lunes, 26 de septiembre de 2011

El amor despues del Shoujo (4ta parte)

Un grito desesperado quiebra la concentración de los enemigos y ambos ven a lo lejos que algo se acerca. Guzana, transformada en una quinceañera carga a los infantilizados Ayumu, Meryl, Lumine y Hito, mientras monta en un centauro con armadura brillante, cuyo casco asemeja a un unicornio salvaje.

- Permitidme presentar – Dice el centauro, botando su carga y saltando directamente hacia Marianne, en pos de conquista – Soy Sir Oswin McGuffin, el último caballero de la Orden del Caballo astado
- ¿Quién demonios es ese tipo? – Dice Friki, a la par que ayuda a Guzana a pararse
- Una larga historia – Responde ella, que pone en el suelo al resto de la gente
- ¿Sabes todo lo que hemos recorrido para encontrarte? – Ayumu le da un puntapié al otaku
- ¿Un desierto rojo, un bosque blanco y una ciénaga verde? – Dice Friki
- ¡Estuviste en esos sitios! – Se sorprende Meryl
- En realidad lo adiviné – Dice el otaku, entusiasmado – ¡Es como el sueño que tuvo Tommy Oliver en Dino Thunder!
- ¡Hey! ¡Un momento! – Shoujo se mete en la conversación, tratando de escapar de Oswin - ¿Cómo diablos lograron derrotar a los enemigos que puse para Friki?
- ¿Derrotar? – Reclama Hito - ¡Nos están siguiendo!

Apenas dice eso, algo estalla en el suelo y ruido de pelea se percibe alrededor. Una nube de polvo impide la vista, pero apenas se disuelve, tres formas aparecen luchando.

Y los tres tienen el rostro de Friki.

- ¡Ustedes! – Dice un “Friki” delgado y lentudo, similar a la forma “usual” del otaku, mientras crea varias barreras a su alrededor - ¡Ustedes me han traído a una trampa! ¡Deben estar de lado del gordo este!
- ¿De mi lado? – Reclama un Friki barbudo y barrigón, parecido a la forma actual del ex clon, a la par que usa murallas para empujar a sus oponentes - ¡Seguro se han aliado al Pedro Navaja con tiroides de ahí!
- No tienes autoridad para decirme gordo – Responde un Friki igual al anterior, pero con saco y sombrero negro, mientras dispara una extraña arma – ¡A mi nadie me engaña! ¡Ustedes se pusieron de acuerdo para matarme!
- Okey – Dice el pequeño Friki original, sintiéndose extrañamente avergonzado - ¿Qué demonios es esto?

Shoujo sigue intentando zafarse del insoportable Oswin y cuando lo logra, se acerca a su ex

Uff… ¿No te has dado cuenta? Ellos son tu pasado, tu presente y tu futuro, mon Friki
- ¡Y por qué demonios se pelean! – Hito evita un pedazo de escudo de frikismo que acaba de reventarse
- Ahm… Pregúntale a Friki – Contesta Shoujo – Este es el que no se acepta como es, así que ya te imaginarás cómo son sus alter egos; cada uno quiere ser el único y suprimir a los otros
- Bueno, cholo – Ayumu se acerca al otaku – Está bien que tengas tus problemas internos y eso ¡Pero por todos los cielos! ¿¡Por qué tienen que venir a matarnos!? – La fujoshi se mueve para esquivar un disparo
- Ya, ya, no se preocupen – Marianne intenta relajar a todos – Ahorita los desaparezco para poder masacrarnos en paz ¿Les parece?
- Ah… Si… Si… Claro… - Dice Friki, sin saber bien cómo responder
La maga de sentimientos hace un gesto con la mano, para romper el hechizo, pero, para su sorpresa,  no tiene efecto alguno

- ¿Qué rayos? Esto no debería pasar – Se sorprende Shoujo, que vuelve a hacer el gesto, con iguales resultados
- Ahm… Shoujito… Teacher… - Guzana tiene cierta sorna en su tono de voz - ¿Por qué diantres pusiste a estos tres idiotas?
- ¡Oye! – El otaku se siente ofendido, por alguna razón; claro que las ofensas se van cuando ve los fulgurantes ojos verde morados de la “radar de emociones” – Eto… Si, si, idiotas, muy idiotas
- ¿Me decías? – La chica del mechón sólido sonríe como si nada hubiese pasado, lo cual resulta MUY perturbador
- B-Bueno… - Empieza Marianne – Los cree para ayudar a Friki a que crezca… Tu sabes, viaje de héroe, paso de la niñez a la adultez y esas cosas que te enseñan en narrativa
- ¿Y funcionó? – Guzana señala al infantilizado Friki
- Oh – Shoujo se queda sin palabras
- ¿Entonces…? – Pregunta la ex maga de emociones
- Entonces no se irán hasta que este idiota cambie
- ¿Cambiar? ¡Ningún cambio es bueno! – El otaku se cruza de brazos y de pronto empieza a actuar tan infantil como la forma que ahora tiene – Nadie me va a obligar, no quiero, no quiero ¡NO! – Apenas dice eso, algo lo arrastra hacia atrás de manera vertiginosa y (a lo lejos) un monticulo de tierra se levanta para formar una cueva en la que Friki desaparece… Guzana y Marianne se miran perplejas
- Estamos perdidas – Dice la “radar de emociones”
- Si – Responde Shoujo, luego, una explosión la obliga a saltar

Al Boxworld le quedan 10 minutos de vida.

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lunes, 19 de septiembre de 2011

El amor despues del Shoujo (3ra parte)

Guzana coordina con los chicos lo que tendrán que hacer. El Heartworld es un sitio agresivo, en el que sólo se puede entrar con una protección especial que ella les casteará (similar a la que le puso Marianne cuando la llevó, el día en que la convirtió en su avatar); sin esa protección, todos sufrirían una modificación temporal en el cuerpo que los dejaría del tamaño de su edad emocional (y hasta donde sabemos, ninguno es muy maduro en ese sentido). No sólo eso, apenas el portal absorba a una persona con mucha energía emocional acumulada, el crecimiento se acelerará, dejándoles con sólo…

- ¡¡¡¡LEEEEROOOOOOOOOOOOOOY JEEEEEEEEEEEEEKIIIIIIIIIIINS!!!! – Grita Oswin, lanzándose de frente al portal, sin haber escuchado palabra alguna
- ¿Que hace ese recon...? – Intenta decir Guzana, pero no logra terminar su frase, el acelerado portal la absorbe de improviso.

Felicidades, el Boxworld ya no tiene 10 horas de vida… Ahora le quedan 30 minutos. Creo que se va haciendo hora de que los muchachos del GR.A.N.O. nos mudemos a otra realidad.


El cielo del Heartworld, tan otaku como el del mismísimo Boxworld, decide que es momento de que “Blue” de Cowboy Bebop suene de fondo, como para el toque emotivo a Marianne, que deja escapar un par de lágrimas, mientras ataca a su ex, lanzando cuanto rayo arcano puede conjurar. El otaku se cubre con gruesos escudos de translúcido frikismo puro que sólo logran detenerla por unos instantes antes de reventarse en fragmentos acristalados y brillantes. El ambiente es tenso, nadie dice palabra alguna, no hay frases emotivas o pausas dramáticas, aquí es sólo quedará uno y ambos saben que deben ganar.

La maga arremete de nuevo, haciendo estallar orbes verduzcas cerca de Friki-san, mientras este las esquiva con torpeza. El ex de Shoujo se planta en seco y crea un escudo, no para cubrirse, sino para empujar a Marianne. Ella reacciona rápidamente y dispara proyectiles mágicos que revientan la barrera, forzando a la maga  a cubrirse de los fragmentos que se desprenden.

Friki aprovecha ese descuido y contraataca, encerrando a su antigua amada en cientos de paredes brillantes. Para Marianne, esto no representa mayor peligro y revienta los obstáculos, conjurando a la par un hechizo de viento que la proteja de los “cristales” de frikismo, comprobando el viejo adagio que dice que una misma técnica no funciona dos veces contra un guerrero.

La maga concentra el viento en un torbellino iridiscente y lo dirige hacia Friki con amargura total. Ya no es la niña traviesa que juguetea haciéndole cosquillas a los órganos internos de su ex; ella REALMENTE quiere dañar al otaku y hacerlo sufrir; su mente es un revoltijo emocional y todo lo que escucha en este momento son los gritos del otaku, su manera tratarla, su “No voy a cambiar y menos por ti”. Ella nunca ha estado tan segura de algo en su vida, Friki debe morir.

Esta situación es ridícula, ambos asumen ser los ofendidos y no se detendrán a dialogar; no se escucharán, no darán tregua, no intentaran olvidar. Ya está todo perdido, el mundo caja será devorado por el Heartworld y la ex pareja lo alimenta cada vez más.


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lunes, 12 de septiembre de 2011

El amor despues del Shoujo (2da parte)

Guzana y Chokobo siguen en el bus, sin hablarse, pero ahora ya no hay tensión; ambos están tranquilos y saben que no arruinarán el momento con una burda conversación; él mira a la ventana, pensando en el futuro, ella escucha su iPod despidiéndose de su pasado. Quizás se separen un tiempo, quizás se den el lujo de odiar, quizás se olviden por un lapso y luego, años más tarde, uno de los dos verá al otro por la calle y se saludarán, como amigos que se reencuentran luego de mucho, quién podría decir que no.

De pronto, el celular de Guzana suena y ella responde a un Hito-san extremadamente preocupado. Algo enorme está ocurriendo en Boxworld y sólo ella es capaz de descifrarlo. Sonríe al ver que nada a su alrededor ha cambiado, las aventuras siguen, el mundo no deja de girar. El bus se detiene en seco y Guzana sabe que debe bajar. Por un momento se sorprende de que su ex no la siga, pero se da cuenta que el destino de Chokobo está en otro lugar. Se acabó la ceremonia para ambos, sólo hay una sonrisa y un adiós. Apenas baja del vehículo, este desaparece del plano material, pero ella no siente miedo, sabe que así debe pasar.

El ritual de las explicaciones, el poner al día a la gente, el presentar al “nuevo” (o sea, a Oswin) y ver exactamente que diablos es esa cosa que está saliendo de la casa de Friki-san y se está comiendo medio Boxworld es algo que aquí en el GR.A.N.O preferimos resumir; si el Dr. Okami Moetaku estuviese presente, diría que la energía emocional acumulada en el portal creado por el ritual de Shoujo para que el muro emocional que es Friki-san pueda entrar al Heartworld, es equivalente a 75 veces la energía necesaria para que cualquier otro ser ingrese al mismo lugar; por ende, el portal creado está extendiéndose a su tamaño real, en dos arcos iguales y opuestos que terminaran por encontrarse en un solo punto, causando gran devastación… Pero como es Guzana la que explica, todo queda en “Se formará un corazón y se chupará Boxworld” y eso es suficiente para todos.


Marianne tenía preparado todo un intrincado plan para Friki, en el que había modificado el Heartworld para darle a su ex un memorable viaje del héroe en el que enfrentaría sus demonios internos, obligándole a aceptar que el cambio es bueno y que debe dejar ir algunas cosas, dándonos así una de las mejores sagas jamás escritas en Boxworld… Si no fuese porque las palabras que el otaku le dijo la hirieron tanto que acaba de mandar todo eso al diablo y ahora sólo busca partirle la madre al Friki. Es así que tenemos al ex de Shoujo, despertando de su inconciencia, sólo para encontrarse frente a una enojadísima Marianne, casteando un hechizo súper destructivo y MUY, pero MUY doloroso, en un extraño paraje que él no puede reconocer. Friki se levanta en seco, sólo para descubrirse convertido en un niño de seis años y, presa del pánico (mezcla del cambio en su cuerpo y la situación actual), sólo atina a levantar varios escudos para cubrirse del ataque letal.

El silencio antes de la destrucción, el ojo de la tormenta, la tensa calma. Todo queda reducido a esto, una simple pelea entre ex enamorados.


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lunes, 5 de septiembre de 2011

El amor despues del Shoujo (1era parte)

Guzana encontró a Chokobo sentado en el micro. Fue un encuentro casual, como si el destino o la casualidad hubiesen querido que ambos se encontrasen. Ella tenía un hermoso polo morado, con diseños de Jack Skellington y pantalones negros ceñidos para hacer juego; el ojo izquierdo fulguraba en un hermoso verde esmeralda, típico de la magia shoujo, mientas que el derecho, debajo de su sólido mechón de cabello, dejaba escapar un violáceo tono con el que, ahora sin secretos, mostraba al mundo que usaba también energía Emo. Él, en cambio, hacía días que no se cambiaba y parecía un vago más; el cabello, que le había crecido mucho en esos pocos días, los jeans sucios, su holgado polo blanco y la postura en la que se había sentado hacían recordar más a “L” que al chico que vino del Normalworld.

Chokobo la vio subir y se le contuvo el aliento; Guzana se dio cuenta y ambos cruzaron miradas, fue entonces que ella decidió sentarse al lado de él.

Y todo fue silencio.

Nadie se atrevió a hablar, temiendo lo peor; ambos querían romper y no se atrevían a decirlo. Ella temblaba, él quería llorar y el dolor fue tan grande que les hizo preguntar de nuevo ¿Y si la seguimos? Pero eso ya no era una opción.

Entonces Marianne habló.

Sé que son amigos – Dijo ella, apareciendo de la nada, con una voz tan maternal que derrumbo de inmediato cualquier miedo natural – Sé que quieren y respetan, pero vamos, sean sinceros ¿Se aman en verdad?

Ambos se abrazaron tristemente, sabiendo que ninguno de los dos podía decir que sí.

Y se sintieron libres.

El amor después del Shoujo
Marianne mantiene los labios pegados a Friki-san, en un beso que mezcla el odio hacia la terquedad de su ex con el dolor de la decepción por aquel a quien antes amó. Cabe decir que esto es de lo más simbólico, porque, así como su primer beso le mostró el futuro al otaku, el último le enseña el pasado a Shoujo.

Y le recuerda cómo es que, hace ya tantos años, a la casualidad ella forzó.

Marianne, la forma humana de esa energía otaku a la que llamamos Shoujo, ese ser que domina la mezcla de emociones y que, sin embargo, es incapaz de entenderlas, esa mujer poderosa, única y eterna, se sintió sola una vez y decidió conocer al amor de su vida. Ella sabía que tardaría tiempo, que habría un viaje emocional de maduración por el que, tanto ella como su “otra mitad”, tendrían que pasar antes de conocerse y ser idóneos el uno para el otro, pero ella no estaba dispuesta a esperar.

Usando su propia sangre, dibujó una línea entrecortada a sus pies, trazando una ruta por la que el autobús del destino debía parar. Obligó a la casualidad a llevarla a donde ella quería y como pago a la tragedia (que cobra por todo aquello que se le exige a su colega), decidió que hacerle saber el destino funesto que podría esperarle a su futuro enamorado era más que suficiente.

Pero lo que ella había olvidado es que, en la ruta del destino, uno no decide la tarifa de pago, porque esa es labor de la tragedia, el cobrador.

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