lunes, 31 de enero de 2011

La ciudad y los nekos (Tercera parte)

- Llueven hombres – Dice Toto, con unción, recitando un saludo sagrado
- Aleluya – Responden todos, con alegría y temor de su señor
- ¡Rey Toth-oh! – Exclama Liam – Atienda nuestro llamado, interceda por nosotros y haga que la reina Ayumu mate a los infieles
- ¡NUNCA! – Se rehúsa la reina – ¡Yo sería incapaz de dañar una pareja homoyuri! Claro que si fuesen Bara (pareja de dos seme)… ¡Agh! ¡Nooo, eso sería horrible! ¡Pan con pan no va! Esos si merecen morir
- Me decepcionan – Dice finalmente Yaoi, bastante severo – Mi corazón se entristece al ver que no entienden la verdad – Toto levanta las manos, con elegancia – ¿Acaso no lo recuerdan? Donde hay dos hombres amándose, ahí estoy; sean seme y uke, bara u homoyuri, os amo a todos como sólo el Yaoi puede amar
- ¡Quiero ver si alguien lo ama, luego de arruinar su hermoso rostro! – Grita de pronto Liam, lanzándose, espada en mano, para atacar a Namin, su felino, no correspondido y prisionero amor
Ayumu quiere intervenir, pero el dios de los gustos ambiguos la detiene y le pide que observe.
El seme de las orejas de perro está a punto de asestarle un espadazo a su amado gatito cuando, de improviso, Mokun se interpone, poniéndose delante de su chico, para recibir daño por él.
Liam titubea. Se detiene. Se quiebra.
Un llanto infantil recorre sus mejillas, mientras deja caer su arma a un costado. Los demás se miran, enternecidos y se acercan a consolarlo, mientras Ayumu corre para liberar a la parejita Homoyuri que planea poner bajo su protección personal.
-Entonces, supongo que mi destino es estar solo – Dice el líder de la turba, ya más calmado, con una sonrisa resignada, mientras los demás lo miman
- Mi querido Liam – Dice Toto, con voz calida, acercándose al canino Seme, mientras le sujeta el rostro entre sus dedos – ¿Cuándo he dejado que uno de los míos se hunda en la tristeza? – Una sonrisa pícara se le dibuja en la cara, mientras canturrea otro conocido salmo – Escuché tu llamado, así que, Nene, por favor, dame un poco de respeto
El chico de las orejas de perro se emociona, sabiendo en su corazón que ha sido escogido para ser parte de la guardia sagrada del rey Toth-oh. Todos aplauden, emocionados y felices por el destino del muchacho, dando gritos de alabanza para su generoso rey-dios.
Pasada la emoción, Liam se aparta del resto y se inclina ante Ayumu para pedirle perdón. La magnánima reina sonríe y asiente, solemne, dando indulto al rebelde y a todos los que lo acompañaron.
Nuevos vítores, nuevas honras y mil juglares que cantan la sabiduría de la reina de los neko-hitos. ¡Ea! ¡Ea!
Es en medio de ese jolgorio que el dios de los gustos ambiguos se pone detrás de su nuevo soldado y lo abraza estrechamente, provocando que Liam le pregunte “¿Es esa tu espada?” y ruborizando a todos los ahí presentes, con la respuesta que Toto le da.

Fin.

Gracias por acompañarnos en hasta ahora. Los esperamos el 24 de marzo para la tercera temporada: El amor en tiempos de Shoujo. Nos vemos!!!!

Este capítulo:

lunes, 24 de enero de 2011

La ciudad y los nekos (Segunda parte)

De pronto, la tranquilidad del gran rey es interrumpida, cuando una chusma enardecida trae a un par de prisioneros para ser juzgados por la reina.
- Exigimos – Dice el líder de la turba – Que se castigue a estos infieles que atentan contra las leyes más sagradas de nuestra religión
- Eto… - Ayumu los mira, entre curiosa y aburrida - ¿No se encarga de eso el virrey? Tengo otras cosas que hacer, ¿sabes?
- No, mi Señora, el virrey no tiene poder para satisfacer nuestro pedido – Reclama el jefe de la muchedumbre – Estos dos han cometido una falta tan grave que sólo puede ser castigada con la muerte y es usted la única que puede darnos el permiso para ello
Ayumu se sorprende con la petición. Los neko-hitos son inmortales, a menos que Adriana decida quitarles el soplo de vida, cosa que DEFINITIVAMENTE no tiene planeada. Ella no soporta la idea de matar algo tan hermoso como un neko-hito, al punto que incluso inventó lo del destierro para que nadie exija asesinatos (de hecho, los exiliados no la pasan tan mal, cumplen condenas en cárceles apropiadas y con el tiempo se reintegran a la sociedad, en ciudades de exiliados); pero esta vez es diferente y no sabe exactamente que pasa.
- Bah, no me hagan perder el tiempo con peticiones estúpidas – Dice la reina, finalmente – Ahora lárguense de aquí, antes de que los mande a partir por la mitad
- Si ese es el precio a pagar para que se haga justicia, yo me ofrezco como sacrificio – El jefe de la turba se para frente a la reina y la mira con tristeza – Pero de que ellos deben morir, DEBEN
La fujoshi queda confundida. Ve al líder de la turba, un joven Seme de cabello blanco, que dice llamarse “Liam”, encorvando sus orejas de perro, y mirando con tristeza a uno de los prisioneros (rubio, con orejas de gato, de nombre “Namin”) y se da cuenta de que el canino actúa por despecho a un amor no correspondido. La reina observa a los prisioneros y se pierde en los delicados e infantiles rasgos de ambos (el otro prisionero tiene unas graciosas orejas de oso y cabello castaño y se identifica como “Mokun”); ve sus rostros, llenos de amor el uno por el otro y el miedo que tienen de morir.
Por un momento, está segura de que el “oso” es el Seme de la relación, pero un vistazo más detallado a sus gestos le revelan lo Uke que es; entonces mira al “gatito”, preguntándose si será un “Suke” (o sea, medio seme y medio uke), pero no, no tiene siquiera un gramo de masculinidad en él.
Adriana duda, pero poco a poco va entendiendo lo que pasa acá. Entonces, sin que pueda controlarlo, la verdad sale de sus labios:
“Homoyuri”.
La chusma contiene la respiración, como si hubiesen escuchado la más terrible de las infamias. El homoyuri es el amor yaoi entre dos ukes y por ende (según Ayumu), es doblemente yaoi y doblemente hermoso; por eso que no comprende la indignación de la turba y, definitivamente, no ve motivos para castigar a esos dos chiquitos que, lejos de la muerte, lo que merecen que los pongan en un café yaoi para que se amen libremente y les tomen fotos por toda la eternidad.
“Es parte de nuestra milenaria tradición” escucha que alguien dice, y la fujoshi se pregunta cómo diablos una cultura que tiene meses de creada puede tener “costumbres milenarias”; pero antes de poder decir su duda en voz alta, comienza a sonar una música por todo el palacio y cientos de luces psicodélicas inundan el salón del trono real. Por acto reflejo, todos alzan la mirada y se dan cuenta que, desde el altar, desciende lentamente el Rey Toth-oh y que la melodía no es otra cosa que un salmo de los ángeles de Erasure, “I love to hate you”.
Todos los presentes aplauden hasta la histeria.



Este capítulo:

lunes, 17 de enero de 2011

La ciudad y los nekos (Primera parte)

Contrario a lo pensamos de las yaoi-lover en el GR.A.N.O, su estadía en Planet Ayumu (o sea, la luna) no duró más de un par de semanas. Y no es que se hubiesen aburrido del sitio, sino que tuvieron que se chocaron con la dura realidad del trabajo del lunes, del descuento a los honorarios por la cantidad de días faltados y de la falta de dinero para presenciar al menos cinco minutos de amor yaoi en los diversos cafés de la ciudad (y es que un Ouran High School a escala planetaria no se mantiene solo, como se puede suponer); por eso, antes que terminase el mes, todas las chicas ya estaban de regreso en el Boxworld, trabajando incluso sobretiempo para ahorrar lo suficiente para poder volver apenas pudiesen a esa hermosa tierra llena de Yaoi.
Entre tanto, en la luna las cosas han cambiado. Los hitos yaoizados que Okami le dio a Ayumu (creados de tal manera que no infectan a otras personas y que no desaparecen cuando sus orejas son cortadas), desarrollaron rápidamente una cultura propia y razas distintivas que habitan ahora los diversos territorios del “Planet Ayumu”; estas razas se distinguen por el tipo de orejas que tienen, algunas de las cuales ya dejaron de ser felinas, para adoptar forma de otros animales (conejos, perros y osos son las más comunes); aún así y en honor a sus orígenes, se siguen considerando a si mismos como “neko-hitos”.
En las épocas de bajo turismo (como ahora que todas las yaoi lover están trabajando), los habitantes de la luna se dedican a la exportación de golosinas y la confección de moda (con una gran preferencia por los colores pastel); estos productos son extremadamente populares entre las chicas de Boxworld y los koreanitos en general (considerando que todos vienen con cartas coleccionables, con imágenes de los neko-hitos más populares).
En el aspecto político, la reina Ayumu gobierna con mano de hierro y sabiduría salomónica (o sea, haciendo que a todos los dividan en dos). Debajo de ella se encuentran los virreyes, representantes de todos los territorios, encargados de mantener la paz y armonía entre las diversas ciudades. A ellos les sigue la nobleza local; dueños de los café y fabricas, que son el núcleo económico del “planeta”. Luego viene la clase trabajadora, viviendo cómodamente gracias a la labor que desempeñan (Ayumu se encarga de que no exista un abuso de poder que no sea el suyo, por lo que nadie puede pagarle menos de lo debido a sus empleados, ni discriminarlos siquiera por la forma de sus orejas). Al final de la pirámide social, tenemos a los “desorejados”. Neko-hitos que, debido a faltas muy graves, han sido despojados permanentemente de sus “mimi” (u orejas) y condenados a pasar una vida de vergüenza, lejos de su tierra natal.
Por último, vale la pena mencionar que los habitantes de la luna poseen un interesante sistema de creencias religiosas, todas basadas en las sagradas palabras de la forma humana de la energía Yaoi: El rey Toth-oh.
La ciudad y los nekos
Desde un altar en lo alto del palacio real, Yaoi, el ente de los muchos nombres (el dios de los gustos ambiguos, el rey Toth-oh o Toto, para sus amigos) mira al pueblo, que viene a pedir la sabiduría de su soberana, Ayumu, sobre temas por demás importantes.
- ¡Nyee, Nyee, se llevó mi pastel! ¡Abuuu! – Denuncia un delgado muchacho con orejas de conejo
- ¡Pero es que estaba comiendo demasiado, mi reina! – Replica un andrógino y alto chico de rasgos caninos
- ¡Suficiente! ¡Que partan el pastel en dos! – La fujoshi (acosadora de chicos yaoi) Ayumu da su veredicto
- P-Pero mi reina… Eso no resuelve nada – El de las orejas de perro reclama
- Uhmm… - Piensa la reina – Quizás tengas razón… Quizás deberíamos cortar otra cosa por la mitad… Quizás deberíamos partirte A TI por la mitad… - Adriana (Ayumu) sonríe malévolamente, con mirada sicótica
- N-No… Está bien lo del pastel… Si, si… ¡Oh, mi reina, qué sabia es!
- Pero yo quería mi postre completo – Comienza a lamentar el conejo
- Cállate y corre – Le interrumpe el perro, luego vuelve a mirar a Ayumu, deshaciéndose en alabanzas, mientras retrocede rápidamente
Toto encuentra esto por demás divertido y celebra la escena, recostado en un diván de acero inolvidable y plumas de faisán, mientras dos muchachos pelan uvas para dárselas de comer en la boca.
El rey Toth-oh suspira, admirando todo lo que las yaoi lover y los neko-hitos han logrado: Un mundo de paz. Se levanta, cuan largo es y estira su moreno cuerpo para sentir la buena vibra de “Lovino,” la ciudad capital. La gente que entra al palacio lo ve e inclina la cabeza con solemne convicción; él agradece saludando con un gesto y las cadenas y piercings que adornan su (de otra manera desnudo) cuerpo tintinean ligeramente, como si todo su ser fuese capaz de hablar. Aquel que lo mira sospecha que él es el “más capo” de todos, pero nadie se atreve a preguntarle, porque todos temen lo que vaya a contestar.


Capítulo anterior:
Un mundo para Meryl

Este capítulo:
Parte 2
Parte 3

lunes, 3 de enero de 2011

Un mundo para Meryl (Tercera Parte)

- Insisto – dice Meryl, algo aburrida, mientras los metaleros se acercan - ¿Van a dejar a mis koreanitos en paz?
- ¡ARGHHHHH! – Gritan todos al unísono, abalanzándose sobre Meryl, decididos a no morir en deshonor
- Esperaba que dijeran eso – Susurra la fanática del k-pop, al tiempo que salta, destrozando el piso en donde estaba y dejando un hueco lo suficientemente grande como para que sus enemigos caigan y queden atrapados en él.
Ya no queda esperanza, lo último de valentía que les quedaba desaparece y aúllan amargamente, mostrando dolor. El líder trata de calmar a su manada y, tan religioso como es, les recita la oración de entrada de la muerte (a la que ellos llaman “el hombre de arena”) del libro de Metallica.
“Say your prays, little one. Don’t forget, my son, to include everyone…”
Unos tentáculos se acercan a ellos, retorciéndose por las paredes del hueco.
“I tuck you in, walk within, Keep you free from sin, 'til the sandman he comes…”
Los demás se abrazan a su líder, tratando de no llorar.
“Sleep with one eye open, gripping your pillow tight…”
Uno de ellos ahoga un grito, cuando un apéndice morado rosa sus mejillas. El jefe toma la mano de sus compañeros, para darles valentía, mientras sigue rezando. Luego todo se hace negro.
“Exit light, enter night. Take my hand… We're off to never never-land”
Se descubren, de pronto, fuera del agujero, completamente intactos y con la hombría a salvo. Miran a su alrededor, pero no ven a nadie y saben que se les está dando una última oportunidad. El líder no sabe qué hacer. Se supone que, por tradición, está obligado a seguir adelante; pero ya está quebrado en lo más profundo de su metalero espíritu.
Y entonces, de la nada, uno de sus compañeros le lanza una piedra, pero sin intención de dañarle. El jefe de la manada queda sorprendido, mientras el otro seguidor le golpea suavemente también. Según las leyes del metal, eso es una clara ofensa a la autoridad del líder, el cual debe dejar lo que sea que esté haciendo y cazar a los infractores, dándoles un justo castigo. El jefe sonríe, agradecido y “falla” el primer golpe que da a los “rebeldes”, que aprovechan para alejarse presurosos del sitio, arrastrando como pueden al compañero caído, perdiéndose en la distancia.
Meryl observa eso y sonríe. La broma fue todo un éxito.
- Ya no oigo los gritos de las fans – Dice Gary – Seguramente tus koreanitos ya se han ido
- Lo sé – Responde Kankoku-tan – Al menos logramos salvarlos
- Además, fue extrañamente divertido
- Como siempre
- Si, como siempre
Ya de noche, la k-popera duerme, soñando en coreano un sueño tan vívido que parece real. Un metrosexual puro se acerca a ella y la abraza, sujetándola con sus musculosos brazos; luego la besa, mirándola con amor. “Gracias por salvar a mis hijos” le dice el masculino korenito, al tiempo que acaricia su rostro con una rosa tan bella como roja.
Al día siguiente, despierta muy animada, con ganas de contarle su sueño a Gary. Su alegría es tal que sale casi saltando de su cuarto; tan llena de emoción que no se percata de nada, ni siquiera de que por su ventana se van flotando los últimos pétalos de una rojísima flor.


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