En la dimensión otaku existen fuerzas que mueven el mundo; factores internos y externos que cambian el curso de los acontecimientos en Boxworld y de los que no siempre se tiene conocimiento.
Uno de estos factores, quizás el más evidente, es la influencia de las energías otaku; tres equilibrantes (el shoujo equilibra al shounen que equilibra al yaoi que equilibra al shoujo) y tres complementarias (el emo, el moe y el hentai que se combinan con cualquier otra energía), cada una de ellas con un avatar, un elemental y una representación humana llena de conflictos y defectos que traen a la memoria a los dioses del panteón greco-romano. Las historias que se tejen entre ellos son a veces grandes y llenas de fantasía, dignas de un par de leyendas y uno que otro soneto de un bardo, mientras que por momentos resultan más anécdotas de carácter personal, tan íntimas y pequeñas, como la que traemos a continuación.
The World Yaoi Only knows
El rey Toth-oh está sentado frente a la ventana, mirando a esa masa de gente del Planet Ayumu que lo adora y lo trata como un dios; acaba de regresar de su exitosa presentación como crossplayer en la pasarela del Cosplay-o-ween y no hay neko-hito que no grite su nombre (junto con el de la fujoshi, reina y madre de esa estirpe); regalos miles y celebraciones varias son dadas a nivel nacional y hay quienes se pelean por cantar alabanzas en su honor…
Y todo eso, de pronto, le resulta carente de sentido.
Una angustia antigua lo mantiene distraído e incómodo; se siente alienado, perfecto desconocido y fuera de sí, como si algo en su vida no encajase, como si, luego de tantos milenios en el Boxworld, él ya no perteneciese ahí; esa tristeza, que creía hace años superada, volvió a él hace sólo unas semanas, cuando todos en la Luna se volvieron locos y pasó lo de la rebelión.
Eran finales de agosto y, a pesar de que la reina Fujoshi había marchado al Boxworld para ayudar a sus amigos, el rey había logrado, con carisma y amabilidad, conservar la armonía que Ayumu creo a base de mano dura en todo su planeta. La diferencia en el estilo de gobierno era más que evidente y si bien la producción interna bajó, la satisfacción personal de todos los habitantes tuvo un alza nunca antes vista hasta el momento.
Está de más decir que no era la primera vez que Yaoi ejercía su labor como gobernante en el planeta, pero en ocasiones anteriores la reina sólo se ausentó unos días y no por casi un mes, como en el caso, así que el dios de los gustos ambiguos tuvo que tomar las riendas de todo y encargarse de asuntos trascendentes.
La apertura migratoria a las chicas Yuri (y por ende a sus fujoshis) y, sobre todo, la legalización del matrimonio bara y homoyuri (minorías que hasta la fecha sólo tenían opción a la unión civil y que en muchos casos debían viajar a Boxworld para poder casarse), fueron las medidas más importantes que se tomaron en esas primeras semanas. “Tolerancia y aceptación” fue la campaña que lanzó el estado y aunque sus resultados aún son mixtos (ya que algunos “fanáticos” siguen aferrándose al purismo yaoi), el mensaje de paz y aceptación que se dio caló en los corazones de todos.
Curiosamente, estas leyes no nacieron en esas fechas, ya que desde hacía tiempo se venía planeando su implementación, pero gracias al rey se aceleró el proceso y todos sintieron que el crédito de esos cambios fueron suyos.
En Lovino, capital de Planet Ayumu, el estilo de vida no se vio muy afectado, ya que, al estar más cerca de Toth-oh y sus designios, son muy tolerantes y abiertos de mente ante los diversos subgéneros del Yaoi; pero en provincias, donde la desinformación e intolerancia son un mal común, la confirmación de que “su dios” aceptaba todo tipo de opción sentimental (ya que a pesar de muchos intentos, los fanáticos se seguían negando a reconocer que existiese algo más que la unión Uke-Seme) fue considerado como el cambio más radical en la historia del mundo.
Piko, Chiko y Koko, tres ciudades hermanas del interior, famosas por ser pioneras en aceptación de subgéneros en la que muchos “exiliados” de otras ciudades terminaron viviendo, se volvieron una fuerza importante en fechas anteriores a la “era de la Tolerancia” (como la terminaron llamando los expertos) y cuando las leyes se aprobaron y los permisos se instauraron, fueron reconocidas por el gobierno cuando, en visita protocolar de Toto a la zona, se nombró al decreto legislativo como la “Ley PCK” en honor a estos pioneros y mártires de la igualdad.
Y con esto, todo estalló.
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