lunes, 18 de julio de 2011

No se puede vivir del Shoujo (11era parte)

Es de nuevo el 30 de noviembre a las 11 de la mañana. Friki está tratando de escuchar a Hito y la impresionante cantidad de información que consiguió. Se siente mareado, temeroso, la faja hace que le falte el aire y le causa una sensación de opresión. Más de cincuenta días tratando de salvar una relación y aparece este fantasma de su pasado para arruinarlo todo con una pregunta.

Quizás Friki nunca lo entienda, pero lo que su ex hizo fue sólo enfrentar a sus amigos a la verdad, a la certeza muda de la mentira y a la evidente inviabilidad de su relación.

- Un momento – Dice Friki, sonando completamente desorientado – No entiendo nada
- ESE es el detalle, es que no estás pensando como ella – Responde, emocionado, el extra, sin darse cuenta del estado de su amigo
- No comprendo… - El ex clon quiere decirle a su amigo que no entiende cómo es que Shoujo pudo arruinar todo, que no es lógico, que si dos personas deben estar juntas, obviamente estarán juntas porque el mundo funciona así, pero la voz se le apaga y sólo mira a Hito, sin saber qué hacer
- Y no comprenderás, mientras sigas usando la lógica – A pesar de decirlo en un contexto distinto, pareciera que el extra acaba de leerle la mente a su amigo – Porque tu ex sólo piensa con la emoción
- No tiene sentido – Murmura, el otaku, pensando para sí que lo que “Maguian” estaba haciendo era una completa maldad
- Tiene todo el sentido del mundo – Hito responde al susurro de su interlocutor – En especial cuando te das cuenta que todo lo que ella ha hecho, ha sido con “intención de ayudar”
- ¡Qué clase de ayuda es esa! – Se sobresalta Friki, al darse cuenta de que Hito habla bien de su ex
- Una muy mala, en realidad – El detectivesco extra esboza una sonrisa tranquilizadora – Verás, los chicos averiguaron que shoujo apenas tuvo que ver de manera indirecta con lo del comandante Alec (los archivos son algo oscuros en ese sentido, pero se sabe que es casi inocente de los resultados), mientras que del resto de casos, se sabe que todas las mujeres terminaron encontrando a su verdadero amor
- ¿Y que hay de los hombres? – La pregunta de Friki resulta obvia, pero aún así, incomoda al extra
- La mayoría de ellos no pudo superarlo, al menos eso demuestran los perfiles psicológicos y policiales que consultamos
- O sea, arruinó la vida de más de 70 hombres, sólo para forzarme a amarla ¡Esa mujer está loca!
- ¿Aún la quieres?
- ¡Tío, eso es ilógico! Es mi ex, se supone que debo odiarla
- Entonces nuestras sospechas eran ciertas, aún sigues aferrado a ella
- ¿De qué demonios hablas?
- Cuando empecé a meterme en la lógica de Shoujo, Meryl, Ayumu y Lumine me dieron el punto de vista femenino; verás, para ella sólo existen los sentimientos y su ausencia; tu ex no quiere obligarte a que la ames, porque evidentemente sigues sintiendo algo por ella y lo sabe; según las chicas, Shoujo está tratando de llamar tu atención para que reacciones, para que veas lo que te quiere decir
- ¡Y cómo diablos voy a saberlo si no me lo dice!
- Es curioso, según los demás, es más que evidente; aunque claro, mi fuerte no es la lógica femenina; verás, lo que ella quiere es que la superes, que des un paso adelante y vivas tu vida; que cambies…
- Que cambie…
- … Es por eso que te ha estado buscando entre cada cinco a siete meses, que es el periodo que usualmente toma superar un rompimiento, para ver si habías logrado cambiar…
- Quiere que cambie…
- Y si sigues aferrándote al pasado, ella seguirá forzando los hilos, cada vez más y en mayor escala; ella está determinada a hacerte cambiar y cuando una mujer se decide por algo, sólo el gran dios friki sabe dónde se detendrá

Friki se para en seco y sale apurado, sin despedirse del extra; en su rostro se ve el pánico de un hombre que se enfrenta a su peor temor. El ex clon se siente invadido, como si alguien metiese las manos en ese cuadradito que es su mundo y lo forzase a salir; algo que él JAMAS querrá. Desesperado, se aleja del sitio, con dirección desconocida, a la vez que, luego de dos meses de inactividad, vuelve a prender su celular (ignorando todas las peticiones de amarres que le dejaron en su bandeja de mensajes) y llama a Guzana y Chokobo para decirles “ENTREN AL MSN AHORA”.

Friki se mete en una cabina cualquiera y de inmediato pone a sus dos amigos en conferencia.

Friki-san vs. Las marmotas o “¡Nos destruirán a todos!” dice:
No voy a preguntarles por lo que pasó, quiero saber lo que pasará ¿Qué van a hacer?

*==~~* Las rosas también lastiman *~~==* Guzana dice:
No lo sé, así

“Usted es la culpable…” Chokobo dice:
Y cómo diablos crees que estoy yo…

*==~~* Las rosas también lastiman *~~==* Guzana dice:
 No sé, broer, ahora no quiero saber de tí

“Usted es la culpable…” Chokobo dice:
Ni yo… Cómo pretendes que me importe…

Friki-san vs. Las marmotas o “¡Nos destruirán a todos!” dice:
¡BASTA! ¡Demonios! ¡Dejen de pelear! ¿No lo ven? Si siguen así, ella va a ganar (Por un instante, Friki está a punto de poner “Ella va a obligarme a cambiar”, pero lo piensa mejor) Ella los hará romper

*==~~* Las rosas también lastiman *~~==* Guzana dice:
Ni idea

“Usted es la culpable…” Chokobo dice:
¿Tenemos que seguir aquí…? Quiero irme, no quiero ver a nadie

Friki-san vs. Las marmotas o “¡Nos destruirán a todos!” dice:
¿De qué están hablando?¡Ustedes no pueden irse! Tienen que arreglar esto ahora ¿No se dan cuenta? ¡Su amor es demasiado puro! Es perfecto, tanto que no necesitan glándula Shoujo para quererse; eso lo descubrió Okami hace dos meses, pero no quería decirles nada hasta que pase todo lo de mi ex… Pero qué diablos, ustedes tienen que saberlo, si o sí

Ninguno de los dos dice algo más; Friki sabe que se fue de boca y comienza a sufrir un ataque de pánico; manda mensajes, los llama, pero nadie contesta; de pronto, Chokobo se desconecta y es Guzana quien escribe, dejando un mensaje funesto antes de irse también: “Chokobo y yo decidimos darnos un tiempo”.

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Shoujo is a Battlefield

lunes, 11 de julio de 2011

No se puede vivir del Shoujo (10ma parte)

Chokobo decidió dejar sus temores de lado y miró a su novia, la que, para alivio del normalworldiano, le devolvió una mirada de arcano verdor; al tiempo que un grupo de victorianos, ataviados con blanquiazules polos, rodeaban al macho latino, que los miró pensando cual sería su próxima acción. Uno de ellos, agitando su chaira con cadena, atacó al avatar del Shounen, forzándole a detener el golpe con su antebrazo, que quedó enredado en el arma. Los demás aprovecharon la situación y, chaveta en mano, corrieron a apuñalar al combatiente. Chokobo giró la muñeca y sujeto la cadena con su mano, luego juntó fuerzas y jaló al enemigo que tenía al otro extremo del arma, haciéndole estrellar contra sus compañeros. Luego quiso cargar un machongan con sus manos, para abrirse camino a través del techo, pero un par de miembros del comando sur saltaron desde detrás de sus amigos caídos para asestarle un golpe a Chokobo, machetes en mano.

Los machongan de Chokobo no cargaban tan rápido como él deseaba y sólo atinaba a disparar aguadas versiones de ese poder. Se preguntó por qué su enamorada aún no había conjurado algún hechizo masivo, a sabiendas que la magia Shoujo sería más intensa por estar en París; sólo sabía que, al otro extremo de la habitación, Guzana estaba lanzando varios hechizos rápidos y que luchaba contra sus rivales con gran efectividad… No, efectivo sería que se hubiese dejado de piruetitas y conjurase un teleport masivo que se lleve de regreso a Perú-3 toda esa barra brava o que los sacase, a ambos, de ahí; al menos eso pensaba Chokobo. Mientras golpeaba a sus rivales, se cuestionó el por qué tenía que seguir en ese sitio; si Guzana tanto se estaba divirtiendo, ¿por qué no dejarla ahí, con sus “nuevos amigos”? Sería tan simple regresar a Lima-3 sólo, volver a hablar con su chica virtual (hace dos meses que no sabía nada de ella, porque desde que llegó a Paris se juró tratar de salvar su noviazgo) y tontear con ella hasta que algo pase… Pero no, se repitió a si mismo que Guzana era su destino, la glándula shoujo no se equivocaba, pensar otra cosa sería errar. Ella era demasiado buena, demasiado sincera, nunca le mentiría, nunca le ocultaría cosas y por eso él jamás le diría las dudas que tenía, a pesar de que eso lo estaba matando lentamente; sabía que ese era el precio por tener a la chica perfecta al lado y que ese era su castigo por serle infiel.

Ciertamente (y dejando las dudas y los burdos intentos de autoconvencerse de lado), ninguno de los dos sabía si estaban mejor juntos, pero les daba pánico el dejarse ir. Romper era admitir la derrota, decir que se ha fracasado, a pesar de que TODO señalaba que debían triunfar; la idea de no estar juntos y la incerteza de lo que vendría era por si sola un motivo extremadamente fuerte para seguir en lo mismo y ambos sabían que podían aguantar un poco más, si es que JAMAS volvían a admitirse que ya no confiaban el uno en el otro.

Y eso fue lo que esa noche hicieron ambos, luego de golpear a todos los barristas presentes y lanzarles un par de letales y poderosos rayos (uno de magia shoujo, rematado por un respetable machongan); se abrazaron, se dieron un beso y se prometieron no volver a pelear. Se juraron amor eterno y por un segundo sintieron que su decisión era la correcta, que no valía la pena seguir dándole vueltas al asunto y que si no tenían la certeza de la mentira, no había por qué seguir dudando y malogrando la relación, Nada se había resuelto, pero qué importaba, total, ambos seguirían juntos y eso era “genial”.

Esa misma noche, luego de patear a Friki por mandarlos a una muerte segura y decirle que ya todo se había resuelto, los tres regresaron a Lima.

Ya en el avión y cansado como estaba, el otaku se quedó mirando a la parejita, que estaba dormida, abrazada. Se sintió bien, sabiendo que ya todo había pasado y que el resto de sus amigos ya no tenía de que preocuparse… Excepto que durante todo este tiempo no les había avisado nada y nadie tenía idea de dónde estaban. Friki se dio cuenta de esto y, apurado, decidió entrar a su cuenta de Facebook, con el servicio de la aerolínea, para enviar un mensaje a todos. Evitó leer los cerca de doscientos mensajes que le habían enviado, sabiendo que la mayoría diría “¡dónde demonios estás!” y simplemente escribió en su muro: “Estamos bien, Hay ChokoxGuza para rato, llegaremos hoy a las 10 a.m ¡Qapla’!”.

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lunes, 4 de julio de 2011

No se puede vivir del Shoujo (9na parte)

El cómo Friki-san pudo confundir “Baile victoriano” con “Pogo de inmigrantes Victorianos” es algo que Guzana y Chokobo jamás podrán descifrar. El caso es que ahí estaban ellos, con máscaras de porcelana y vestidos con elegantísima ropa una ropa (él de un traje crema que estilizaba su cuerpo y ella con un vestido rojo que resaltaba su femeinidad), en medio de los rezagos de la barra aliancista más salvaje que haya pisado Europa. Y digo “rezagos” porque estos son los que quedaron luego del famoso y épico enfrentamiento entre el Comando Sur de La Victoria-3 y la barra brava del Colegio Franco Canadiense, que se pusieron de acuerdo para encontrarse en París (por motivos que escapan a nuestra lógica); es así que, sin fondos para regresar a su terruño, los peruanos sobrevivientes al empate técnico entre ambos grupos (técnicamente se aniquilaron el uno al otro), terminaron atrapados en Francia, y decidieron semanalmente a expresar su añoranza por la patria y su frustración por no volver, golpeándose hasta la inconsciencia en descontroladas polladas pogo.

Obviamente, la parejita en apuros no tenía ni la más mínima idea de esto y sólo sabían que una horda blanquiazul los iba a destrozar.

- ¿Cuánto te demoras en hacer tu hechizo? – Susurró Chokobo, transformándose en el Macho Latino
- No te preocupes por mí, broer – Respondió Guzana – Tu encárgate de los cien de la derecha, yo iré por los de la izquierda, así
- ¡Qué genial! Eso fue tan “Rey escor…” – El normalworldiano volteó para ver a su chica, pero ella ya no estaba ahí, se había teleportado a varios metros de él – “… pión…”

El Macho Latino se giró nuevamente y se puso en posición de pelea, dejándose de distracciones; al menos eso se dijo, aunque, verdades sean dichas, Chokobo de pronto sintió que si se quedaba mucho tiempo mirando a su novia, volvería a ver el brillo morado en sus ojos y comprobaría que ella no era perfecta, que le mentía y que estaba haciendo algo mal…

Y eso le daba más miedo que toda la horda de barristas ahí presente.

Chokobo aprovechó los pocos segundos de ventaja que tenía, mientras el casi centenar de miembros del comando sur le se acercaba, para cargar su Fri-Ki y hacerlo explotar de manera zonal, empujando lejos a todos sus enemigos, en un radio de treinta pies a la redonda. Luego tomó impulso para salir volando y reventar el techo, con la idea de disparar machongans desde arriba, donde ningún adversario lo podría alcanzar; pero apenas empezó a volar, cerca de cincuenta barristas se le arremolinaron, jalándolo hacia el piso, en medio de dolorosos cogoteos.

Al Macho Latino le resultó más difícil de lo usual el zafarse de sus oponentes, quizás por la gran calidad y cantidad de estos (subraza de los “bersekers”, al igual que los metaleros) o porque en París, la casa de Shoujo, el poder del Shounen puro queda más que afectado. El caso es que Chokobo se dio cuenta que su plan inicial se fue por la basura y que tendría que combatirlos desde tierra, al menos hasta que él y Guzana pudiesen escapar.

Pequeño detalle técnico. Guzana no quería salir del sitio; de hecho, se estaba divirtiendo como nunca.
El corazón le daba tumbos a la radar de emociones; se sentía agitada, nerviosa, temerosa de morir y eso le encantaba. Estaba sola, desprotegida, incapaz de usar esa lentísima magia que había aprendido de Marianne y aún así se sentía más viva de lo que jamás imaginó. Sus emociones saltaban al ritmo de sus latidos y estos estaban sincronizados con las teletransportaciones que hacía para esquivar al rival. Estos saltos en el tiempo nada tenían que ver con la hechicería shoujo, sino con el místico poder del Emo, que le permitía también lanzar brillantes rayos negro-morados y convocar tentáculos de materia oscura en un espectáculo que despertaría la admiración de Lumine Paradise Lost.

Guzana se teleportaba a distancia elevada, dejándose caer con impulso sobre alguna pobre víctima, que recibía el impacto de sus rayos o la presión de sus tentáculos. Divertida como estaba, decidió crear dos bastones negruzcos (hechos de la misma materia oscura de los apéndices que convocaba), uno para cada mano y empezó a atacar con ellos a la multitud contra la que peleaba.

Cerca de diez barristas rodearon a la radar de emociones, con armas punzo-cortantes de variopinto tamaño y ella los invitó a dar el primer golpe. Uno de ellos llegó primero y la peleadora bloqueó un machetazo, poniendo los dos bastones en posición de cruz; estos explotaron de inmediato, empujando al enemigo varios metros hacia atrás (junto con otros rivales que también querían arremeter). Luego estiró los brazos, para golpear a los enemigos que venían de los costados y finalmente miró a los victorianos que iban a atacar su retaguardia se teleportó detrás de ellos, para impactarlos con los dos báculos a la vez. Por un instante sintió ganas de imitar a algún personaje de videojuegos y hacer una pirueta para celebrar su victoria; pero sus enemigos no le dieron tiempo para eso y acometieron nuevamente, nunca dispuestos a dejarse ganar.

Su cuerpo comenzó a vibrar y Guzana se dio cuenta que lo que sentía era tan intenso como la melancolía, que las emociones que tenía en ese momento eran tan fuertes como las depresiones que se provocaba y supo que esa “adicción” que tenía no era realmente a la tristeza, sino a cualquier sentimiento nuevo y extremo, a la adrenalina, a experimentar cada vez más.

Se supo volando en este cielo de emociones nuevas, mientras disparaba rayos púrpura a sus adversarios y se preguntó si realmente debía quedarse con Chokobo, que le daba interminables dosis de tristeza con sus mentiras y su miedo a enfrentar la realidad ¿Valía la pena seguir con eso, cuando ya sabía que no sólo la tristeza podía hacerla volar? ¿Valdría la pena dejarlo y ver que pasa? ¿Qué clase de futuro le podría esperar?

El miedo a no saber se apoderó de ella y fue una sensación que le desagradó. Titubeó por un segundo y eso fue suficiente para que algunos barristas le arrojen un par de machetes, que ella apenas pudo esquivar con su teletransportación. Luego de eso, decidió dejarse de juegos y empezó a conjurar.

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