Cuando Lumine-Noir creó a la novia de Chokobo, puso mucho de su poder en ella, buscando crear un servil homúnculo de energía emocional extrema (o energía Emo, para abreviar); pero no contó con que su alter ego también le imbuiría parte de su ser y forzaría la casualidad, para sabotear sus malignos planes. De ese rito, nació una criatura, mezcla de dos energías distintas pero similares, sin ataduras de ningún tipo y capaz de tomar decisiones por si misma.
Cabe notar que, así como es fuerte en el shoujo (la mezcla de sentimientos), su propia naturaleza la inclina también a experimentar con el Emo (la pureza de las emociones extremas). En su búsqueda personal, se ha embriagado de alegría y empachado de furia, ha olido el desagrado y acariciado la sorpresa; pero de todos los sentimientos que ha probado, el único al que siempre vuelve es la tristeza, una emoción tan pura e intensa que la hace volar.
Chokobo no entendía esto; sólo sabía que su chica pasaba cada vez más horas triste, que empezaba a llorar de la nada y que un brillo morado aparecía de cuando en cuando en sus ojos. Ese resplandor extraño le recordó bastante al de Lumine Paradise Lost y, por asociación, asumió que su novia corría riesgo de volverse villana. El portador Macho Latino no pudo soportar la idea y le hizo prometer a su novia que no volvería a deprimirse. Demás estuvo el tratar de hacerlo entender la verdad, para él la tristeza es algo malo y nada lo podrá sacar de ese concepto; Guzana intentó mostrarle su punto de vista, pero él se cerró; “La tristeza es mala” le dijo y con eso la lapidó.
Desde entonces, Guzana siguió con sus experimentos sentimentales, pero esta vez, a espaldas de su enamorado, hasta que Friki la descubrió.
Para sorpresa de la “radar de emociones”, el otaku entendió perfectamente su situación (2 meses con shoujo le abren los ojos a cualquiera) y prometió hablar con Chokobo para esclarecer la situación. Eso fue el 8 de agosto en la tarde, pocas horas antes de que la parejita se fuese a celebrar su primer año de enamorados. Demás está decir que Friki no tuvo el valor de contarle nada a su amigo, luego de todo lo que pasó.
Guzana se secó las lágrimas, dio un beso en la frente a Friki, le dijo “Gracias por todo, mamá” y se fue. El otaku regresó al hotel, sin saber que media hora más tarde Chokobo y Guzana volverían también. El Macho Latino se aburrió del espectáculo y prefirió llevar a su enamorada al cuarto, para una noche de auténtica pasión. El socio de Chokobo ni siquiera se quejó, mal que bien, lo que más importaba en ese instante era que la pareja afiance su amor.
Horas más tarde, en la oscuridad de la noche y sólo la luna parisina iluminando a Chokobo, sentado frente a la ventana, completamente desnudo. El portador del macho latino tenía una mirada melancólica y pensaba que, como nunca, lo de “Ciudad Luz” era una reverenda estafa. Avanzó con torpeza hacia la cama, donde una durmiente Guzana lo esperaba y acarició su rostro de porcelana. Miró su boca, su nariz, sus ojos y de pronto, recordó que les vio ese brillo violeta en el teatro.
Sacudió la cabeza, su novia seguía durmiendo, en paz y volvió a negarse lo que observó; admitir que el amor de tu vida hace algo malo no es fácil y Chokobo no tuvo la fuerza para hacer eso, al menos no su parte consciente. El teatro le pareció aburrido (él la amaba), los actores eran pésimos (él la deseaba), así que decidió irse de ahí (él la necesitaba). La tomó en sus brazos y la besó, cerrando los ojos para sentir más pasión. Al menos eso trató de decirse. Ambos salieron volando.
Tu no puedes estar mintiendo – le susurró Chokobo a Guzana, mientras ella seguía durmiendo – Eres el amor de mi vida, eres perfecta, no mientes – El portador del macho latino se alejó de la cama y volvió a mirar la ventana – Yo te amo, si, YO TE AMO y por eso no puedes estar mintiendo, no – Una lágrima resbaló sus mejillas – Si hay alguien que falla…
… Ese debo ser yo.
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