martes, 14 de julio de 2009

Capítulo 3: El extraño caso de Lumine-San

Gary es un chico que sólo desearía estar tranquilo, dedicándose a grabar videos con sus amigos y a escuchar atentamente lo que dicen los demás; pero en la dimensión otaku del Boxworld, donde el 75% de la población la conforman extras (clones de Hito-San), Gary está hecho para llamar la atención; así que, por fuerzas del destino, su vida esta muy lejos de tener paz y es que él es para este extraño mundo “Lumine-San”.
El reloj de la calle marca las 10 de la mañana; un monstruo gigante destroza la ventana del cuarto de Lumine y él despierta asustado, viendo cómo la criatura devora a un Hito-San que pasaba por ahí. Ve gente gritando que corre por todos lados, pero no hay indicios de que alguna fuerza del orden (serenazgo, policía, ejercito y/o power rangers) esté cerca del lugar. Gary se da cuenta de ello y suspira, bastante enojado, porque sabe que tendrá que pelear contra esa enorme cosa y no podrá puntualmente donde sus amigos, a los que pidió encuestar.
A la 1 de la tarde, un mojado, verde y casi coloidal Gary llega a la esquina de Pershing con Juan de Aliaga y se dirige al pequeño arbolito afuera del hipermercado. El mar de autosque cruza velozmente es lo único que lo separa de reunirse con sus amigos para terminar al fin su universitaria asignación.
Está tan preocupado por su tarea, que no nota la legión de Hito-Zombies (algunos con mondadientes incrustados en la cabeza y otros a los que parece que golpearon con palos) que se abalanza sobre él y sólo cuando escucha los el caos del resto de la gente es que cae en cuenta que hoy no es realmente su día y que los no-muertos lo vienen a molestar; gruñe, con una mezcla de fastidio y resignación y saca su mochila, que hará las veces de arma, para luego hacer maniobras que desafían la imaginación.
Son las 4 p.m. y Lumine alcanza el otro lado de la acera; está tan cansado que no tiene siquiera ganas de sacarse la mano muerta que cuelga en su hombro; se sienta en el pequeño árbol de la esquina del metro de Pershing y se da cuenta de que sus amigos tampoco han llegado, lo cual le daría cierto alivio si no fuera por una cosa: Es posible que hayan venido y al no ver a Gary, se quitaron.
Lumine se alarma, sabe que la asignatura vence mañana y si no logra completar las encuestas, no le quedará de otra más que pasar un horrendo examen de subsanación con la aún más horrenda (y bigotuda) profesora Pfoccohuanca, la que dicho sea de paso, hace tiempo que quiere algo con él.
Nervioso, saca su celular y marca un número telefónico, rogando que su gente le diga que va en camino.
5 de la tarde, un rastro de mechas destrozados, hito-ninjas muertos y monstruos cortados interrumpe el transito de la ciudad. Gary está enojado y golpea a cuanta cosa aparece en su camino; sus amigos le confirmaron que no iban a venir ese día porque la reunión con ellos había sido acordada para AYER.
Al darse cuenta de su confusión de días y que lo que pasó hoy fue por las puras, la ira invade a Lumine y una energía oscura le empieza a rodear; lanza gritos guturales y vomita materia negra por todo el lugar. El suelo tiembla y el parking zone se parte en dos, mientras los hito-transeúntes se alejan asustados, lanzando alaridos de horror. Gary muta, su piel se endurece, los cabellos le crecen y las uñas se le alargan; salta a la cima del hipermercado y contempla con blanquecinos ojos la inmundicia que es este mundo y suelta una aberrante carcajada.
La violencia se desata y todos los hito que están cerca son destruidos por los rayos negros que Lumine bota; los monstruos gigantes son devorados en vida por las criaturas malévolas que el antinatural vómito creó y los mechas son corroídos por la sangre inocente de las víctimas que Gary destrozó.
La furia que ahora siente es incontenible, detesta al mundo y a todo habitante ser. Se dice a si mismo que todo lo que existe está corrupto y que debe reiniciarse de una buena vez. En su mente idea un plan macabro; se conseguirá la libreta de Death Note y matará al Boxworld con ella, luego creará su propia raza de esclavos que llenen sus encuestas cuando a él se le de la gana y que no digan que “ayer fue la reuna” porque los horarios y fechas los controlará él.
7.50 de la noche. Su ira baja a niveles controlables y Gary regresa a la normalidad; entusiasmado llega a la tiendita de otaku de boxworld y pide una Death note sin dudar. Apenas se la dan, Lumine ríe macabramente y exclama, entusiasmado – ¡Ya no seré el hazmerreír del tiempo, ya nadie me podrá controlar; humíllense ahora, pequeños mortales, que con esta Libreta mágica os he de matar! ¡Ore wa Shin sekai no Kamisama, Ore wa Lumine-San!
Por un momento se siente tentado a escribir el nombre de la profesora Pfoccohuanca en el cuaderno, pero descarta la idea al pensar que será mucho más placentero destruirla con sus propias manos; así que, con silente y profano placer, recorre la punta de la pluma por toda la hoja y hace dos trazos con gran precisión; escribe algo que matará millones, un nombre que desencadenará el caos en el boxworld, dibuja el Kanji de Hito.
Cuenta los segundos en su cabeza, convencido de que al llegar a 40 la muerte reinará, pero pasa el tiempo indicado y nada parece fuera de lugar; Lumine se pregunta qué es lo que está pasando y por qué no ha funcionado su plan; es entonces que la verdad lo golpea en la cara: Las libretas de Death Note no son mágicas, son sólo cuadernos que sirven para anotar.


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LUMINE-SAN!
Nombre: Lumine
Objetivo: Vivir en paz, que el mundo esté tranquilo
Obstáculo interno: Suele preocuparse demasiado por los demás y eso le impide estar tranquilo; le cuesta mucho expresar sus emociones, pero cuando se enoja es un peligro andante
Naturaleza: El mundo debe estar paz y yo debo hacer que eso pase
Conducta: Pacifico, callado
Gary quiere estar tranquilo, pero por más que lo intenta, no puede evitar algo lo ataque; siempre sale bien librado de esas situaciones, pero por culpa de esos sucesos termina olvidando las cosas que tenía que hacer. Es bastante distraido e inocentón; suele perderse en su mundo interno, donde encuentra la paz que el boxworld no le da. A veces teme ser lastimado por otros, así que suele bloquear sus emociones y evitar contacto físico con los demás.

lunes, 6 de julio de 2009

Capítulo 2: Sugaota, Kaypaku Sugaota: International man of Kay pi (Parte 1)

En la dimensión otaku del mundo de Boxworld, incluso el más pequeño de los hábitos se transforma en un vicio de proporciones épicas y justo eso es lo que a Mark, el fanático de los Kay pi, le sucede. Siendo un muchacho de aspecto tranquilo y reflexivo, de carácter competitivo y bastante alegre y coqueto, sorprende el cambio que sufre cuando está demasiado tiempo sin consumir su bocadillo de pulpa de pollo favorito. Y es que, gracias a los extraños poderes de este mundo raro, él es Kaypaku Sugaota, el otaku Kay pi.
Una estela de polvo parte en dos la pista que separa la Residencial San Felipe del Metro de Pershing, dejando la vereda con un aspecto borroso; al deshacerse la nube de tierra, una figura emerge y salta los últimos pasos que separan la acera del famoso hipermercado.
Kaypaku cae arrodillado frente al puesto de Dim Sum y levanta la mirada, con un gesto serio y galante. Mira su reloj y se da cuenta que le quedan pocos minutos para que se le acabe el efecto de la última ración de Kay pi que pidió, así que, sin dudarlo, coge al Hito-San al que están atendiendo ahora y lo saca volando por los aires.
Una ración de Kay Pi, agitado, no batido – Dice Kaypaku, con una sonrisa en los labios, a la nerviosa dueña de la tienda de bocadillos chinos. – Debe ser miercoles – susurra Sugaota, mirando fijamente a la señorita – porque hoy tus ojos se ven más hermosos que otros días.
La tendera sonríe y alista una porción extra de la pulpa de pollo con maní, mientras nuestro protagonista saca su billetera. Pero antes que pueda siquiera sacar algún billete, una mano lo sujeta con violencia.
Te metiste con el extra equivocado – Grita, adolorido, el Hito-San que voló por los aires. – Y Si te metes con uno, te metes con todos – Amenaza una voz detrás de Kaypaku. Sugaota-San voltea la mirada para saber quien dijo eso y se sorprende al ver una horda de Hitos, cada uno con una bandana extraña, de alguna aldea inexistente de Naruto, llenando todo el parking zone.
Con velocidad imposible, el otaku Kay pi coge varios mondadientes del puesto de bocadillos y los arroja con precisión sobre la primera fila de extras; luego, con una pirueta magistral entra en la tienda, por encima del escaparate, poniendo su rostro peligrosamente cerca del de la vendedora.
Disculpe mi rudeza – Dice Sugaota-San, mientras ella se pierde en sus ojos – he de pedirle su escoba un momento, pagándole por ese servicio con un humilde beso – La señorita pierde el control de su cuerpo y cae inconsciente en brazos de nuestro héroe.
Luego del beso prometido, Kaypaku toma la escoba y golpea con ella a varios enemigos genéricos que se aproximan a la tienda. Sale rápidamente y gira su improvisado instrumento para matar.
Cientos de Hitos rodean a Sugaota-San, pero hábilmente logra crearse una “zona segura” con su arma; ningún enemigo puede acercársele a más de un metro y medio de distancia y eso le da toda la ventaja que en este momento necesita.
Aún cuando no lo dicen, los extras saben perfectamente que no pueden acercarse a él en grandes grupos, lo que impide un ataque masivo; comprenden que están en desventaja y no pueden evitar sentir un frío sudor que recorre sus espaldas y un miedo absoluto que los empieza a invadir.
Pero, de pronto, Kaypaku cae de bruces al suelo; los Hitos retroceden, pensando que es una maniobra de ataque más, pero tras una leve inspección se dan cuenta de la verdad:
El efecto del Kay pi se ha agotado.

--CONTINUARA--

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El extra que salvará al BoxWorld

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Segunda parte


sábado, 4 de julio de 2009

Capítulo 2: Sugaota, Kaypaku Sugaota: International man of Kay pi (Parte 2)


En el capítulo anterior Kaypaku había ido, como de costumbre, a comprar su ración de Kay pi. Todo iba bien, hasta que entró en una pelea con una turba de personajes genéricos. Cuando kaypaku estaba a punto de ganar... El efecto del Kay pi se agotó. ¿Cómo hará nuestro heroe para salvar su honor y al Kay pi? A explorar el Box World!...

La horda grita, con ira demente y golpea a nuestro héroe, llena de maldad. Mil pensamientos invaden la cabeza de Mark ahora, confirmándole que la muerte se le acerca; su vida pasa a través de sus ojos y él se entrega a esos recuerdos para evitar el dolor.
Golpe en el estómago… Mark recuerda la primera vez que probó un kay pi, a los tres años… Patada en la espalda… Ahora se ve a los 12 años, comiendo su bocadillo favorito, para tener valor de darle un beso a la chica que se lo pidió… Puñetazo en la cabeza… Ahora evoca todas las veces en las que el Kay pi lo ayudó y se da cuenta que si ahora muere estaría deshonrando sus enseñanzas… Ataque masivo, intensiones de matar… Nuestro héroe grita, se apoya en su escoba, se impulsa para saltar.
Todos los extras se estrellan contra la nada y Sugaota-San los golpea con agilidad maestra, dejándolos inconscientes en todo el lugar.
La dueña del local recupera el conocimiento, sólo para ver a Kaypaku, apoyando sus codos en el mostrador – Ahora si, me darías mi pedido, por favor – Le dice el otaku, sonriendo tranquilo y con aire triunfador. Saca su billetera, buscando en billete más chico que tenga, Encuentra el de 10 soles y justo cuando va a sacarlo, la tendera, con voz aterrada le grita – ¡Detrás de ti, mi vida! – Y él esquiva la bala que uno de los Hito (tirado en el piso) disparó.
Fallaste – Le dice nuestro protagonista, muy confiado
No era a ti a quien apuntaba – Responde Hito-San, antes de desmayarse
Sorprendido, su primera reacción es mirar a la tendera, pero ella, ilesa como se halla, apunta temblorosa a la mano de Mark. Su vista recorre desde la cara de la muchacha, hasta el dedo acusador y termina en su propia mano y en la billetera, hecha trizas por aquel disparo traidor.
Nuestro héroe sufre un shock nervioso y rompe en llanto al ver cómo su billetera es consumida por el fuego; mira al cielo, seguro de la inexistencia de un dios piadoso, porque ningún ente todo poderoso y lleno de amor a la humanidad hubiese dejado que tal injusticia se le cometiese; grita, desconsolado, incapaz ahora de pensar; lágrimas de sangre corren por sus mejillas y siente imposible arrancarse el dolor.
Entonces su mente tiene un chispazo de lucidez.
Desesperado, busca entre los bolsillos de su casaca, tratando de hallar el monedero de sapito que hace unos días compró – Tiene que estar por aquí – piensa – Lo compré justo para guardar un dinero de emergencia.
Lleno de alegría, saca el monedero del bolsillo interior del abrigo y saca todo lo que ahí contiene: Exactamente 2.50. Paga la cantidad indicada y busca un asiento en el arbolito que está en la esquina del metro de Pershing. Come tranquilo, pensando en la cómoda cama que le espera para que descanse y entonces se da cuenta de algo:
Ya no tiene plata para su pasaje.


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KAIPAKU-SAN

Nombre: Kaipaku-san
Objetivo: Ser siempre el mejor, mejor que nadie más
Obstáculo interno: Su amor por el Kay pi le impide avanzar tanto como él desearía
Naturaleza: Con el Kay pi a mi lado, nada es imposible
Conducta: Amable con todos, bastante coqueto con las chicas, pero indiferente al mundo cuando come Kay pi
Kaipaku Sugaota está obsesionado con el Kay pi y es su inspiración para cualquier cosa que haga, es a la vez su musa y su cruz, prioriza a su bocadillo antes que a cualquier oportunidad brillante y muchas veces se ve en el dilema de “O progreso o como Kay pi”. Sus ganas de éxito se deben a que mientras más rápido progrese, más rápido podrá comprar su propia franquicia de Kay Pi y así poder comer cuanto desee y es por eso que es muy competitivo en todo (y si en la “competencia” está de por medio un Kay Pi, es más que fijo que ganará).

miércoles, 1 de julio de 2009

Capítulo 1: El extra que salvará Boxworld

Alfredo es un muchacho tranquilo, estudiante destacado de periodismo, empleado del mes de una conocida zapatería y aficionado al japonés. Este chico llamaría la atención en cualquier circulo social que frecuente; pero, en la dimensión otaku del Boxworld, es tan normal que se convierte en un extra genérico y tan común que se transforma en HITO-SAN.
El día para Hito empieza agitado, ya que antes de ir a sus estudios, debe ir a una sala de clonación para ser “fotochopeado”. Al ser un extra en este curioso mundo, suele prestar su cuerpo como molde para los miles de habitantes del boxworld; seres sin rostro que pululan por las calles de un planeta más otaku de lo normal.
Nuestro personaje de relleno puede decir con orgullo que se ha codeado con los grandes; él y sus clones han sido los caballeros de hojalata que Seiya y compañía suelen golpear; la espada sin filo de Kenshin lo noqueó infinitas veces y su casa es destruida casi a diario por ángeles, mechas y demás seres gigantescos.
Demás está decir que tanto él como su casa son reconstruidos constantemente (hey, un extra de tan buena calidad no puede desperdiciarse, ¿no?). Según el último censo, tiene en su almacén más clones que la propia Rei Ayanami.
La mayoría de estos “clones en masa” son de tan mala calidad que nacen sin rostro y sólo caminan por el lugar donde se les indique. Los pocos que tienen la suerte de poseer un rostro, suelen ser guardados en cámaras criogénicas, a la espera de la próxima muerte de algún “Hito-San” (como nota adicional, estos conservan perfectamente la memoria del anterior).
A pesar de todo lo antes mencionado, Hito no puede evitar sentirse ignorado; las entradas al cine siempre se agotan justo cuando él va a comprar la suya (usualmente porque el protagonista de alguna historia, que justo está antes que nuestro extra, acaba de comprar las últimas para él y todos los personajes secundarios de su Haren-Shoujo), las cámaras de los estadios de fútbol nunca lo ponchan (pero usualmente suelen tomar a la “parejita” que está a su costado, los cuales suelen ruborizarse y ponerse en superdeformed) e incluso en los bancos, donde todo está numerado, justo cuando el cajero va a llamar a su número de atención, el lugar es asaltado, atacado por aliens o destruido por una pelea bien shounen.
Así y todo, Hito no pierde su habitual ánimo y aspira algún día alcanzar a ser más que una imagen borrosa en medio de la multitud; para ello ha organizado un plan infalible: Entra en funcionamiento el Plan “Señor de los anillos”.
La idea es sencilla y por lo mismo genial; el extra genérico de nuestra historia, que por algo es destacado en sus estudios, imaginó hace un tiempo que no es necesario decir o hacer algo para llamar la atención, sólo se requiere ser “un poco distinto” al resto; con eso en mente, hace un par de días se acercó a la tienda otaku del boxworld y pidió varias cajas de anillos de Akatsuki, con la única intención de ponerse uno distinto cada día y así diferenciarse de los demás.
Ya no es el caballero genérico golpeado por Seiya, ahora es el tío con el anillo raro al que le hacen el “Meteoro Pegaso”; deja de ser genérico en el estadio, para volverse el hombre con los anillos al costado de los protagonistas y ya no lo ignoran en los cajeros, porque es el 1ero a quien los asaltantes roban al entrar al lugar.
Todo es perfecto para alfredo ahora, la gente lo está empezando a notar; pero ningún plan es perfecto y esto es algo que Hito-San aprenderá mañana y digo mañana porque ya se están empezando a hacer los arreglos para transformar todo el mundo en un set de Naruto, según tengo entendido, para una saga de relleno en la que todos usan anillos de akatsuki.
Y bueno ¿Qué se puede hacer? Mala suerte para Hito, quizas le ligue a la otra.



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HITO-SAN!

Nombre: Hito-san
Objetivo: Ser notado
Obstáculo interno: Su aspecto genérico le impide q los demás le tomen atención
Naturaleza: Hay que seguir
Conducta: Siempre alegre, con ganas de avanzar
Tiende a tomar a los personajes principales como modelo de conducta, aspira a ser como ellos aún cuando parece que nunca será más q un personaje sin rostro. Se le ve en casi todas las tomas en las que hay público en el Box world.