Parte)

Lumine sabe perfectamente que si combinan fuerzas, él y Kankoku-tan pueden hacer trizas en segundos a esos depredadores; pero conoce a Meryl mejor que eso y está seguro de que a ella esa idea le resulta más aburrida que chupar piedras; también tiene la certeza que, por la mirada maliciosa de su compañera, ya tiene en su cabeza un plan, una broma pesada, una jugarreta con la que los va a molestar.
La manada de metaleros avanza a heterogénea velocidad. Los más rápidos aúllan y gritan obscenidades al aire, mentándole la imaginaria madre al destino. Al final de la cola, un rezagado depredador se distrae, captando en el aire el aroma casi imperceptible de la energía yaoi. Individualista por naturaleza, el metalero decide no avisar a sus congéneres y se separa del grupo, buscando la fuente de ese andrógino “olor”.
Minutos más tarde, ve a lo lejos la ambigua espalda de un distraído koreanito que, al parecer, no puede encontrar a su grupo; el depredador se relame los labios, imaginando la golpiza que le dará y cómo el miedo de su victima le llenará el estómago. Se acerca con la misma sutileza de Godzilla cuando camina por la ciudad, lanzando gritos guturales y maldiciones varias, mientras corre en pos de su presa con brutal aceleración.
De pronto, dos tentáculos salen de la tierra y lo sujetan. Lumine se da la vuelta para revelar su identidad y mira al rival, sonriendo. El metalero se queda estupefacto, en parte por haber caído en una trampa, pero más que nada porque no entiende cómo alguien puede lucir tan andrógino y no ser, siquiera en parte, koreanito.
Una figura femenina aparece de la nada y se pone delante del cazador cazado; es Meryl que, con mirada maliciosa, le dice a su presa - ¿Los vas a dejar en paz? – El metalero escupe el rostro de Kankoku-tan, algo que en su idioma es lo más cercano a un educado “No”, pero la K-popera, girando un poco la cabeza, evita el “proyectil”. Muy tranquila, muestra una sonrisa tan macabra que haría ver a Alucard como modelo de comercial de pasta dental y le dice a su compañero – Amiguito, sé creativo – Luego se aleja, mientras varios tentáculos más emergen del suelo.
El metalero jamás volverá a ser el mismo.
Cuatro depredadores avanzan, sin percatarse aún que su compañero no está. Los dos de adelante chocan entre ellos, en una danza tradicional conocida como “el pogo”. Los de atrás gritan, alzando sus manos al cielo, estirando los dedos índice y meñique mientras agitan sus cabezas, de arriba hacia abajo.
De pronto, el líder de la manada gruñe, pidiéndole a sus seguidores que se detengan; uno de ellos parece no escucharle pero sus compañeros le sacan amablemente del error, golpeando sus genitales. El jefe se adelanta a la manada, acaba de ver algo a lo lejos; conforme se acerca, comienza a distinguir la silueta de su compañero, tirado inconsciente en el suelo y con la ropa raída. Una fría corriente le recorre la espalda cuando se da cuenta del peligro que ahora corren y es que, así como los ellos son enemigos naturales de los koreanitos, Kankoku-Tan y Lumine son los principales depredadores de metaleros.
El jefe de la manada sabe que el metalero descarriado ha tenido suerte, su masculinidad sigue intacta; pero ahora debe decidir entre huir o quedarse y ruega a uno de sus dioses, la Dama de Hierro, que lo ayude en su decisión.
Sabe que si se queda lo más probable es que muera (su hombría), pero si huye, será el hazmerreír del grupo. Por un instante, eso último no le importa y tiene ganas de decir a sus compañeros “Run to the Hills, run for your lives!”, conforme a la tradición del metalero caído, pero puede más su orgullo de clan y, citando su sagrado libro de “El Guerrero”, reta al enemigo, dando el grito de batalla “You’ll take my life, but I’ll take tours too!”.
De pronto, una risa macabra se escucha alrededor y la figura de Meryl se distingue en la distancia. El cielo de Boxworld colabora con el ambiente y decide poner “Ironman” de Ozzy Osbourne (el dios devorador de animales voladores de los metaleros) como banda sonora; pero eso, lejos de motivar a los depredadores, hace que la k-popera luzca más siniestra. Todos tiemblan al verse en presencia de la legendaria Kankoku-tan y, resignados a la inevitable lucha, uno de ellos repite las palabras de su dios favorito (el de la corriente directa y la corriente alterna): “I’m on a highway to hell”. Luego corren a su muerte.

Este capítulo:

lunes, 20 de diciembre de 2010

Un mundo para Meryl (Primera Parte)

Una de las principales exportaciones del Boxworld es el Boxworld mismo; el mundo de la dimensión otaku es usado constantemente como escenario gigante de diversas producciones, como Naruto, cuyas temporadas de relleno son filmadas por completo en este planeta (de hecho, uno de los clones de sombra del Uzumaki vive en Villa el Salvador) o algunos RPG, como el que esta semana se está grabando y que ha hecho que TODOS los habitantes de Lima-3 no puedan dar diez pasos por la calle sin encontrarse con alguna criatura extraña (como dicta el contrato de los monstruos de la ciudad). Curiosamente, si bien esto causa muchos problemas y demoras, nadie parece quejarse, ya que, incluso el hito-otaku más gordito y tranquilo de todo el frikiverso, luego de tantos encuentros siente que ha subido, como mínimo, un nivel. Ni que decir de los monstruos, robots gigantes y demás criaturas que viven en este sitio, ya que se han visto bendecidos con un agradable aumento en su economía, gracias a este pequeño cachuelo como minions de role playing game.
Pero quizás, la más beneficiada con todo esto es Joshi Kankoku, la cazadora de Koreanitos, que por primera vez en mucho tiempo (tres meses desde el último RPG que se filmó) puede acosar… digo, ESTUDIAR, si, eso, ESTUDIAR a estas criaturas, tan extrañas como andróginas.
Un mundo para Meryl
Los koreanitos son una raza fascinante, equilibrio perfecto entre la masculinidad del shounen y la andrógina magia del yaoi. Es ampliamente conocido que si se llegase a inyectar más energía yaoi en una de estas criaturas, el ser sufriría un cambio radical, transformándose de inmediato en una mujer amante del Yuri. Lo que pocos saben, en cambio, es que si las fuerzas del shounen empapan al koreanito, este mutará de manera distinta, convirtiéndose de inmediato en un metrosexual. Para malestar de Meryl, estos últimos sólo se crean de manera artificial, aunque hay fuertes (aunque nunca respaldados) rumores de que puede encontrarse “Metrosexuales puros” en la naturaleza.
Como nota aparte, vale la pena mencionar que el término “coreano” es MUY distinto al de “Koreanito”; ya que el primero hace referencia al gentilicio de los habitantes de Corea, mientras que el segundo se refiere a las mágicas criaturas que habitan ciertas partes de Boxworld y se diferencian de sus contrapartes humanas por tener cabellos naturalmente peinados estilizadamente (de dos o más colores), rasgos asiáticos (ojos, color de piel e idioma) y orejas casi imperceptiblemente puntiagudas.
Los koreanitos son nómades, suelen viajar solos o en jaurías de cinco por las estepas de este cúbico mundo. Se alimentan de vegetales, dulces y los gritos de sus fans, que no pueden evitar organizarles conciertos apenas llegan a alguna de sus ciudades, creando así una fantástica simbiosis, ya que las fans se recargan de frikismo ante la presencia de estos andróginos seres.
Contrario al deseo de muchas (Meryl incluida), la reproducción en los koreanitos es enteramente asexual. Al igual que ciertas especies (como las estrellas de mar), el koreanito puede perder alguna de sus extremidades para que de esta adquiera forma “humana”, siendo copia fiel del “koreanito” original, aunque este puede optar por adquirir rasgos “femeninos” (pechos y caderas pronunciadas) para diferir de su “padre”; en caso inverso (de femenino a masculino) endurece ligeramente sus rasgos. En cualquiera de las dos situaciones, la criatura desarrolla órganos reproductores falsos, correspondientes a su género.
En el caso de los koreanitos “yaoizados” (véase, “chicas yuri”), la reproducción es similar; siendo la única diferencia, la presencia de otra chica que le apoye leyendo algún libro ritual (los más comunes son “Gravitation” o “Kuroshitsuji”).
Respecto a los metrosexuales, poco se sabe de sus costumbres reproductivas, salvo que son los únicos entre los koreanitos que permite la fecundación interpecie (copulando con pareja humana).
Por último, hay que denotar que el enemigo natural del koreanito es otra subespecie humanoide conocida como “metalero”; depredador por excelencia de criaturas con rasgos andróginos.
Pasadas las explicaciones, es momento de regresar al presente de Boxworld, donde Meryl está aprovechando la coyuntura de su mundo para buscar a una de esas criaturas fantásticas que alimentan las fabulas: El Androginus Musculatis Musculatis, El “Metrosexual puro”.
- ¿Qué demonios estamos haciendo? – Dice Gary (en modo Lumine), escondido en los arbustos
- ¡SHHHH! – Le calla Meryl, con ropa de camuflaje, filmando una jauría de Koreanitos a los que lleva días vigilando – Los vas a espantar
- ¡Pero si están ahí, haciendo coreografías! – Lumine, que hasta ahora no sabe por qué tiene que acompañar a su amiga a todos lados, señala a las cinco criaturas que bailan con maravillosa sincronía
- Se están preparando para la caza, es un ritual ¿Acaso no lo sabes? – Kankoku-tan parece ofendida por la ignorancia de su compañero
- Bueeeeno, yo no soy el experto en estas cosas, ¿sabes?
- ¡KOREANITOS! Se llaman “koreanitos” y son demasiado… Demasiado… ¡Kyaaa!
Apenas grita, las criaturas voltean y se percatan de la presencia de ambos. Inclinan el rostro, cantan unas palabras en coreano, dan unos pasos de baile, se alimentan de los gritos de Kankoku-tan y salen corriendo del lugar de la manera menos masculina posible.
Lumine ve eso y le parece hermoso.
- ¡Diablos, escaparon! – Se queja Meryl
- Pero fue perfecto… No, digo… Ahora si, dime ¿Qué se supone que estamos haciendo? – Gary se queja
- Vigilando a esos koreanitos vamos a descubrir el rastro de los metrosexuales puros, estoy segura de eso
- ¿Sigues con eso? – Los ojos de Lumine se ponen como plato, brillando en morado y blanco
- Toda la vida, o bueno, hasta que encontremos uno, ahora sigámoslos y cállate, antes que los espantes de nuevo
- Pero si tu fuiste la que…
- ¡SHHHHH!
Los koreanitos tuvieron una cacería exitosa; eso se demuestra escuchando los gritos emocionados de varias fans que se han reunido alrededor de la jauría, coreando sus canciones (la mayoría de ellas, covers de “Big Bang”).
Meryl lo ve desde lejos, pero sorprendentemente, decide no ir corriendo hacia el concierto y gritar desaforadamente (como le dictan sus impulsos), sino que se mantiene a una distancia prudente, observando todo a su alrededor.
- ¿Qué sucede? – Pregunta el antiheroico amigo de Kankoku-tan
- Escucha – Dice Meryl
- Sólo oigo las canciones de esos…
Gary calla, sus oídos acaban de captar unas notas que no pertenecen para nada al K-pop. “Setsugai, Setsugai, seyo!” parece sonar, aunque ninguna otra persona lo ha notado todavía.
Ambos lo saben, los metaleros están cerca del lugar.



lunes, 6 de diciembre de 2010

20 combos por amor y una encantación desesperada (Segunda parte)

El portador del Macho Latino está desconcentrado, no puede pegarle al enemigo sin desproteger a su amada y no puede cuidar a su chica sin bajar su propia guardia. La radar de emociones se da cuenta de esto y mira a Chokobo como diciendo “puedo recibir unos cuantos golpes, ¿Sabes?” y el elemental Shounen le devuelve una mirada que dice “¿Estás segura?”, a lo que Guzana responde “Si”, sólo moviendo la cabeza.
El normalworldiano gira los ojos, resignado a la petición de su enamorada y se abre paso entre los tentáculos que llueven sobre ellos. Chokobo pronto entiende a lo que se refería su enamorada, al ver que un escudo mágico se cierne sobre ella, cuando el gigantesco pulpo le intenta golpear. Esto alivia en sobremanera al portador del Macho Latino, que ya puede pelear de manera más libre, atacando al psíquico molusco, que poco puede hacer ante el poder del shounen (y es que ni toda la precognición del mundo puede hacer que el octópodo se mueva lo suficientemente rápido como para evitar los ataques de veinte combos por segundo que Chokobo hace).
Guzana sigue concentrada en su hechizo, mientras agita los brazos para que otra de sus magias surja efecto. Un platillo de energía arcana se extiende verticalmente detrás de la maga y de él salen varias esferas de energía rosa-blanquecina que impactan en la enorme criatura, facilitando el trabajo a Chokobo.
De pronto, una mota de pelos mostaza aparece de la nada, rebotando por piso y paredes, para luego estrellarse varias veces contra el cuerpo de un pulpo, ya de por sí, echado a perder. No es como que Chokobo y Guzana necesitasen apoyo alguno, pero bueno, la ayuda extra nunca está demás, así que ambos agradecen la intervención de esta criatura que les da mucha más libertad para terminar de desmayar al enemigo y teleportarlo a Alemania, lugar en el que seguramente lo contratarán como pitoniso de partidos de futbol (o lo comerán al olivo).
La mota de pelos sigue saltando en su sitio y la parejita se acerca, entre curiosa y precavida. De pronto la peluda criatura se extiende para dejar ver su verdadera forma: un pequeño perro de raza indefinida y cara graciosa, que mira a los dos tortolitos con esa fresca sonrisa que sólo los canes pueden expresar.
- ¡Awww! ¿No es una lindura? – Dice Chokobo, ya sin la forma del macho latino
- ¡Siiiiii, es un amor! – Guzana está encantada - ¿Pero tendrá dueño? – Al preguntar esto, el animal salta y se acurruca en la cabeza del normalworldiano
- Creo esos que somos nosotros – El usuario del macho latino carga al perro y lo acaricia
- ¡En serio! Ahm... Ahm… ¿Y cómo se llama? – Guzana está cada vez más entusiasmada
- Pues debe tener un nombre con personalidad, algo que sea heróico y épico, que haga que el universo tiemble con su sola pronunciación, algo como… como… ¡Chimpandolfo! – Apenas Chokobo dice esto, el perro gruñe
- Eto… - Guzana siente vergüenza ajena – Pedacito, creo que no te has dado cuenta de algo – La radar de emociones carga al animal, para mostrarle el vientre de este al normarworldiano - ¿Ves?
- ¿Qué cosa? No veo nada
- Exacto
- ¿Eh? Ah, ya… No, no entendí
- ¡Que es mujercita!
- Oh, entonces “Chimpandolfo” ya fue – Dice Chokobo con resignación, para alivio del animal – Mejor tu ponle nombre; total, tu eres la que sabe de esas cosas femeninas y wea
Guzana no sabe ni cómo expresar su alegría; salta, mientras carga al animalito y le besa con mucho cariño (lo que pone algo celoso a Chokobo). Respecto al nombre, la maga ya lo tiene decidido hace meses; para ser más exactos, desde el día en que escucho a uno de los peores enemigos de Boxworld decirlo por primera vez.
- Te llamarás Midori – le dice y la mascota inclina la cabeza, mostrando algo de confusión - ¿Qué, no te gusta? – le pregunta, algo apenada, pero la mostaza criatura sacude la cabeza y se lanza hacia su nueva ama, lamiéndole el rostro, en señal de aprobación.

Segundos más tarde, Midori, Guzana y Chokobo caminan juntos por las calles de Boxworld.



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